Chapter 3

Llegamos al antro El bajo mundo y para pasar desapercibidos debemos separamos para que no me vean junto a Bellini, ya que esto podría desatar ciertas sospechas sobre quién soy yo y por el momento es mejor que no se sepa mi verdadera identidad.

Bellini se dirige a la oficina del abuelo donde al parecer ya se ha instalado “el nuevo dueño” de todos los negocios de mi abuelo. De acuerdo con lo que hemos planeado, cuando sus hombres me den señal debo dirigirme hasta allí.

Según lo que me ha dicho Flavio en todo este tiempo, hay varios capos de mediana categoría reunidos en una de las salas VIP recibiendo órdenes del supuesto dueño. Me dedico a observar todo a mi alrededor y me doy cuenta de que nuestros hombres superan en número al de todos los traidores, por lo que sonrío satisfecho ante los precisos arreglos de Bellini, ahora entiendo porque ha sido la mano derecha de mi abuelo por tanto tiempo.

En cuanto Flavio aprieta mi hombro comprendo que es la señal que estábamos esperando. Me dirijo hacia la oficina de mi abuelo donde ya tenemos todo despejado gracias a la competencia de nuestros hombres. Me siento en la silla que por tantos años ha ocupado mi abuelo en espera de que todos sigan al nuevo jefe a su guarida, me encuentro de espaldas cuando escuchamos la puerta abrirse. Me giro y todos los hombres que esperan para entrar se quedan sorprendidos por mi presencia.

—¿Qué diantres haces aquí niño? —me pregunta él que al parecer es el nuevo jefe. Le dedico una sonrisa maliciosa antes de responderle.

—Mi nombre es Alexandre Carluccio El hijo de la reina de la mafia, —veo como al principio, todos tienen una expresión de desconcierto hasta que logran encajar todas las piezas del rompecabezas en su minúsculo cerebro y cuando caen en cuenta de quien soy realmente, es demasiado tarde, ya que he levantado mi arma y le disparo en la pierna al imbécil que intentaba usurpar el lugar de mi abuelo—. Ahora que me he presentado como se debe, ¿quién eres tú? —El tipo se encuentra tumbado en el piso llorando de dolor—. ¡Responde que no tengo tu tiempo! Digamos que no soy tan paciente, es una cualidad que heredé de mi madre. —Me mira con sus ojos llorosos antes de responder.

—Soy… soy Giulio Farina y soy el nuevo Il grande capo. —Niego con la cabeza y me acerco lentamente a todos esos bastardos que ahora están rodeados por mis hombres y por como los veo, tiemblan como una hoja de papel, siendo conscientes desde este momento el futuro que les depara al salir de aquí.

—Creo que ese disparo te ha dejado idiota, ahora yo me haré cargo de todos los negocios de mi abuelo y para que les quede claro a todos ustedes que con Alexandre Carluccio nadie juega, les permitiré vivir si son capaces de saciar mi curiosidad —dicho esto se miran entre ellos con el terror reflejado en sus ancianos rostros—. ¿Quién fue el hijo de puta que planeó asesinar a mi abuelo?

—Nosotros no sabemos nada —responde uno de ellos, el cual siento que en cualquier momento se desmayará debido al miedo.

—Respuesta incorrecta —acto seguido levanto mi arma y le doy un tiro en el hombro, arrancándole un gran chillido de dolor—. Vuelvo a preguntar lo mismo, ¿quién fue el responsable de lo que le sucedió a mi abuelo? —suelto en un susurro bajo, pero bastante peligroso para quien sepa reconocer cuando estoy furioso.

—Solo sabemos que el ruso seguía ordenes de… —antes de que pueda continuar con su relato, Giulio saca una navaja de su calcetín y se lo entierra en la garganta. La sangre comienza a emanar a chorros y veo como el hombre comienza a perder la vida frente a mis ojos, sin siquiera haber saciado mi curiosidad.

—¡Eres un grandísimo soplón! —escupe Giulio aun presa del dolor. Mis hombres lo toman por los brazos y le quitan la navaja con la cual acaba de asesinar al hombre a mis pies. Levanto mi puño y se lo estrello en la cara para descargar parte de mi frustración.

—¿Alguien más va a hablar? —pregunto a los otros tres hombres que se encuentran frente a mí, los cuales niegan de inmediato presas del miedo a sufrir el mismo destino que su compañero—. Bellini que alguien los lleve a las bodegas especiales del abuelo, mañana me encargaré de ellos.

Bellini les hace señas a nuestros hombres, quienes sacan a rastras a los infelices que casi se orinan en la oficina, antes de salir hacia un rumbo desconocido al menos para ellos. Me dirijo a la silla que abandoné hace unos minutos y observo al hombre que se encuentra custodiado por mis hombres, el cual parece bastante tranquilo ahora que sabe que los otros traidores no hablaran.

—Creo que tú y yo nos divertiremos toda la noche —le comento a Giulio mientras lo observo con mi barbilla apoyada en mis manos.

—Lamento decepcionarte niñito. Creo que después de lo que estoy por contarte terminaras orinándote y llorando. —Me mira con suficiencia como si supiese un gran secreto del cual no soy participe.

—En ese caso sorpréndeme. Una escoria como tú, ¿qué puede decirme para hacer llorar a este niñito como tú me llamas?

—Hace un rato te presentaste como El hijo de la reina de la mafia y según tú heredaste algunas cosas de tu madre, pero dime, ¿sabes que en realidad Lilibeth Carluccio no es tu madre biológica? —Sonríe en cuanto suelta esta bomba según él.

—Para tu información eso ya lo sabía. ¿Creíste que mis padres nunca me lo contarían? —Suelto una carcajada cargada de ironía—. Justo lo hicieron para prevenir que alguien tan malnacido como tú quisiera sacar provecho de ese tipo de información.

—No esperaba que tuvieses conocimiento de esa información, pero creo que lo siguiente que te diré destrozará el gran altar en el cual debes de tener a tus padres. ¿Sabías que tu santo padre, el gran Massimo Carluccio secuestró a la que ahora se hace llamar tu madre para que cuidase de ti? —lo miro atónito por unos segundos antes de cambiar la expresión de mi rostro.

»Lo sabía eso es algo que no te han dicho. Yo te contaré toda la verdad, resulta que tu queridísimo padre secuestró a tu madre cuando te salvó de ese atentado, dado que quedaste sin madre. Ahora sabes que por tu culpa tu madre fue una víctima de tu padre y que gracias a eso es que están juntos, a decir verdad, no creo que se amen de verdad. Creo que tu madre desarrolló el síndrome de Estocolmo o simplemente se ha visto obligada a permanecer junto a tu padre contra su voluntad. —Sonríe triunfal mientras yo siento que toda mi vida es una gran mentira, la cual comienza a derrumbarse.

Chapter 4

Diez años atrás

Hace unos cuantos meses que cumplí quince años y en todo este tiempo he sido testigo de la gran adoración que mi padre siente por mi madre. Es tanto el amor que se tienen que se puede ver en cada mirada, cada beso, cada palabra y en sus acciones día con día.

Acabo de regresar de la escuela, cuando mis padres me mandan llamar, ambos están esperándome en el estudio. En cuanto entro me doy cuenta de que el ambiente se siente un tanto tenso.

—Alex, siéntate, por favor. —Me pide mi madre con una tierna sonrisa, la cual no llega hasta sus ojos los cuales están un poco rojos. Veo como se retuerce las manos en un intento por tranquilizarse y por un momento temo lo peor, que me digan que han decidido separarse, lo cual no tendría lógica debido al amor que aún se aprecia en ambos.

—¿Sucede algo malo? —pregunto con un ligero temblor en mi voz.

—No cariño, pero hay algo importante que debes de saber. —Se sienta a mi lado y toma mis manos entre las suyas.

—Como bien sabes, hace años que nos mudamos de Italia para vivir aquí porque tu madre así lo quiso, y lo que te vamos a decir no es algo fácil de digerir —responde mi padre quien toma un poco de aire y mira a mi madre quien le asiente con la cabeza y prosigue con su relato—. Yo conocí a tu madre cuando tú tenías seis meses de edad. Tu verdadera madre se llamaba Katherina Carluccio, ella fue mi primera esposa.

Mi cerebro tarda en procesar todo lo que me acaba de confesar mi padre. Busco con la mirada a mi madre para cerciorarme de que lo que acabo de escuchar es verdad y cuando la miro a la cara, veo sus ojos llenos de lágrimas e inmediatamente suelto sus manos.

—¿Cómo que ella no es mi verdadera madre?

—Mi amor yo te… —la interrumpo antes de que continúe. Siento tanto rencor hacia mis padres en este momento que no deseo escuchar nada que tengan que decirme. Odio saber que esta mujer no es mi verdadera madre y también es injusto que solo Rachel y Brianna sean sus únicas hijas.

—¿Hasta cuándo planeaban mantener este secreto? —grito enfadado.

Me duele en el alma saber que esta mujer frente a mí no es mi madre biológica, tanto así que no me siento con el derecho de volver a llamarla madre. Ambos se miran y entiendo perfectamente lo que eso significa.

—No quiero escucharlos. Los odio a los dos por engañarme durante todo este tiempo, seguramente alguien los está obligando a hablar, ¿cierto? ¿O es que mi verdadera madre me está buscando y por eso se decidieron a contarme todo?

—Por favor, mi amor, deja que te expliquemos todo. Una vez que lo escuches nos entenderás.

—No quiero escuchar lo que tenga que decirme, señora —replico con todo el odio del que soy capaz.

—¡No le hables así a tu madre Alexandre! —Levanta la voz mi padre, al cual miro con profundo rencor. Salgo del estudio escuchando detrás de mí como la madre de mis hermanas llora con tal desesperación que le desgarraría a uno el alma.

Salgo de la casa y corro hasta la casa del tío Palmieri. Toco a la puerta y en cuestión de segundos sale la tía Mia usando un delantal.

—¿Está todo bien, cariño? —inquiere en cuanto se percata de mi semblante. Solo niego y me refugio en sus brazos hasta que me siento completamente seguro de que no lloraré, después me separo de ella.

—Ya sé que Lilibeth no es mi madre.

Ella lanza un pequeño suspiro y después entramos a su casa. No me pregunta nada y comienzo a ayudarla a poner la mesa hasta que llegan mis primos y comemos en completo silencio. Después de algunas horas llega el tío Palmieri quien no se sorprende de verme en su casa, por lo que supongo mi tía le informó que me encontraba aquí y el motivo de mi visita.

—¿Puedo quedarme aquí unos días? —cuestiono en cuanto mis primos suben a terminar sus deberes. Mi tío me mira un tanto sorprendido, pero logra mudar la expresión de su rostro antes de responder.

—Claro, el tiempo que gustes.

Luego subo a la habitación de visitas y me tumbo en la cama pensando en todo lo que sucedió esta tarde. Sin poder evitarlo las lágrimas acuden a mis ojos, es injusto lo que me está sucediendo, todo lo que creí tener solo era un espejismo. Ni siquiera sé quién es mi verdadera madre, puede que tal vez me esté buscando. ¿Sería mi padre capaz de arrebatarme de mi verdadera madre para entregarme a otra mujer que no es nada mío? Me duele tanto la cabeza que sin darme cuenta me quedo profundamente dormido.

Al siguiente día, me despierto y miro mi celular. Tengo demasiadas llamadas perdidas tanto de mi padre, como de Rachel y Lilibeth, justo cuando estoy por dejarlo en la mesita de noche entra una llamada de Rachel.

—¿Por qué no contestabas Alexandre? ¿Dónde estás? Mamá la ha pasado llorando desde ayer por la tarde, por favor ven a …

—No me interesa lo que suceda con tu madre Rachel. —Después corto la llamada y apago mi celular.

Así pasan dos días hasta que al tercer día por la tarde cuando llega el tío Palmieri, me encuentro por bajar las escaleras cuando lo escucho hablar con la tía Mia.

—Lilibeth no ha querido salir de casa. Massimo me contó que sigue llorando en su habitación desde que ese mocoso la rechazo —responde enojado a la pregunta que no alcancé a escuchar por parte de la tía Mia.

—Palmieri no seas así. Alexandre es solo un niño y debes de comprender que es difícil para él entender que todo lo que creía cierto no lo es. ¿Cómo te sentirías al saber que la mujer que te crio desde bebé no es tu madre?

—Lilibeth arriesgó su vida por salvarlo, pero él ni siquiera les dio oportunidad de que le contarán toda la historia, solo sabe una verdad a medias. ¡Trae tu trasero de inmediato aquí, Alexandre! Sé que estas escuchando a hurtadillas. —Me sobresalto en cuanto me pide bajar, por lo que al verme descubierto bajo arrastrando los pies.

—¿Qué sucede? —pregunto desafiante y por la expresión de mi tío sé que muere de ganas por darme un buen coscorrón por ser tan testarudo.

—Que en este preciso instante mueves ese trasero tuyo y vas y le pides una disculpa a tu madre —estoy por responderle que esa mujer no es mi madre cuando levanta la mano haciendo un gesto para que guarde silencio—: Claro que es tu madre, aunque no te dio la vida es tu madre. Dime, ¿quién ha estado cuidando de ti cada vez que enfermas? ¿Quién acude a todos tus festivales? ¿Quién da la cara cuando cometes alguna falta? ¿Quién te ha brindado todo su amor sin hacer alguna diferencia entre tus hermanas y tú?

—¡Palmieri! —lo reprende mi tía.

—Nada de Palmieri. Es un malagradecido. Tú qué sabes todo lo que tu madre ha sufrido, si hubieses tenido la paciencia de escucharlos comprenderías porque guardaron silencio por tanto tiempo. Ahora largo de aquí, no quiero verte hasta que hables con tu madre, quien está sufriendo profundamente por tu rechazo.

—¡Palmieri! No le hagas caso Alexandre.

—No tía, mi tío tiene razón ma… mamá nunca me ha tratado diferente de como trata a mis hermanas —respondo avergonzado por mi actitud, ya que hasta ahora que mi tío me dijo todo esto me doy cuenta de que es verdad. Mi madre siempre nos ha brindado el mismo amor, atención y cariño a mis hermanas y a mí. Para ella yo soy tan hijo suyo como mis hermanas, lo cual es fácil de adivinar, ya que sus ojos siempre han mostrado el mismo amor por mis hermanas y por mí.

Chapter 5

Me apresuro a llegar a mi casa y toco el timbre. En cuanto la puerta se abre, veo a la abuela Marion quien me mira con el entrecejo fruncido. Es evidente que también está molesta conmigo por la actitud que tomé con mamá.

—¿Dónde está ma… mamá? —No entiendo porque ahora me cuesta tanto trabajo llamarla mamá cuando antes se me hacía de lo más normal.

—En su habitación llorando, no ha querido salir de allí desde que te fuiste. —Solo asiento y subo hasta su habitación. Toco la puerta y quién me abre es mi padre, quien a diferencia de la abuela me mira con evidente desilusión, lo cual me hace tragar saliva y sentirme avergonzado por mi actitud.

—Pasa Alexandre.

En cuanto mamá escucha mi nombre se da la vuelta y veo sus ojos inyectados en sangre de tanto llanto y tan hinchados que me parece increíble que pueda verme a través de sus párpados. Me acerco lentamente hasta ella con la cabeza baja.

—¡Mi bebé! No sabes cuánto te he extrañado. —Y sin más me toma entre sus brazos y comienza a besar mis mejillas.

—¡Basta mamá! Estoy bien no me ha pasado nada, yo me fui por mi voluntad. Perdóname por ser grosero contigo. Yo… yo te quiero mucho, aunque no seas mi madre —dicho esto comienzo a llorar.

—Mi amor, aunque yo no te tuve en mi vientre por nueve meses, tú eres mi hijo y siempre te amaré como tal. Para mí tus hermanas y tú son lo más importante que tengo en la vida.

—¡¿Y yo dónde quedo Lilibeth?! —le reprocha mi padre.

—Sabes que es diferente el amor que les tengo a mis hijos que el que siento por ti Massimo, no seas infantil. Cariño debes de saber que sí, en efecto, no teníamos planeado contarte la verdad sobre tu madre biológica hasta que tuvieses la suficiente edad para aceptarlo, pero es mejor que te enteres por nosotros a que alguien más venga y quiera hacerte daño aprovechándose de esa verdad.

Solo asiento y veo como busca un momento en el cajón de su mesita de noche. Cuando regresa trae con ella un pequeño cuadro con el retrato de una hermosa mujer de ojos verdes, me lo tiende y yo lo tomo entre mis manos, mientras con su otra mano sostiene una pequeña cajita de terciopelo negro, la cual también me entrega. La abro y encuentro una cadena de plata de la cual pende un anillo de oro junto a un medallón con forma de corazón adornado con pequeños diamantes, los cuales forman una "K".

—Ella era tu verdadera madre, Katherina Carluccio, mi primera esposa, pero perdió la vida en un atentado que sufrió cuando iba de regreso a su nuevo hogar después de que firmamos el divorcio. Ese día Lilibeth se cruzó en su camino y gracias a que tu madre te entregó con ella es que sigues con vida. Si no la hubiese encontrado yo las personas que estaban detrás de ustedes no se habrían tentado el corazón para asesinarlos.

—¿Y por qué querían asesinarnos?

—La mejor amiga de tu madre se obsesionó con tu padre, debido a esto armó todo un plan para poder quedarse con él, por lo que decidió asesinar a Katherina y a ti. —Terminan con su relato, mientras miro fijamente el cuadro de la mujer que me dio la vida. La acaricio con mis dedos sintiéndome extraño de saber que esta otra mujer es también mi madre, mi verdadera madre. Después me acerco hasta mamá y la abrazo muy fuerte, si bien Katherina me dio la vida, Lilibeth es la única madre que he conocido. Me devolvió la vida y por fin entiendo lo que tío Palmieri quiso decir con que mamá arriesgó su vida para salvarme.

—¡Te amo, mamá!

—Yo también te amo, mi bebé.

Tiempo actual

Le devuelvo la mirada al hombre que me ha abierto los ojos en cuanto a una de las tantas verdades que se me han ocultado durante años. Este me mira sin bajar la mirada sintiéndose victorioso al percatarse del dolor que me está infligiendo, sin embargo, no se lo demuestro, en cambio lo miro con una mezcla de fastidio y diversión.

—Bellini, que alguien lo lleve a las mazmorras de la mansión del abuelo. —Este asiente y antes de que se lo lleven, Bellini lo amenaza.

—Creo que los siguientes días nuestros hombres se divertirán bastante contigo. ¿Sabes…? Les encanta cuando se las ponen difícil, sacan su lado más sanguinario. —Sonríe maliciosamente mientras Giulio traga saliva, una vez que quedamos solos tomo rápidamente el teléfono que se encuentra en la oficina y marco el número de mi padre sin importarme la hora que sea en México. Después de algunos timbrazos escucho su voz.

—Hola. —Se escucha un tanto somnoliento.

—Se puede saber, ¿por qué fuiste tan desgraciado e infeliz como para secuestrar a mi madre para que cuidase de mí cuando era un bebé? ¿Todo este tiempo ha estado a tu lado mediante amenazas? —Grito fuera de mis cabales.

—¡Alexandre! —Responde después de algunos segundos en los que logra procesar todo lo que está sucediendo.

—¡Responde! ¿Tan poco hombre eres como para caer tan bajo en secuestrar a una mujer? Déjame decirte que eres de lo peor Massimo Carluccio y en este momento me avergüenzo de ser hijo tuyo. —Y sin darle tiempo a que se explique, le cuelgo el teléfono. Mi respiración se encuentra agitada, veo a Bellini y Flavio quienes me miran bastante sorprendidos por lo que acabo de hacer.

—Creo que deberías de escuchar a tus padres antes de juzgarlos.

—¿Qué podría decirme para hacerme cambiar de opinión? Todo este tiempo mi madre solo me ha amado porque se vio obligada por mi padre —rebato furioso.

—Es mejor que ha…

—No quiero hablar con ellos. Vamos ha sido una larga noche. —Y sin darle tiempo salgo de la oficina con Flavio detrás mío.

De camino a casa del abuelo me quedo pensando en todo lo que ese hombre dijo. Nunca creí que mi padre fuese capaz de hacer algo tan bajo como secuestrar a mi madre con tal de que ella me cuidase como hijo suyo. En cuanto llegamos a nuestro destino, subo rápidamente a mi habitación.

Decido tomar una ducha para relajarme y poder pensar con claridad, dentro de esta no puedo evitar golpear los azulejos una y otra vez hasta que mi puño comienza a sangrar. No puedo ni imaginar todo lo que mi madre ha tenido que sufrir por culpa del egoísmo de mi padre, ella solo ha sido una víctima más.

Antes de salir de la ducha limpio mi mano con el botiquín que encuentro en un pequeño mueble. Me visto y trato de conciliar el sueño, así permanezco alrededor de dos horas hasta que no puedo más y tomo mi celular donde empiezo a ver las fotos de mi familia. Encuentro una en específico donde mamá y papá están en su boda y se ven realmente felices, por lo que trato de convencerme a mí mismo que ellos en verdad se aman y que no están juntos solamente porque mi padre la ha obligado a permanecer a su lado durante todos estos años. Después de un rato el sueño me comienza a vencer y caigo rendido.

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