Loan-Zhao de 24 años aparentaba ser el hijo adinerado de un empresario oriental, que hacía 5 años había llegado a Chicago para hacerse cargo de las empresas que allí tenía su familia, lo que nadie sabía o sospechaba era que todo era una falsa, la máscara perfecta para mostrar al mundo y lavar el dinero que EL TIGRE BLANCO generaba, ¿Quiénes eran el tigre blanco? Una de las organizaciones mafiosa más poderosa de China, dirigida por Sug-Zhao, el patriarca de este clan mafioso tenía tres hijos, Wang-Zhao de 26 años, era el mayor, pura fuerza bruta, tenía hielo en las venas y carecía de empatía alguna, para este hombre solo importaba él y nadie más, por lo que el anciano no estaba convencido de dejarle su lugar para que dirigiera todo, el segundo hijo de la familia era Loan-Zhao, un joven que a simple vista era delgado, sin saber que bajo su vestimenta solo eran músculos los que se veían, de una inteligencia y calma única, todo lo que la organización necesitaba, pero había un problema, Loan no quería asumir el puesto, huyo hace 5 años a Chicago con la excusa de estudiar y cuando terminó sus estudios se quedó dirigiendo las empresas allí, claro que el mayor motivo para no regresar del hombre se debía a una mujer, Susan Layen, y por ultimo estaba el menor, hijo de la segunda esposa del señor Sug-Zhao, Park- Shik Zhao, el joven de apenas 21 años no podría jamás tomar el lugar de su padre, al ser hijo de una concubina que luego se convirtió en esposa cuando Suki-Zhao la primer esposa falleció, no, no sería bien visto que él tomara el lugar de sucesor, pero de igual forma ya tenía un lugar designado en el TIGRE BLANCO, él sería el más leal empleado del próximo sucesor, por lo que el menor había viajado hacia 3 años a Chicago, para suplicarle a Loan que asumiera ser la cabeza del clan, algo que el joven se negaba a hacer.
— Por favor, hermano, si Wang asume ¿Cuánto crees que tardare en estar muerto? No quiero morir aun, soy muy joven. — dijo con preocupación el menor, quien siempre vestía pantalones de mezclilla y chaqueta de cuero, con un corte de cabello rapado a los lados y un poco más largo en el centro, daba la sensación de pertenecer a algún grupo peligroso, pero solo bastaba con hablar con él y todos descubrían que era un joven muy simpático y tranquilo.
— Nuestro hermano no sería capaz de atentar contra tu vida y ahora deja de llorisquear, padre te dio permiso para quedarte conmigo, por lo que te pondrás a estudiar.
El pequeño intercambio de palabras fue hace 3 años, cuando Park llego buscando refugio, lo que Loan no sabía es que el menor tenía una misión, convencerlo de asumir como cabeza del tigre blanco, pero sin importar nada y aun sabiendo que Wang despreciaba al bastardo, como lo llamaba a su hermano menor, Loan se mantuvo firme, él no quería ser un mafioso, solo quería casarse con Susan Layen.
— ¿A dónde vas? — pregunto Park.
— Tengo una cita con Susan. — dijo sonriendo Loan.
— Esa mujer no te ama, solo ama el dinero, se le ve en los ojos que algo oculta.
— Adiós Park, hoy no pienso discutir contigo.
Loan salió evitando tener otra discusión con su hermano, pero Park tenía algo importante que decirle, por lo que lo seguido.
— Espera Loan. — dijo mientras caminaba a su lado.
— ¿Y ahora qué?
— Tengo noticias de padre. — respondió un poco inquieto, lo que provocó que su hermano detuviera su caminar.
— Habla.
— Wang está aquí, llego ayer y quiere tomar el control de la empresa… — Park vio el brillo furioso en los ojos marrones de Loan y guardo silencio.
— Si Wang quiere trabajar que lo haga, pero no aquí, la central es solo mía. — de todas las empresas, la central era la más legal de todas y Loan no permitiría que su hermano arruinara eso.
— Bien, se lo informare, pero hay otra cosa. — Loan lo miro en silencio, odiaba cuando Park les daba suspenso a las cosas. — Se casa en seis meses. — dijo el menor y Loan sonrió.
— Magnifico, no entiendo porque no te alegras, si él se casa primero asumirá su lugar y quizás al tener una mujer deje de ser tan idiota. — dijo tratando de darle ánimo a su hermano menor, ya que sabía que Park realmente le temía al mayor.
— También arreglo un matrimonio para ti, dentro de un año.
Y ese fue el momento donde a Loan el mundo se le caía a pedazos, por el honor de su familia, si un matrimonio se arreglaba entre ancianos, solo quedaban una maneras de anularlo y que se mantenga el honor intacto, y eso era, cancelando el matrimonio un año antes y casarse de inmediato con otra persona, por lo que Loan si quería anular su matrimonio debía casarse inmediatamente con Susan Layen, pero el gran problema era que si él hacía eso, si se casaba antes que su hermano mayor, automáticamente pasaría a ser el nuevo líder del tigre blanco, esa era la costumbre, el primero en casarse es quien tomaba posición de jefe de la organización, Loan estaba entre la espada y la pared. Su padre había conseguido acorralarlo, cortando toda vía de escape, ya que el anciano sabía que estaba enamorado de una americana.
— ¿Me estás diciendo que me caso en un año con alguien que ni siquiera conozco, y sigo con mi vida y reputación intachable, o me caso con el amor de mi vida lo más pronto posible y asumo como el líder del tigre blanco? — pregunto casi a grito, aunque sabía muy bien la respuesta.
— Lo lamento. — respondió con verdadero pesar su hermano, no podría estar contento, aun si salvaba su vida al no caer en las garras de Wang, Loan siempre lo había tratado como un hermano verdadero, además era considerado y respetuoso con su madre Sakura-Shik.
Loan solo giro en sus talones y continuo su camino sin decir nada más, pero ya había tomado una decisión, él haría todo por su novia Susan, el amor de su vida.
Lo que había comenzado con la organización y planeación de una cena romántica de aniversario de 3 años de novios, paso a convertirse en la cena más importante de su vida, le pediría matrimonio a su novia, fue hasta una de las joyerías más importantes de Chicago y pidió que le mostraran los anillos de compromiso más exclusivos que tenían, fue así que se decido por un modelo exclusivo de la línea Zabet, diseñado por la señora Candy Ángel, un diamante de 10 quilates en forma de marqués que fue colocado horizontalmente en lugar de verticalmente y estaba rodeado por 30 diamantes más pequeños. Debido a que el anillo estaba engastado horizontalmente, tenía un aspecto antiguo, 2,5 millones de euros, le pareció un precio más que justo, el dinero no era problema para él.
Llego al restaurant antes de lo pautado y hablo con la joven que lo atendería esa noche.
— Buenas noches, señor, estaré a cargo de su mesa esta noche. — la joven rubia de ojos tan hermosos como el jade, se presentó con una sonrisa, pero Loan vio tristeza y cansancio en ellos, puso tanta atención en esos ojos color Jade que no presto atención al nombre que llevaba en el uniforme.
— Buenas noches, hoy le propondré matrimonio a mi novia, quisiera que colocara esto en la copa del mejor Champan que tengan y que las traiga cuando se lo indique.
La joven que no era otra que Jade Renger asintió, y sus manos temblaron cuando vio semejante anillo, sabía que debía valer mucho, solo deseaba que la afortunada llegara pronto y así devolver tan preciado anillo.
Al fin luego de unas horas el corazón de Jade volvió a la normalidad, cuando el hombre asiático le hizo señas para que se acercara, tratando de no romper con el ambiente romántico que giraba en torno a ellos, dejo la copa que poseía el anillo dentro, y se dedicó, junto con sus compañeras, a soñar despierta, cada una de ellas matarían porque les pidieran matrimonio de esa manera.
— Susan Layen, hace tres años mi vida cambió radicalmente porque tú apareciste ante mí, eres todo lo que siempre soñé y brindo por ello. — dijo Loan viendo los ojos cafés de su pelirroja.
— Siempre tan romántico…— la mujer dejo de hablar al tiempo que levanto la copa y vio el costoso anillo dentro.
— ¿Qué dices amor? ¿Quieres ser mi esposa y…? — Loan aceptaría ser el líder de la mafia China, el aceptaría cualquier cosa por Susan.
— No. — la seriedad que reflejaba aquella mujer en su rostro no le dejaba margen a la duda, no estaba sorprendida, ni confundida.
— ¿Qué? — respondió con la sorpresa que aquello le generaba.
—Lo lamento Loan, hoy pensaba decirte la verdad. — dijo la pelirroja mientras dejaba la copa en la mesa.
— ¿Qué verdad? — respondió aun aturdido.
— Soy una oficial encubierto, fue por eso por lo que me acerqué a ti, mis jefes creían que tenías algo que ver con el tigre blanco, pero en estos tres años de investigación pude ver que no es así, eres una persona maravillosa, mereces que te quieran, y no debes preocúpate por el malentendido, ya todo quedo claro, fue un error que te investigaran… — Loan la escuchaba, pero no podía procesar todo aquello.
— ¿No me amas? — pregunto lo único que le importaba.
— Te tengo cariño Loan, pero yo ya tengo un prometido. — Loan jamás hubiera esperado esa respuesta, la conocía hace tres años, la iba a visitar a su departamento casi a diario, le hacia el amor.
— ¿Cómo puedes estar prometida si…? — el hombre quería creer que era una broma, deseaba que así fuera.
— El entiende que mi trabajo es lo más importante, lo lamento Loan, espero que encuentres alguien que te pueda amar, no me busques, de Susan Layen no quedara nada a partir de hoy, mañana parto a otra misión, adiós.
La pelirroja de la que él se había enamorado no existía, ni siquiera sabía su nombre real, esa mujer solo estaba a tras el tigre blanco y si no lo pudo relacionar era porque él no quería saber nada con la organización, solo por su amor asumiría aquella responsabilidad, ¿y para qué? Lo habían engañado, tres años amando a alguien que no existía y todo por el tigre blanco. Si incluso le parecía una broma el haber creído que podía vivir en un mundo color rosa.
un tiempo antes:
Era viernes, su último día de trabajo en la cafetería, solo tenía dos días para encontrar un lugar donde vivir los días de semana mientras permanecía en la universidad, el campus no era opción, los cuartos en el eran demasiado para lo que la joven había podido ahorrar en esos tres años de arduo trabajo, más con lo que su padre podía colaborarle, y tres horas de viaje eran demasiadas para ir y venir todos los días, además cada día soportaba menos a su madre, por lo que alquilar una habitación era el lujo mayor que se podía dar.
— ¿Sabes qué? realmente creo que Magnolia no es mi madre. — dijo con toda seguridad y sin rastro de pena a su novio Javier mientras caminaban por la acera.
— Jade sé que siempre buscas el lado positivo de todo, pero ella es tu madre, tienen el mismo color de ojos, cabello y fisco. — respondió Javier dando su punto de vista mientras la abrazaba.
— ¿Qué dices de mis labios? los de ella son finos, la forma de mi rostro tampoco se le parece ¡¿y la altura?! — dijo como tratando de aferrarse a algo más que la diferenciara de aquella mujer.
— Eres alta, pareces modelo, pero puede ser por tu padre, deja de imaginar imposibles, y acepta que Magnolia no tiene madera de madre.
Jade dejo de hacer conjeturas y siguió a su novio, debía ayudarlo a empacar ya que la acompañaría a buscar un pequeño dormitorio que quedara cerca de la universidad, pero apenas ingresaron en la casa de Javier se olvidaron de lo que tenían que hacer, el joven tomo sus labios con desesperación y lo que para Jade era amor, para el rubio solo era la necesidad de marcarla, se había propuesto tener sexo con ella, que le entregara su primera vez, marcarla como si fuera ganado, todo para que Jade volviera cada fin de semana a él, la necesitaba, pero no era solo por sentirse solo, Javier era un vividor de primera categoría, a esta altura Jade se ocupaba de mantener limpia su casa, lavar su ropa, cocinarle, todo, pero aún faltaba lo más importante, que lo mantuviera, si bien en un principio el joven no quería cruzar esa línea con su única amiga, ya que sabía que ella era demasiado buena para cualquier hombre, más para él, pero en la mente de Javier no tenía más opción, no quería perderla, si algún hombre se fijaba en ella en la universidad, algo que estaba seguro pasaría por la belleza que la rubia poseía, la perdería, solo era cuestión que alguien más la enamorara y si ella conseguía un novio en la universidad, estaba más que claro que ningún hombre dejaría que su pareja fuera casi una sirvienta de su amigo.
— Javier ¿qué haces? — pregunto preocupada cuando se dio cuenta que habían llegado a la cama del joven.
— ¿Acaso no me amas Jade? — pregunto con falsa tristeza, sabia como tirar los hilos que convertían a Jade en una marioneta.
—Sabes que te amo, pero hace solo un mes que comenzamos a salir... — respondió sintiéndose incomoda, no era que no deseara entregarse a su amigo, en la mente de Jade, la primera vez debía ser algo maravilloso y romántico, velas y chocolates, como en las películas románticas, ella era una soñadora, alguien que creía en el amor y los milagros que este hace en las personas, se aferraba a ello, a poder cambiar a Javier, que sea más responsable, que pudiera valerse por sí mismo.
— Amor, nos conocemos lo suficiente, desde que éramos niños, ya no soporto estar lejos de ti, te necesito tanto. — ese era el punto débil de Jade, cuando Javier le decía que la necesitaba, aun recordaba cómo había quedado solo siendo tan joven, y si ella sufría por el desprecio de su madre, más sufría Javier al estar solo.
El rubio siguió besándola sin darle tiempo a procesar lo que estaban haciendo, y a medida que la desvestía, Javier descubrió que su mejor amiga tenía un cuerpo de infarto, ya una vez la había visto en traje de baño, pero eso no era nada ahora que la observaba completamente desnuda, sus pechos blancos y grandes lucían dos botones rosados que a la vista eran una maravilla, su boca salivaba con la necesidad de prenderse de ellos, la pequeña cintura destacaba más gracias a su ancha cadera, y sus muslos estaban tan bien torneados que Javier deseaba apretarlos, sin pensarlo más y sin nada de cariño, tomo las piernas de la joven y las abrió, contemplándola de manera descarada, no tenía tiempo para pensar que podría estar sintiendo la rubia en ese momento, aunque si se hubiera molestado en ver su rostro, le hubiera sido fácil comprender que Jade estaba muriendo de vergüenza.
— Te amo Jade. — mintió con descaro, entrando en ella sin demora, pues era imposible contenerse ante semejante mujer, no le importo tener que ejercer más fuerza para hundirse en ella, mucho menos reparo en que su novia no estaba excitada, no había humedad alguna en su vagina y es que la vergüenza y la duda no le permitían a Jade sentir los besos desesperados que Javier repartía en ella para que dejara de estar tan rígida, mientras la rubia se quejaba por el ardor que su primera vez le estaba ocasionando, tratando de no soltar lagrima alguna, aquello no le estaba gustando en lo más mínimo, nada era como lo que ella había imaginado para una ocasión tan importante.
— Javier, yo te amo más. — sus ojos verde jade brillaron de tal manera que este hombre se sintió culpable de estar usándola, pero no tanto como para dejarla ir, ella era hermosa, dulce y la quería, además que sabía que siempre le seria fiel, no, no la dejaría ir, aunque no la amara.
Fue esa culpa que lo llevo a repartir besos más sueves y húmedos por todo el cuerpo blanquecino de la joven, provocando que ella se relajara casi al instante, Jade ahora estaba en una bruma de sentimientos hermosos, lo amaba desde los 15 años, siempre había soñado con ser su novia, ahora lo era y aún mejor, le estaba entregando su cuerpo, para que él la reclamara como mujer, Jade le pertenecía en cuerpo y alma, siempre seria solo de él.
La experiencia no duro mucho, Javier estaba demasiado excitado, como para tratar de durar un poco más, o así sea tocar los lugares necesarios para que la joven lograra su primer orgasmo.
Parea cuando Jade termino de tomar un baño, se dio cuenta que ya era demasiado tarde como para viajar a buscar departamento, por lo que dejo la maleta del joven lista para salir mañana a primera hora.
— Quédate esta noche. — dijo Javier, quien luego de probar su cuerpo había descubierto su nuevo mejor pasatiempo, mejor aún que ir al casino a apostar, Jade era adictiva.
— No puedo, debo avisarle a mi padre que no fuimos a ningún lado, aún debe estar esperando mi llamada, nos vemos mañana, no olvides colgar las sábanas cuando la lavadora termine. — le recordó con las mejillas rojas y es que mientras Javier se bañaba, ella se había encargado de cambiar las sábanas y limpiar todo el desorden que su primera vez había dejado.
— Está bien. Nos vemos mañana. — se despidió con un beso corto al tiempo que cerraba la puerta.
Jade permaneció de pie frente al umbral unos segundos, algo la hacía sentir mal, había entregado su virginidad al hombre que llevaba años amando, pero nada fue como imagino, nunca le pregunto si estaba bien, ni se mostró tierno, ni siquiera tuvo la consideración de dejarla bañarse primero, Javier se levantó apenas termino y fue a ducharse, dejándola sola para que limpiara todo, y ahora la dejaba sola para regresar a su casa, ni siquiera se ofreció a acompañarla solo unos metros, ya que vivían casi pegados.
“Deja de pensar idioteces Jade, él está acostumbrado a estar con chicas más experimentadas, ¿Qué esperabas? ¿Que se comportara como un niño?, Javier es un hombre y tú ahora eres una mujer deja de ser tan soñadora.” — se dijo a sí misma y camino los metros que separaban las casas.
A penas abrió la puerta de su pequeño hogar escucho a sus padres discutiendo, más fuerte de lo normal, algo no estaba bien y la joven se debatía entre interferir o solo seguir su camino.
— ¿Por qué no solo admites que es tu mujer? ¡Di que es ella a quien deseas en tu cama!
— ¡Dios Magnolia! realmente estás loca ¡ella es mi hija! ¡¿Cómo puedes decir tal cosa?! — grito Isaías con verdadero enfado y Jade por primera vez tenía ganas de gritarle a su madre.
— ¡No lo es y lo sabes! ¡Ella no es tu hija! — las palabras de Magnolia taladraban la mente de la joven quien estaba clavada en mitad de la sala, viendo directo a la cocina, donde sus padres se encaraban, uno más furioso que el otro.
— ¡Cállate! No te permito que repitas eso, yo la crie, yo la cuide, soy su padre por derecho.
— ¿Qué es lo que temes Isaías? ¿Que cuando ella lo sepa busque a su verdadero padre y te deje? O mejor aún, que cuando sepa quién es su verdadero padre, descubra que tu solo eres un ser insignificante. — el regocijo y la burla bañaba cada palabra de la mujer.
— No entiendo cómo puedes hablar así de tu hija, por Dios, es tu sangre Magnolia.
— Jade solo era una herramienta para asegurar mi fututo, pero ni para eso sirvió, maldigo el día que te hice caso, la debí abortar apenas dejo de serme útil. — Jade al fin comprendía que el desprecio de su madre tenía una razón, después de todo, ella nunca la quiso.
— Papi. — dijo casi sin aliento la joven mientras sus ojos derramaban lágrimas, llegando a la cocina que de pronto se había convertido en un campo de guerra.
— Hija. — se lamentó el hombre al saber que había escuchado todo.
— Que ridícula, por tu cara sé que estabas escuchando y aun así lo llamas Papi ¿o es su juego de roles? — la mano de Isaías se levantó, quería golpearla por decir semejante aberración, pero no pudo, Magnolia era su debilidad, siempre lo fue, él por esa mujer hizo todo, su corazón dolió al tiempo que vio los verdes ojos de magnolia, el desprecio y asco dirigidos a él, para ella Isaías nunca fue nada más que algo a lo que aferrarse para vivir cómodamente, por fin este hombre lo veía con claridad, pero ya era tarde.
— ¡Papá! — el grito de Jade fue aterrador, al momento que vio como su padre tocaba su pecho para luego caer.
— ¡Llama a una ambulancia! — Jade corrió junto su padre mientras Magnolia al fin mostraba un poco de humanidad y empatía, después de todo, ese hombre la había consentido durante 21 años, fue a la sala a llamar una ambulancia como su hija lo solicito.
— Prométeme…— Isaías sentía que su vida se escapaba entre sus manos como arena mojada y no podía hacer nada para evitarlo.
— No digas nada papá, la ambulancia pronto llegara. — la rubia sentía que su vida se iba junto con la de su padre.
— Prométeme que… serás feliz… hija… que el amor… no te ciegue…como a mí. — las lágrimas comenzaron a caer del rostro del mayor, y no podía sentirse más frustrado, quería ver el rostro de su niña antes de dejar este mundo, aunque sea una vez más.
— No me dejes papá. — imploro en un susurro la rubia.
— Aléjate… de Magnolia… hija. — y esas, fueron sus últimas palabras.