Chapter 7

Melania se levantó temprano, apenas los rayos de luz solar se dejaban ver, se tomó su tiempo para despedirse del bosque que tanto quería, desde que se le otorgó el don de manipular la tierra ella se sentía feliz y en armonía con todo a su alrededor y con sus amigas en aquel lugar, ayudando a la tierra a dar vida, es que le sobraban motivos para ser feliz, hoy cumplía 18 años, dos años más de los que tuvo en su vida pasada, aunque, lamentablemente ella era hoy por hoy una joven insociable, callada y pesimista, todo lo contrario a lo que una vez fue, cuando su nombre era Acacia Doxi.

Acacia vivió 16 años de pura felicidad, eso fue lo que la joven tuvo en su anterior vida, rodeada por sus amigos quienes la cuidaban y amaban por su forma de ser tan divertida y positiva, su hermano mayor era su tutor ya que sus padres murieron en un accidente cuando era aún más pequeña, pero ella quería más, estaba enamorada de la idea del amor, buscaba al príncipe que la cuidara, protegiera y por supuesto la respetara, fue así que se había enamorado del amigo de su hermano, Cristopher Fotsis, un joven de 20 años. Comenzaron su romance en secreto, ya que sabía que su hermano se opondría a tal relación, siendo ella menor y Cristopher mayor, el joven de cabello negro y piel blanca la cautivó de inmediato, y a pesar de que siempre estaba rodeada de personas ya que era sumamente encantadora y amistosa, siempre encontraba tiempo para escabullirse y estar con el hombre que le hacía ver las estrellas con palabras lindas y detalles maravillosos, la trataba como una reina, pero no todo lo bueno dura para siempre y no todo lo que brilla es oro.

— Vamos, quiero mostrarte algo mi amor. — dijo Cristopher al tiempo que la tomaba de la mano y la jalaba suavemente para que lo siguiera.

— ¿Qué cosa? Mi hermano está comenzando a sospechar, cada vez que desaparezco tú también, un día nos va a atrapar y...

— No me importa, apenas cumplas 18 años nos casaremos y nadie podrá oponerse, ya lo verás, formaremos nuestra familia y a tu hermano no le quedará más que aceptarlo. — refuto sin darle tiempo a decir nada más.

La joven guardo silencio y lo siguió a un prado, donde Christopher había preparado un picnic, todo estaba bien, todo estaba de maravilla, hasta que él joven comenzó a pedir más.

— Vamos Acacia, no puedes negarte, yo no soy un niño, tengo mis necesidades y tú eres mi novia. — le exigía con molestia en la voz.

— No quiero, ¡no estoy lista! — grito molesta en un arrebato, ya que las manos de su novio se movían inquietas sobre sus pechos.

— ¡¿Que?! ¿Acaso piensas que alguien como yo se conformara con unos besos? ¡Me tienes cansado!, primero subes la temperatura y luego te arrepientes.

— No es mi intención, hacer eso, pero entiende no estoy lista, mejor me voy. — Acacia hizo el intento de regresar a su hogar, pero la gran mano de Cristopher se lo impidió.

— No, claro que no, hoy haremos el amor, ¿acaso no me amas?

— Por supuesto que te amo, pero...

— Pero nada. — sentencio callando las quejas de la pequeña con besos duros y exigentes.

El joven siguió besando los labios, cuello, he inclusive los pechos de la pequeña Acacia con la intención de generar en ella el calor de su cuerpo y así que se entregara a él de una vez por todas, Christopher estaba sediento por poseer el cuerpo de la joven virgen. Pero sucedió todo lo contrario, a medida que él más la tocaba Acacia se sentía más incómoda, y cuando Cristopher introdujo un dedo en su vagina ella le dio una bofetada.

— ¡Te dije que no, ya no!

Sus ojos se llenaron de lágrimas, tenía miedo, y se sentía sucia, pero eso no lo detuvo y le devolvió el golpe. Estaba furioso, seis meses de novios como si fuera un chiquillo, todo para probar el dulce néctar de esta joven virgen y ahora, ella se rehusaba, Cristopher solo explotó.

— Dices que me amas, ¡¿pero no puedes entregarte a mí?! ¡¿Ese es el amor que me tienes?!

El joven arremetió contra ella una vez más, sin ninguna necesidad, ya que Acacia era baja de estatura, y muy delgada, sin embargo, le propinó otro golpe, y luego otro, para cuando liberó su enfado, ella yacía tendida en el piso, creyó haberla matado, por lo que hizo un pozo en el mismo lugar donde minutos antes tuvieron el picnic y allí la enterró.

Lo que él nunca supo, es que ella aún estaba viva cuando cubrió su pequeño cuerpo con la tierra húmeda por las lluvias.

Todo el pueblo la busco por meses, años, pero Acacia, simplemente había desaparecido.

Acacia abrió sus ojos al tiempo que la oscuridad la encerraba, trato de arañar a la superficie cuando se dio cuenta que estaba bajo tierra, pero lo único que consiguió con su desesperación fue que sus pulmones se llenaran de polvo y así poco a poco murió enterrada viva, preguntándose cómo el amor podía matar. De repente ante sus ojos no solo apareció una luz, sino también una mujer, dándole un nuevo nombre Melania Katsaros.

— Te amaba tanto Cristopher, ¡¿por qué no pudiste detenerte?! — La tierra comenzó a sacudirse bajo sus pies a medida que las plantas morían a su alrededor y el hada de la tierra dejaba salir su dolor.

— Melania, es mejor guardar tú pena para el otoño y tú ira para el invierno, hoy es día de vida, no de muerte. — le dijo con calma su tutora.

— Perdón hermana Nelly.

— Esta bien, ya pasó, mi pequeña, solo quería decirte que los señores Romanov ya están llegando.

— Hermana, ¿cree que todo estará bien? Ya sabe, no estoy acostumbrada a estar cerca de hombres. — era así, su anterior vida le había enseñado a no confiar en nadie. Ahora solo trataba de ser invisible para los demás.

— No te preocupes, no todos son iguales, aún existen personas buenas. ¿Quieres preguntarme algo más?

—Me gustaría saber, si yo lo amaba.... ¿por qué no pude entregarme a él? — dijo en un susurro, temerosa a escuchar la respuesta.

—... Eso es algo que no puedo contestar, en cambio te diré, que tú hermano te buscó hasta su último aliento, jamás dejo de buscarte.

— ¿Hasta su último aliento? Él...

— Lo siento, murió hace un año, en un accidente igual que tus padres, pero no estés triste, él al igual que tú, tiene una nueva vida, claro que no se acuerda de su vida anterior como tú, pero en esta vida también cuidara a su pequeña hermana, como lo hacía contigo.

— ¿Y eso?

— Ustedes murieron de forma trágica, murieron injustamente, en manos de seres despreciables, fueron engañadas por lo que se les dio otra oportunidad para elegir sabiamente.

— ¿Elegir que hermana?

—... Vamos, ya pronto vendrán a buscarlas.

Lo que la hermana Nelly no quería decir era que tendrían una oportunidad de amar y ser amadas, de una forma pura, o simplemente convertirse en hadas, la decisión era de ellas.

A la hermana Nelly le hubiera gustado decirle a Melania que ella no se entregó a Cristopher porque en realidad no lo amaba a él, sino el romance que este generaba, pero eso la podía volver susceptible en su decisión, por lo que optó por revelar lo que había ocurrido con su hermano.

MILOS

El menor de los Romanov era Milos de 19 años, un joven sumamente soberbio ansioso y rígido, encargado de la publicidad de varias áreas del gigante imperio familiar, ninguna mujer se le acercaba gracias a su forma de ser, pero además porque creían que era el menos interesante de los cuatro herederos.

El joven estaba discutiendo con uno de sus empleados, lo desesperaba que no lo obedecieran de inmediato, y es por eso que discutía también con sus hermanos, él siempre creía tener la razón.

Apenas cortó la llamada vio la hora, y tomo la fotografía de la joven de ojos y cabello negro que se le fue asignada y supo de inmediato que no se llevarían bien.

"No, no, bajo ningún motivo nos llevaremos bien, yo necesito a alguien dócil a mi lado y tú no lo eres, solo con mirar la foto lo sé. En fin, mis padres dijeron que podría cambiar, espero que alguno de mis hermanos no se lleve bien con su asistente y realizare el cambió."

“¡Maldición ya están por llegar!"

Este joven quería a alguien que pudiera manejar sin mayores problemas, que no le estorbar en sus actividades diarias, y con la foto de Nefered en sus manos, se dio cuenta que esa pelinegra era de todo menos dócil, y él necesitaba a alguien casi invisible, pero la tierra está en todos lados, a veces inclusive no eres consciente de que esta, pero aun así es sobre ella que te paras y puedes seguir adelante, es la base de todo y así era Melania, solo bastará con que la vea en persona para que Milos ya no vuelva a ser la misma persona.

Chapter 8

Mientras todas sus amigas o hermanas como se llamaba entre ellas, estaban dando vueltas por los alrededores, despidiéndose de aquel lugar que por tantos años fue su hogar, Nefered Ahmed, estaba sentada en la sala del orfanato, se había convertido en una joven optimista, inquieta, pero también susceptible e impulsiva, observaba la chimenea que ahora estaba apagada porque la primavera estaba llegando a su fin para darle paso al verano, por lo que el fuego ya no era necesario y fue ese pensamiento el que la llevo a recordar aquello que tanto odiaba.

"Claro que el fuego no es necesario, ni ahora, ni hace 18 años atrás, pero sin embargo lo utilizaste, no te bastó con todo lo que me hiciste.”

Nefered recordó una vez más lo que había sido su vida como Merary Mujtar, una joven de 19 años que había sido desposada en contra de su voluntad con Abasi Najnak, un hombre de 20 años conocido por ser viudo no una, sino dos veces en tan corta edad.

Sus esposas habían tomado el camino del suicidio, y Merary pronto sabría el porqué de ello.

El hombre había pagado por Merary, ya que tenía una belleza única, sus padres aceptaron tres vacas, dos burros y un caballo por ella, aun sabiendo que el hombre pertenecía a una adinerada familia, aceptaron lo que se les ofreció y no pidieron más, para ellos su hija valía aún menos que un burro, creían que este viudo estaba siendo generoso con ellos.

Sin embargo, la joven sabía que nada bueno le esperaba junto a él, pero aun así nunca imaginó lo que le harían, su pobre mente nunca pudo imaginar que personas como Abasi pudieran existir fuera de las películas de terror.

Apenas fue desposada, la arrastraron a la casa de sus suegros, ya que por tradición el hijo mayor permanecería en el hogar de por vida y junto a él su esposa y descendencia, jamás fue tratada como otra cosa que no fuera un objeto, empleada o mascota en aquel lugar, su noche de bodas fue la peor de todas las que puedan existir, sin la menor delicadeza Abasi la forzó, una y otra vez, luego de eso vinieron los maltratos de la familia Najnak, era menos que la sirvienta de todos, vivían en la casa de sus suegros como dictaba la tradición, un año de golpes, insultos y humillaciones, la llevaron a pensar en el suicidio rápidamente, pero la amenaza de Abasi fue clara.

— Si eliges suicidarte como mis anteriores esposas, compraré a tu hermana. le dijo la noche que la encontró a punto de ahorcarse.

— Pero mi señor, ella es solo una niña de 10 años. — respondió con los ojos cubiertos de lágrimas y voz temblorosa.

— ¡Y tus padres no dudarán en venderla como hicieron contigo! — fue su respuesta antes de salir de la habitación dejándola decidir su futuro y el de su pequeña hermana.

En el tiempo que vivió en aquel horrible lugar, Merary no podía mencionar su nombre ni decirle marido, ya que luego de un año de ser violada casi a diario no había quedado embarazada, eso le quitaba cualquier beneficio, por lo que se tenía que referir a su familia política como si fuese una empleada y ellos los señores, Merary soportaría todo, el amor que le tenía a su pequeña hermana era todo para ella, un día Abasi se cansó y la llevo al médico, quería saber porque aún no era padre.

—Lo siento señores Najnak, pero la señora Merary es estéril, nunca podrá tener hijos.

Y fue lo mismo que ser sentenciada a muerte, luego de eso su esposo, la entregó a un grupo de empleados como pago por sus servicios, y a pesar de que ella pedía morir cada noche, nunca imagino la forma que su esposo eligió para cumplir su deseo.

Cuando los primeros rayos de sol salieron y ella recobró el conocimiento, salió del cuarto que los empleados hombres compartían, en busca de ayuda, ya que las heridas que tenía por ser violada tan salvajemente provocaban un dolor insoportable, pero lo único que encontró al salir del lugar fue a una turba de personas esperando por ella.

— ¡Engaño a mi hijo! — grito su suegra, con un odio sin igual.

— Exijo justicia, mi esposa fornico con otros hombres. — Su esposo, el mismo que la había encerrado la noche anterior con los trabajadores se mostraba engañado y devastado por lo que supuestamente ella había hecho.

Merary estaba desorientada por los golpes recibidos en la noche anterior y se tambaleaba en busca de ayuda, algo que nunca consiguió, la turba de personas que allí se encontraba, tanto familiares de su esposo como propios, le arrojaron piedras, y la golpearon sin piedad alguna.

Abasi la sujeto a un árbol y colocando ramas a sus pies la prendió fuego, no importó lo mucho que gritara, nadie se apiadó de ella, y tuvo una muerte lenta y sumamente dolorosa.

Así fue como con 20 años terminó la vida de Merary y comenzó la de Nefered.

— Pequeña, ¿acaso piensas incendiar el orfanato? — pregunto la única mujer a la que ella consideraba madre.

— Hermana Estefanía, lo lamento tanto, solo estaba recordando. — Nefered miro el fuego que salía como lenguas de la chimenea y lo detuvo, extinguiéndolo por completó. Aunque el fuego de sus ojos jamás se extinguirá.

— ¿Estas lista? Esta será la última prueba, ¿quieres preguntarme algo? — esta mujer la conocía demasiado bien, después de todo era la niña que crio.

— Mis hermanas... todas ellas amaron y fueron traicionadas, pero yo nunca amé, ¿por qué renací? — el hada del fuego pocas veces pronunciaba aquella palabra, para ella el AMOR, era un tabú.

— Tu amaste con locura a tú hermana y fue por ella que soportaste tanto, el renacer fue tu recompensa, para una nueva oportunidad.

— ¿Convertirme en Hada? ¿O ser humana?

— Eres muy lista, eso es algo que solo tú decidirás.

—La mejor opción es ser un hada, el amor no existe, por algo no puedo tener hijos, ¿verdad?

La hermana Estefanía moría de ganas por decirle que en esta vida ella podía ser madre, y así darle un motivo para querer quedarse como humana, pero rompería todas las reglas. Nefered amaba a los niños, pasaba horas viéndolos correr he incluso se ofrecía a cuidarlos, era por eso por lo que la hermana Estefanía guardó silencio. Ella no debía interferir con la decisión que debía tomar la pelinegra.

— ¿Sabes? hoy que cumples los 18 años de vida te daré un regalo.

— ¿Qué cosa?

— Tu hermana… ella es feliz, después de que tus padres te vendieran, y luego de tu cruel destino, le quitaron a tu hermana, ella creció y tiene una buena vida, ya no debes preocuparte, tú la salvaste.

— Gracias hermana. — Nefered sentía que se había sacado el peso del mundo de sus hombros, por lo menos pudo ayudar a su pequeña hermana, ¿valió la pena? Claro que sí.

— Mira, los señores Romanov por fin llegaron.

Nefered estaba segura de lo que quería, deseaba ser una con la naturaleza, hacer explotar los volcanes para crear tierra cada vez que quisiera ver a sus hermanas, controlar los incendios en los bosques para que la vida comience con su ciclo nuevamente, ella renunció desde el inicio al ser una humana nuevamente, ¿pero podrá mantener su elección cuando sepa lo que es el verdadero amor?

ZIGOR

Zigor el mayor de los hermanos Romanov de 25 años, se encontraba en el despacho de la mansión, ordenando las últimas cosas, ya que durante este año en ausencia de su padre él tomara las riendas de todo, y esto generaba aún más problemas con sus hermanos.

Este hombre tenía una personalidad excitante además de ser sumamente musculoso de piel bronceada, y alto, que decir ... un hombre con cada letra bien puesta en su lugar, por lo que era común verlo rodeado de mujeres hermosas y problemáticas, con varios titulares en diversas revistas por sus escándalos amorosos y eso repercutía en las empresas que manejaba. Pero nada se podía hacer para remediar aquello, después de todo este hombre había renunciado al amor. Solo sexo y mientras más peligroso sea, mejor.

Pero el mayor problema que tenía con sus hermanos es que era un ser, voluble y agresivo, por decirlo de alguna forma, era pólvora que a la menor chispa explotaba.

"Listo, ya está todo en su lugar, bien ahora a recibir a esta pelirroja, parece una persona tranquila, mientras que a los periodistas les guste no tendré problema, durante un año la haré pasar por mi novia, y así podré juguetear tranquilo con mi agenda de mujeres casadas, sin ser expuesto."

Sus padres le habían designado a Calíope, quien poseía un rostro de niña bien portada, justo lo que él necesitaba para distraer a los periodistas. O eso pensaba.

— ¡Zigor! Nuestros padres ya llegaron. grito el pelinegro desde la escalera.

— ¡Voy Yannick, no grites maníaco del control!

— ¡Tú no me grites!

Este hombre de carácter fuerte se destacaba por ser explosivo, pero también muy amoroso cuando la situación lo requería, era un don juan en todo sentido, sus padres le asignaron a Calíope, pero si hay algo que le gusta a Zigor Romanov son los retos, y cuando conozca a Nefered descubrirá el mayor reto de su vida, ¿cómo enamorar a alguien que no sabe lo que es el amor?

Chapter 9

Los señores Romanov cruzaron el umbral de su mansión, seguidos por las cuatro jóvenes, mientras sus hijos los esperaban sentados en los grandes sillones de cuero negros del salón.

— No lo puedo creer, están en silencio y sin pelear, esto es algo nuevo. — La sorpresa era autentica en la voz de Nessari.

— Que chistosa madre. — Respondió con molestia el mayor.

— Zigor, cuida tú tono de voz, que estás hablando con tu madre. Adelante niñas tomen asiento. — dijo el patriarca y ella obedecieron, el señor Oleg les agradaba.

Los hermanos se encontraban sentados de una forma casual casi descuidada, de espalda a la entrada, mostrando de esta manera la molestia que le causaba las ordenes de sus padres, pero cuando las jóvenes desfilaron frente a ellos, automáticamente su postura cambió, miraban a esas mujeres vestidas tan diferentes entre sí, al igual que las auras que sus cuerpos transmitían. Una más bonita que la otra, parecían piedras preciosas, ante ellos brillaban las representaciones en persona de un rubí, piedra que representa el fuego, un zafiro, en representación del agua, un diamante, transparente como el aire y una esmeralda, como la misma hierva que crece sobre la tierra.

Nefered, fue la primera en pararse frente a ellos, con unos vaqueros negros ajustados, una remera de algodón blanca y una campera también de algodón pero de color negra, a pesar de que su vestimenta parecía común, ella las hacía lucir como algo sumamente costoso, los grandes pechos le impidieron cerrar al completo el cierre de la campera, sus labios lucían un color rojo sangre y los ojos estaban delineados en negro, su cabellera lacia y negra como el carbón brillaba ante la luz que la bañaba, miró a los cuatro hombres, con desafío e inclusive un poco de odió, para ella todos los hombres eran iguales, unos monstruos. No en vano es sabido que, si a un hombre se le aparece un hada de fuego, lo último que verá en su vida es el rojo brillante de sus alas.

— Buenas tardes mi nombre es Nefered Ahmed. — se presentó de forma serena, pero concisa.

— Que nombre y apellido tan raro. — Comento Zigor con un poco de burla, y ella lo fulminó con la mirada, sabía quién era, ya que Nessari les enseñó fotos de sus hijos en lo que duró el viaje, levantando una ceja y mirándolo directamente a los ojos de forma desafiante y un poco soberbia respondió.

— Es un apellido egipcio, creí que un Romanov no necesitaría tal aclaración, señor Oleg, ¿está seguro de que él es el indicado para estar al cuidado de sus empresas, por un año? — dijo con toda seriedad.

Automáticamente sus hermanos rompieron a reír, Zigor quería saltar sobre ella y azotarla por su comentario, pero cada gesto de la joven le tentaba a hacer otra cosa también, como por ejemplo besar esos labios tan gruesos y perfectos.

"Esto me lo pagarás pequeña diabla, a la mierda la pelirroja.”

— Soy muy capaz de estar al mando de todo, soy el mayor, y para que lo veas bien de cerca tú serás mi asistente. — dijo imponiendo su voluntad, como era su costumbre.

— Bien, por mí no hay problema, podrá descansar tranquilo y disfrutar de su viaje señor Oleg. Yo me asegurare que todo esté bien. — Dicho esto, Nefered se sentó en la punta del gran sillón, enfrente de Zigor, mientras se mataban con la mirada.

"Estúpido mal criado".

"Pequeña diabla, ¿cómo te atreves?".

El padre de la familia casi no podía mantenerse serio, debido a que conocía el carácter de sus hijos, sabía que este sería un año largo para ellos, Y la risa estaba a punto de salir de su boca, pero se contuvo, no quería echarle más leña al fuego, aunque si supiera que Nefered era el mismo fuego y ardía por enseñarle a Zigor un poco de disciplina.

La segunda en presentarse ante ellos fue Melania, entró con la cabeza gacha, sus mejillas rosadas y su rostro casi cubierto al completo por las ondas que caían del largo cabello castaño, su vestido en tono beige era muy parecido a la segunda capa terrestre, pero los jóvenes lo único que veían era que parecía un vestido antiguo, como si estuviera en un siglo diferente al que pertenecía. Como si fuera alguna dama en una pintura, sobre su cabello, una corona de flores blancas la hacían lucir aún más pequeña de lo que era, tanto en estatura como edad y la inocencia bañaba su rostro al completo.

"Ella si es la indicada para mí, se ve completamente una persona sumisa.”

Antes que la joven tomara su lugar, Milos habló.

— Ella será mi asistente, la pido primero. — Dijo con soberbia ya que temía tener que discutir con algunos de sus hermanos por ella. Sus padres estaban molestos por su comportamiento, pero se quedaron en silencio, querían ver si estas jóvenes podían con el carácter de sus cuatro retoños.

Melania levantó muy despacio su rostro así de lento como la tierra tarda 24 horas en girar sobre sí misma y depósito en el joven sus ojos color chocolate. Hipnóticos y misteriosos.

— Mi nombre es Melania Katsaros, griego mi apellido al igual que mi origen por si hay alguna duda, no lo olvides por favor, soy una persona, no un objeto. — La voz de la joven era suave, pero firme, como un pequeño temblor, un suave terremoto que no causa daño visible a las estructuras de los edificios, pero si mueve los cimientos de ellas, para debilitarlas y que luego caigan por sí solas. Mientras que el color chocolate de sus grandes ojos la hacía parecer triste.

Todos estaban expectantes esperaban los gritos de Milos, ya que el joven era rígido y soberbio, no aceptaba replica alguna a lo que él decía y menos que lo reprendieran por algo, pero no sucedió, esos ojos lo seguían mirando, esperando una respuesta y él lo único que pensaba era.

"¿Por qué estás triste?"

— Disculpa Melania, no fue mi intención. — Nessari cruzó una mirada de asombro con su esposo Oleg, pero aun así no dijo nada. Su hijo jamás se disculpaba con nadie, pero no quería arruinar el momento de calma.

La tercera muchacha se presentó, Calíope, el color de su pelo era algo digno de ver, delgada, de piel rosácea y con unas pecas que invitaban a mirarla y contarlas, un vestido blanco que parecía moverse con alguna brisa primaveral, aunque eso era imposible, ya que estaban en el interior de la mansión, pero cuando controlas el aire, nada es imposible.

— Buenas tardes mi nombre es Calíope Sullivan, soy de descendencia irlandesa, espero poder ayudarlos.

Calíope era una joven amistosa y charlatana, por eso no tenía miedo en presentarse y lucir amistosa, pero Yannick, el maníaco del control creyó que lo que veía era muestra de una buena asistente y eso es lo que él quería, alguien práctico y contundente que lo ayudara a sobresalir de sus hermanos.

— Calíope, me gustaría que seas mi asistente, veo potencial en ti. — dijo con total seriedad Yannick.

Zigor rompió a reír sin tardanza, estos dos mantenían una competencia personal, en querer demostrar cuál de los dos era mejor en todo, y oír hablar así a su hermano le divertía.

— ¡¿Qué es lo gracioso idiota?! — dijo ya pensando en golpear al mayor.

— ¡Cálmate, no estamos solos, imbécil! — Respondió Zigor, conociendo las intenciones de su hermano.

— No deberían discutir, es una pérdida no solo de tiempo, sino que de energías que podrían utilizar para trabajar. —intervino Calíope, disipando la tensión como el viento se lleva las nubes.

Yannick, estaba convencido de que había elegido a la asistente perfecta. Por lo que decidió hacerle caso a Calíope y no entrar en el juego de su hermano mayor.

— Bueno, mi asistente será la que falta conocer supongo. — El aburrimiento en la voz de Kilian era notable, él prefería estar divirtiéndose con la hermosa morena que tiene por novia, antes de perder el tiempo en presentaciones. Por fin levantó los ojos de su teléfono y la vio.

Indivar se movió con un paso suave, segura de ella misma, al igual que el agua se desborda del río y reclama todo a su paso sin importarle nada, unos vaqueros ajustados blancos y una blusa celeste que resaltaba sus rasgos albinos y el color azul exótico de sus ojos lo cautivó de inmediato.

— Indivar Carver, alemana. — Fue lo que ella dijo, pero Kilian sentía como si esta mujer le hubiera recitado un poema, sus mejillas se pusieron rojas y tuvo que apartar la vista de ella.

"¿Que mierda me pasa?, Dios, ¡solo dijo su nombre! Esto es estúpido."

— Kilian Romanov. — respondió aclarándose la voz, aunque estaba seguro de que la joven lo sabía.

— Espero poder ayudarte Kilian. — Y kilian sentía que aparte de ser honesta ella ya lo había ayudado, desde el primer momento que la vio, su mente le mostró un par de aretes de oro blanco con dos gemas de aguamarina o zafiros quizás, colgando en ellas.

"Tú serás mi musa, mi inspiración, gracias a ti diseñare las mejores joyas".

Fue así como comenzó todo, estos hombres no entendían bajo que hechizo habían caído, pero así era, no podían pronunciar palabra alguna, mientras que estas mujeres los observaban, algunas con simpatía otras con recelo e incluso miedo.

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Cuatro Hadas

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