Vivian se encontró tratando de gritar para pedir ayuda, pero él apretaba con tanta fuerza su cuello que ni siquiera el aire de sus pulmones podía salir, se escuchó un sonido, de algo rompiéndose, los ojos como Vivian Campbell vieron el rostro de su esposo por última vez, quien la observaba con furia, espero no ver nada más que oscuridad, pero no paso, ella estaba sesgada por la luz, y algo suave que la envolvía, oía a un bebé llorar y por un momento su corazón latió con fuerza, pensó que era su hijo y que ella estaba en el tan nombrado paraíso, pero luego su vista se agudizó, se dio cuenta que estaba flotando o mejor dicho que era llevada por un remolino de viento y que el llanto era de ella.
— ¿Por qué Trevor? ¡¿Por qué no me dejaste ir?! — grito llena de dolor y rencor regresando al presente.
Cuando Calíope gritaba de esa manera su garganta dolía, pero más dolía su corazón, ese que hubiera entregado sin pensarlo por ver, aunque sea una vez el rostro de su hijo.
— No busques respuestas que jamás podrás tener. — la hermana Josefina sabía que hombres como Trevor no necesitaban un motivo para apagar una vida y es que tampoco existe un motivo para hacerlo.
Cali, como le decían sus seres queridos, giro al escuchar la voz de la mujer que la recibió en esta nueva vida.
— Hermana Josefina, ¿cómo sabía que estaba aquí? — pregunto más relajada.
— El viento corre fuerte, solo lo seguí. — explico con una suave sonrisa adornando su rostro.
— Lo lamento.
— No lo hagas, solo trata de controlar tú poder, quizás un poco más suave, las plantas necesitan tú brisa para reproducirse, así que no te detengas, mi pequeña Calíope, aún recuerdo el día que llegaste a mí, tus ojos estaban tan abiertos, pero a pesar del miedo podía ver dulzura en ellos, y ese color miel que combina tan bien con tú cabello, eres hermosa. — dijo al tiempo que acomodaba un mechón del largo y rojo cabello de la joven tras su oreja.
— Gracias hermana. — respondió apenada, por el alago recibido.
— Hoy por ser tu cumpleaños te daré a elegir.
— ¿Qué cosa?
— Saber dónde está y que hace el viudo de Viviana Campbell o si tus padres preguntaron por ti alguna vez. — era tentadora la oferta que le hacia la mujer que la crio, pero Calíope solo quería saber una cosa de su pasado, solo una. Lo demás no le importaba.
— Me gustaría saber...mi hijo, ¿él renacerá algún día? — pregunto sintiendo aun el típico dolor en su corazón, ese que aparecía al recordar como su bebé se movía en su vientre, el niño que ella no pudo proteger.
La mujer ya mayor la vio con gran empatía, pero no podía responder eso. Aun viendo el brillo en los ojos de la joven que ella crio como a una hija.
—... Trevor Murphy sigue viviendo en el mismo lugar, jamás se volvió a casar. — dijo con seriedad y acto seguido tuvo que mirar a otro lado.
Calíope, sin embargó clavo sus ojos color miel en ella, la mujer que quería como una verdadera madre, sin entender porque no respondió su pregunta, y Josefina se sentía apenada, por no poder responder lo que más deseaba saber la pelirroja, pero ¿qué otra cosa podía hacer?, su hijo estaba esperando por renacer, pero había un problema, la esencia de Trevor había sido retirada del pobre bebé no nato, ya que ese hombre no merecía seguir existiendo y menos su esencia, por lo que solo quedo con la esencia de Calíope, si ella decidiera quedarse como humana y si se enamoraba nuevamente, su bebé renacerá, su esencia y la de un nuevo padre formarán esa vida, pero si decidía ser un hada, su bebé nonato se convertirá en una estrella más en el cielo, para iluminar la oscuridad del espacio y así aliviar los corazones de quienes están triste.
Josefina no podía intervenir en la decisión de Calíope, esa era la realidad.
— Vamos, en un rato vendrán los señores Romanov por ustedes. — hablo rompiendo el pesado silencio que se había producido en aquella colina.
— ¿Son los que quieren nuestra ayuda? — pregunto curiosa como siempre.
— Si, quieren ayuda con sus hijos.
— ¿Seremos niñeras? — pregunto con una gran sonrisa la pelirroja. Los niños le encantaban.
— No te ilusiones, el menor de sus hijos tiene 19 años.
— ¿Seremos sirvientas?
— Algo parecido, serán sus consciencias por decirlo de algún modo.
Calíope estaba entusiasmada, ella era una persona vivaz, responsable y habladora. Solo quería cumplir con su última prueba y conseguir sus alas, solo así podría ver a las demás hadas, vivir en el bosque, recorrer el mundo en una brisa siendo invisible a los ojos humanos, vivir para siempre junto a sus amigas.
Pero nadie manda en el amor, ¿verdad? Y hay decisiones que solo se toman con el corazón. Y Calíope pronto lo descubriría.
YANNICK.
Yannick Romanov se movía para un lado y otro en la sala de su mansión, era uno de sus lugares favoritos, desde aquel sitio podía observar casi todo, y es que él es una persona sumamente controladora, se sentía ansioso, no le gustaban las sorpresas, aunque llegado el caso es ecuánime , mantiene su mente fría, es pasivo y confiables, pero son por todas estas razones que se lleva mal con sus hermanos, lo subestiman, creen que es débil, no entienden que necesita ser controlador para poder resolver más fácilmente cualquier problema, él es el encargado de toda la parte textil que maneja su familia, mientras sus hermanos lo consideran un traidor, ya que nunca se pone del lado de la misma persona dos veces, lo que no comprenden es que él es una persona justa y por eso su criterio estará con quien tiene la razón y no con el que hable o actúe primero.
Para él, lo que dicte su corazón no importa, solo le hace caso a su cabeza, y es que la última vez que obedeció a su corazón, este resultó herido, pero las personas pueden cambian, ¿verdad?
Tomo la foto una vez más y la observa. Era la joven que le designaron sus padres.
"Tan pálida, bueno un punto a mi favor, si su piel es delicada le debe gustar estar encerrada, y un punto en contra para ti rubia y es que conmigo te vas a aburrir muchísimo, espero que seas silenciosa, no me gustan las charlatanas. Solo paz y tranquilidad. Eso es lo mío."
Sus padres le designaron a Indivar como su asistente personal, pero en poco tiempo descubrirá que es a Calíope quien quiere a su lado.
Apenas vio la limusina detenerse se puso de pie, se miró una vez al espejo para comprobar que su aspecto era impecable, como siempre, y quedo a la espera de que las intrusas y desde hoy asistentes personales crucen la puerta.
Yannick no es un hombre vanidoso ni mucho menos, a pesar de cuidar su cuerpo, y que sea una masa de músculos no le gusta estar luciéndolo como los demás, le molesta recibir las bromas de sus hermanos por tener el cabello color castaño oscuro rizado y la piel color crema como su difunta abuela, y a pesar de que son todos altos él está seguro de que ante una verdadera pelea ganaría, y es que estos hermanos se ven más como rivales y enemigos que como familia.
“Me pregunto ¿cuánto tardarán esos idiotas en venir a presentarse? ¿o será que son tan tontos que preferir ser desheredados antes de aceptar a una niña al lado por un año?"
El corazón de este hombre de 23 años rara vez se había conmovido por alguna mujer, creía que no las necesitaba, eran seres ruidosos y con humor cambiante, un problema que él no quería tener, otra vez, luego de su experiencia con Erika, una mujer sumamente tóxica, ya no quería saber nada con el amor, pero ya saben, una vez que el corazón late con fuerza, ya nada lo puede detener.
Indivar se encontraba nadando en el río, el mismo donde había surgido hacia 18 años, el que la trajo a este lugar dándole una segunda oportunidad, el agua estaba templada y ella sumamente relajada, sin embargo dejó de moverse al escuchar un sonido raro, comenzó a mirar a todas partes y vio cómo un pequeño ciervo se estaba ahogando, rápidamente con un movimiento de manos, abrió las aguas, dejando un camino para que saliera de aquel lugar el pequeño animal y por un momento se perdió en su memoria.
"Sé muy bien, la desesperación que se siente al morir de esa forma, hoy la suerte estaba de tu lado pequeño.”
Amelia Fabel, ese era su nombre hace 18 años atrás, hoy cumplía exactamente dos vidas, y es que esa misma edad tenía cuando su mejor amigo y a quien ella amaba con el corazón la asesinó, terminó con su vida, como quien mata a un insecto.
Cedrik Fischer, había sido su amigo desde el preescolar, ella se enamoró de él a medida que crecían, pero luego con el paso del tiempo fueron tomando caminos diferentes, él era un joven apuesto alto, adinerado como nadie en el pueblo y obviamente deportista, sumamente atlético , ella sin embargo, era la hija de una mujer casi indigente y enferma, su padre había muerto en la guerra y la pensión que le daban solo cubría los gasto de la medicación de su madre, por lo que ella trabajaba en una cafetería, fue el blanco de todos en la secundaria, por su forma humilde de vestir y sus rasgos albinos, eso provocó que su gran amigo y el que ella creía que era su gran amor Cedrik Fischer, se alejara, aun así se veían algunas veces y la joven se sentía la muchacha con mayor suerte del mundo por hablar con él. Era tan ilusa.
— Eres muy linda, tu piel es tan blanca como la nieve. — Este joven ocultaba bajo halagos, sus fantasías con la joven.
— Gracias, aunque no entiendo porque siempre dices cosas tan bonitas y luego... me ignoras.
— Debes entender tengo una reputación que cuidar, pero cuando el colegio termine iré a la universidad y volveré por ti.
— ¿Por mí?
— Serás mi esposa, lo juro.
El corazón de la joven parecía que iba a salir de su cuerpo, mientras sus mejillas adquirían un color rojo carmesí, no podía creer que su sueño se hiciera realidad. No tenía como saber la clase de monstruo que era aquel rubio.
— Ven déjame ver algo. — dijo de forma coqueta el joven.
— ¿El qué? — Cedrik se acercó y la besó, ella estaba extasiada, pero cuando él descendió con la boca por su cuello la mordió y Amelia retrocedió.
— Eso duele... ¿qué haces? dijo con voz quejumbrosa. Ese fue su primer beso, el sabor dulce rápidamente fue sustituido por la amargura del dolor.
— Veo como mi boca puede marcar tu hermosa piel. — Este joven, desde sus inicios en la vida sexual demostró ser un sádico, claro que la pobre Amalia no lo sabía. Y aunque lo hubiera sabido, poco podía hacer ante semejante adolescente, él la superaba en altura, peso y por supuesto fuerza.
— ¿Que le diré a mi mamá ahora? — La rubia se preocupó y con razón, al ver la marca que su amigo le había dejado en el cuello.
— Tranquila, solo cúbrete con un pañuelo o algo.
Así Cedrik la fue engatusando, hasta convencerla en ir al lago que se encontraba en medio del bosque y que en esa época estaba casi congelado.
— ¿Que hacemos aquí? estamos muy lejos del pueblo. — Pregunto con preocupación y es que cada vez que estaban solos, el joven dejaba alguna marca en ella, por cada beso una mordida era dada.
— ¿Acaso tienes miedo?, somos mejores amigos de toda la vida. Jamás te lastimaría. mintió con descaro y experiencia.
— ¿Mejores amigos? — en ese momento Amelia tendría que a ver sabido que todas las promesas eran falsas, pero era apenas una joven de 18 años, llena de sueños e ilusiones. Demasiado inocente, para un mundo con tanta maldad.
— ¿Por qué pones esa cara de tristeza? — preguntó Cedrik con molestia.
— No, no es nada, solo que debo volver para darle la medicina a mamá.
— ¿Es eso o es que quieres ser mi novia? — sabia como jugar con la joven, era lo que más disfrutaba, manipularla, creyendo que así podría convencerla de todo.
—Tú... tú… ¿Quieres ser mi novio? — dijo con sorpresa en cada palabra.
— Claro que quiero ser tu novio, copo de nieve, es solo que...
— ¡¿Que?! — La joven no controlaba sus nervios, sentía que su sueño se hacía realidad, es verdad que Cedrik la molestaba en el colegio y muchas veces se burlaba de ella, pero él siempre la convencía de que lo hacía solo para estar cerca de ella sin que nadie se burlara de él.
Si tan sólo alguno de los cuentos de princesas que leía de pequeña le hubiera prevenido de que los monstruos también pueden ser atractivos por fuera, quizás su final hubiera sido otro.
— Veo que estás ansiosa por ser mi novia, pero hay un problema, yo no salgo con vírgenes.
Las lágrimas de Amelia caían y le hacían doler la delicada piel de su rostro, del mismo frío que hacía, ese que era un aviso de que no debía estar allí.
— Hey tranquila, no llores, eso es algo que tiene arreglo. — dijo con una sonrisa que no presagiaba nada bueno.
— ¿A qué te refieres?
— Veras… ¿recuerdas el otro día que te lleve a la oficina de mi papá?
— Si, cuando dijiste que me conseguiría trabajo, pero no sucedió.
— ¿Por qué te tienes que quejar de todo?, cuando nos casemos espero que cambie eso en ti.
— ¿Casarnos? — Amalia era tan ingenua que con disimulo se pellizco la mano, para saber si estaba soñando. Sin darse cuenta de que la pesadilla estaba por comenzar.
— Sí, te juro que nos desposaremos, pero antes debes dejar de ser virgen, y se cómo solucionar eso.
— No entiendo Cedrik, habla claro. — El brillo que tenía su amigo en los ojos no le gustaba nada, y estaba nerviosa por la hora, su madre estaba en cama y necesitaba de ella para darle la medicina.
— Ese día que fuimos a la oficina había un hombre con mi padre, ¿lo recuerdas? es el encargado de la universidad a la que iré, si todo sale bien. y él haría todo lo que estuviera a su alcance para que así fuera.
— Recuerdo al hombre, uno gordo y calvo, no me gustó como me miraba, me hacía sentir incómoda. dijo mientras tembló y no era por el frio esta vez.
— Que mal, porque él dijo que me recibirán si tú tienes sexo con él. soltó sin mayor preámbulo, ya tenía todo ideado en su mente retorcida, Amalia no tenía que decidir nada, Cedrik solo se lo estaba informando.
— ¿Que? Eso no, nunca.
— ¿Acaso no me amas?
— Te amo, con todo mi corazón, pero yo no puedo hacer eso. — Y era verdad, por más amor que sintiera por Cedrik ella jamás se entregaría a un hombre que ella no amara.
— Que mal por ti.
Fue lo único que Amelia escuchó, y sintió que su gran amigo y amor platónico la pinchó en el cuello con algo, de inmediato se sintió cansada y aunque no perdió la consciencia no era capaz de decir nada, ni de moverse por sí sola, el joven de 19 años la apoyó en él y la guio a una cabaña cercana al lago, donde no solo estaba el hombre gordo que Amelia recordaba, también estaba el padre de su amigo.
Primero el director de la universidad la violó, luego el padre de Cedrik, con eso se aseguraba de tener un pacto de silencio eterno.
Los hombres se fueron dándole algunas indicaciones al joven y dejando dinero, después de todo el padre del muchacho estaba creído que la joven lo hizo voluntariamente, que solo era otra amiga drogadicta de su hijo.
Cuando ambos jóvenes quedaron solos, Cedrik no pudo resistir la oportunidad de estar con ella, al fin de cuentas siempre le gustó, pero era la don nadie del colegio, jamás tendría algo serio con ella, la penetro de todas las formas imaginables y no contento con eso dejo salir al animal que era, le mordió los pechos de tal forma que casi le arranco un pezón, él disfrutaba como su piel se teñía de ese color rojo, estaba envuelto en un frenesí de locura y excitación, producto de lo que había consumido unos minutos antes.
Amelia comenzó a salir de su letargo y una señal de eso fueron sus gritos, aunque aún no tenía fuerzas para defenderse.
— ¡¿Por qué?! ¡Déjame! ¡MAMÁ AYUDAME!
Ese grito se sintió tan desgarrador que Cedrik se detuvo y por un momento fue consciente de lo que había hecho, ¿cómo lo explicaría?
Una cosa era drogarla y violarla, si ella fuera a hacer alguna denuncia él lo podía desmentir, total estaba drogada no habrían indicios de resistencia, el presidente de la universidad usó preservativo y su padre también, pero él... la dejo marcada de pies a cabeza, por lo que solo tenía una solución, y dejo salir su lado aún más oscuro, aprovechando lo alejado del lugar, la llevo así, completamente desnuda al lago, realizó cortes en el cuerpo de Amelia para disimular sus mordiscos, ella trataba de defenderse sin éxito alguno, estaba muy débil y adolorida, pero no quería morir, no aún, debía cuidar a su madre , pero Cedrik ya había decidido su final, la arrastró hasta el centro del lago congelado, cuando este comenzó a romperse en la superficie la empujó, Amelia quería salir a flote pero entre las heridas y la droga no pudo hacer nada más que ver el rostro del que fue su único amigo, y a quien ella creía amar con el corazón, quien la observaba como si estuviera viendo una roca hundirse, sus pulmones dolían cuando el agua fría comenzó a entrar en ellos, y su cuerpo sufría del frío extremo , de pronto una luz remplazó la cara de Cedrik. Como si el sol mismo la hubiera segado. Fue en ese momento que vio a una mujer tomarla en brazos. Amelia había muerto y nacía Indivar.
— ¡Te amaba con todo el corazón! ¡confié en ti!
Grito con enfado al recordar todo aquello y el río se congeló al instante, el frío ya no le hacía nada, ella lo toleraba, porque ella misma era agua, tranquila y tropical, gélida y glacial.
— Puedes ser el Lago tranquilo, o el tsunami más grande jamás visto. — Escucho que le hablaban a su espalda.
— Hermana María, no fue mi intención. — reconoció apenada por su desborde de rabia y poder.
— En ese caso, te recuerdo que estamos en primavera. — Respondió sonriéndole la mujer que la crio en esta nueva vida. Indivar descongelo el agua de la misma forma que la había congelado, solo con la mente.
— Estabas tan helada cuando te tomé en mis brazos, con esos ojos celestes tan únicos, Indivar te bautice, un nombre único, para una niña única, puedes preguntar eso que congela tú corazón, hoy es tu cumpleaños responderé lo que quieras saber. — dijo la mujer al tiempo que la veía salir del rio.
— ¿Era amor lo que sentía por Cedrik? ¿O solo fue el anhelo a que volvamos a ser tan cercanos como cuando éramos niños?
—.... Tú madre murió el día que encontraron tú cuerpo, cuando comenzó la primavera, no soporto tú pérdida. respondió al tiempo que se daba la vuelta para evitar ver el rostro de la niña que tanto quería.
En ese momento la lluvia comenzó a caer, tan fuerte y tan fría que parecía que era invierno. Era el dolor del hada del agua cubriendo a todos.
— Recuerda que tú padre la esperaba, ellos se amaban y se reencontraron, ahora ya no hay dolor, saben que estas bien. — la reconforto, conocía muy bien el dolor que la joven sentía.
Y así tan rápido como comenzó la lluvia se detuvo, y es que cuando Indivar lloraba, el cielo también lo hacía.
La hermana María estaba en un dilema, si ella le hubiera respondido que eso no era amor, sino costumbre y cariño al recuerdo de un niño que fue bueno con ella, podría cambiar la decisión que tomara la joven en el futuro, por lo que decidió responder a la segunda pregunta que perturbaba a Indivar.
— Vamos, los señores Romanov no tardarán en llegar.
— ¿Qué es lo que haremos para ellos?
— Buscan ayuda para sus hijos.
— ¿Qué clase de ayuda?
— Una voz de esperanza.
Indivar salió del agua, tratando de prepararse antes de ver a sus "jefes" y es que ella es muy precavida, cuidadosa y pacífica, solo deseaba que el año pase rápido, hacer bien su trabajo y obtener sus alas, para poder vivir por siempre, cuidando de todos, como lo hacía con su madre.
KILIAN
Kilian Romanov el joven alto rubio de ojos claros, se miraba una y otra vez en el espejo ya que era un poco narcisista, era un Líder nato, salidor y despreocupado, por lo que se había olvidado de que hoy llegaban las niñas que serían sus asistentes, el joven que por lo general era un bonachón, tenía su concentración en otra cosa.
"Teresa amor, definitivamente tienes el novio más apuesto del planeta.”
La mente del joven de 21 años dejaba de trabajar cuando pensaba en su novia, una joven morena despampanante, sumamente celosa, pero él la entendía, después de todo tenía el novio que cualquier mujer quisiera tener.
Los hermanos Romanov discutían casi a diario, el problema con el joven rubio quien era encargado de la parte de joyería de la familia era que muchas veces descuidaba su trabajo por consentir a Teresa, lo que ella quería él lo hacía. Tenía la esperanza de poder convencerla para que se casaran, creía estar enamorado.
— ¡Kilian, recuerda que las asistentes están por llegar, debemos bajar! — La voz de su hermano menor le hizo recordar el pequeño detalle.
"Maldición".
Tomo el teléfono y llamo a su novia.
— Cariño, ¿cómo está mi princesa? — pregunto con miel en la voz.
— Terminando de arreglarme, ¿tú? Me imagino que vienes en camino. — Más que una pregunta era una orden, así era Teresa.
— Lo siento cariño, me olvide por completo que tengo un asunto que arreglar. — dijo preparándose para la tormenta que se avecinaba.
— ¡Ni se te ocurra dejarme plantada! — grito con ímpetu casi dejando sordo al rubio.
— Lo lamento amor, pero si no soluciono esto mis padres me dejaran en la calle y esta vez es en serio, firmamos los documentos ayer. — La línea quedó en silencio por unos largos minutos, y es que esta mujer no solo estaba con Kilian por su belleza, sino por su fortuna. Para ella la palabra amor no existía, solo el dinero y poder importaban.
— Bien cariño, lo entiendo, nos vemos mañana, y espero ser recompensada por esto. — dijo con voz reconciliatoria.
— Claro que sí amor, te regalar el mejor anillo.
— ¿Un anillo?, llevo tres horas arreglándome, que sea una gargantilla y pendientes. — pidió sin vergüenza alguna.
— Lo que tú pidas cielo. — La joven colgó sin siquiera despedirse y Kilian procedió a tomar la foto de su nueva asistente.
"Melania, ¿qué clase de nombre es ese? En fin, bajemos a conocer a la pequeña, espero que me sea fácil deshacerme de ella."
Claro que Kilian no podía tener a su lado a una joven siguiéndolo en todo momento, su novia Teresa era sumamente celosa, por lo que pensó en convencer a la joven ofreciéndole el doble de dinero que le darían sus padres a cambio de que solo se limitara a estar en esa casa un año, mientras él continuaba con su rutina, después de todo, nadie lo delataría, no habrían empleados ni nadie a su alrededor, solo ellos ocho conviviendo durante un año, ¿que podría salir mal?, el pobre Kilian no tenía en cuenta que Melania sería sustituida por Indivar, y su mundo cambiaría para siempre. Aun sin saber lo que sucedería, bajo conservando la esperanza de deshacerse de la joven.