Chapter 3

—Buenas, ¿Cómo se encuentra mi paciente más consentido? —pregunto con una gran sonrisa en mi rostro mientras me acerco a la cama para empezar la revista médica.

—Pues déjame decirte que no te creo, así le has de decir a todos. —cruza los brazos a la altura de su pecho en lo que hace un puchero.

—¡Padre, me ofendes! ¿Cómo se te ocurre decir eso? —llevo a mi pecho la mano en forma de indignación.

—Mi hermoso tesoro sabes que te amo mucho, ¿cierto? —pone mirada de cachorro tierno haciendo que mi corazón se estruje.

—Lo sé, así como tú eres lo más importante en mi vida papito. —le doy un beso en la coronilla y empiezo con mi labor del día.

Miguel Echeverri, ese es el nombre de mi padre, el hombre más importante de mi vida. Cada día que pasa es un milagro, debido a su terrible enfermedad se ha visto obligado a estar encerrado entre estas cuatro paredes.

Tiene un tumor cerebral que es inoperable por el lugar en que se encuentra alojado. Aunque muchos me dicen que debo resignarme y ser fuerte para cuando llegue el momento mis esperanzas se mantienen vivas. Cada día que logra despertar es una gran bendición. Sé que algún día nuestra suerte va a cambiar y podremos encontrar ese milagro que tanto necesitamos. Sé que mis plegarias han de ser escuchadas y ese será el día más maravilloso de nuestras vidas.

Para poder cubrir el excedente de los gastos me vi obligada a hacerle caso a una de mis amigas. De día trabajo en la clínica, mientras que de noche trabajo como posesa haciendo traducciones.

Además, que también trabajo vendiendo ropa y productos de catálogo, no es mucho lo que pueda ganar con ello, pero me sirve para completar y pagar parte de los gastos. Gracias al cielo me gané una beca completa para mis estudios de medicina.

Las horas pasan y con cada revisión que le hago a cada uno de mis pacientes a cargo siento una gran satisfacción en hacer lo que más me gusta.

Al ver la hora en mi reloj de pulsera me doy cuenta de que ya son más de la 1:00 de la tarde.

 «Con razón las tripas me rugían tanto»

Entrego la última carpeta en el área de enfermería para ir a la cafetería a almorzar.

—Vaya, la princesita ya terminó de ponerse al día. —habla Tania con sarcasmo mientras ve el esmalte de sus uñas.

—Por lo menos me dedico a hacer mi trabajo y no perdiendo el tiempo como lo haces tú. —respondo tajante, ella siempre trata de sacarme de mis casillas.

Firmo unos documentos y camino rumbo al ascensor marcando el piso que me lleva directo a la cafetería. Cuando las puertas se abren me encuentro con mi gran amigo Marcos.

—¿Cómo está la doctora más guapa del hospital? —pregunta con una sonrisa seductora—. Sabrina cada día que pasa te ves más hermosa y no lo puedes negar.

—Marcos, tú siempre con tus halagos. —le doy un beso en la mejilla y lo estrecho en un fuerte abrazo—. Ya te pareces a mi padre, hasta estoy pensando que eres su hijo perdido.

Cuando llegamos a la cafetería nos sentamos en la mesa que siempre acostumbramos. En ella ya se encuentran nuestros amigos Sara, Verónica, Dereck y Joshua.

Todos somos parte del 5to año y formamos un gran grupo. Somos excelentes amigos que siempre contamos el uno con el otro, es como decir que somos hermanos aunque no lo seamos de sangre.

No tenemos la necesidad de hacer nuestros pedidos, la chica que se encarga de tomar los pedidos sabe que es lo que nos gusta pedir.

Al cabo de unos 10 minutos se acerca ella con los primeros platos. Dereck se pone de pie para ayudarla y aunque él lo quiera negar, le gusta Susan. Son muchas las veces que le echamos porras para que dé el primer paso y se atreva a pedirle que salga con él a comer un helado.

Como siempre, su respuesta es una negativa con la excusa de que la ve simplemente como a una amiga y nada más, pero todos sabemos que no es cierto. De todos modos es él quien se lo pierde de abrir su corazón y darse una oportunidad en el amor.

Finalmente, terminamos de comer y entramos al ascensor, en cada parada se van quedando hasta ser yo la última en bajar. 

Cuando llegó a mi piso pongo manos a la obra y sigo con mi labor. Por fortuna todo se mantiene tranquilo como si no hubiera sucedido nada.

El resto del día pasa en un abrir y cerrar de ojos, cuando veo mi reloj ya van a ser las 5:00 de la tarde y aprovecho para darle un vistazo a mi padre antes de irme a casa.

Al entrar lo veo conversando plácidamente con Sonia, ella es otra de las pacientes de este piso, pero se me ha hecho extraño que últimamente se la pasa metida en la habitación de mi padre.

«¿Será que este par tiene su trompo enrollado?» sonrió de pensar en que Sonia pueda ser mi madrastra. Aunque no es mala idea que mi padre pase cada uno de sus días en plena tranquilidad, paz y armonía que ella le pueda brindar.

—¿Cómo se porta este par de cascarrabias? —interrumpo caminando en su dirección.

—¡Hola preciosa! —Saluda Sonia con un beso en la mejilla—. Conversando sobre tus pretendientes.

Pongo los ojos en blanco ante el comentario porque ese es un tema del que no quiero hablar. No tengo cabeza para tener ningún tipo de relación sentimental que no sea única y exclusivamente el amor hacia mi padre y mis amistades.

—Les informo que van a tener que cambiar de tema porque no estoy interesada en tener novio. —me encojo de hombros restando importancia al tema—. Solo tengo cabeza para mi profesión y la salud de cada uno de mis pacientes.

—Por amor a Dios pequeña, no puedes vivir aferrada a este viejo que pronto va a partir de este mundo. —se le cristalizan los ojos—. Además, quiero conocer a mis nietos.

—Claro que algún día los vas a conocer. —acaricio su cabeza y dejo un tierno beso en su frente—. Por el momento preocúpate por recuperarte y cumplir con las indicaciones del médico.

Seguimos la charla por un rato más hasta que veo que es hora de irme, me despido de los dos porque a mí parecer Sonia se va a quedar otro rato más con mi padre.

Busco en el locker mis pertenencias y salgo de la clínica, afuera me espera una leve llovizna y me regaño mentalmente por no traer paraguas. Camino por la acera hasta la parada de buses y espero con paciencia que llegue.

A mi alrededor se encuentran algunas personas que igual que yo también se encuentran a la espera del medio de transporte. Entre ellas logro reconocer un rostro familiar y que a la vez no quisiera que se diera cuenta de mi presencia.

Ismael fue mi novio por un año, la relación iba bien, pero a medida que pasaban los días no podíamos vernos con regularidad. A pesar de estar estudiando la misma carrera tratábamos de vernos lo más que podíamos, pero para él no era suficiente y en realidad yo prefería seguir avanzando en lo que me interesaba en ese momento.

Luego de nuestra ruptura, mi padre me dio por consejo que debía luchar por salir adelante y cumplir mis sueños, que no permitiera que el egoísmo de un hombre acabara con mis sueños y mucho menos le permitiera cortar mis alas.

Salgo de mis pensamientos cuando escucho su voz.

—¿Cómo estás, Sabrina? —una leve sonrisa se dibuja en su rostro—, días sin verte.

—Se puede decir que muy bien, gracias por preguntar. —respondo tajante, no queriendo seguir con la conversación.

—Me alegra saber que estás bien. —dice cabizbajo—. ¿Cómo sigue tu padre?

—Gracias a Dios mucho mejor. —me cruzo de brazos debido a lo fría que está la tarde.

Se queda en silencio, pero lo noto nervioso y seguro es que quiere decir algo más, pero no se atreve. A estas alturas lo único que le puedo brindar es una amistad y conversar de vez en cuando, siempre que tenga algún tiempo disponible.

—Sabrina quería preguntarte si algún día aceptarías una invitación para tomar un café. —arruga el entrecejo.

—Tal vez.

Intenta seguir con la conversación, pero en ese momento llega el autobús. Camino a grandes zancadas para subir antes de que él quiera tomar un puesto a mi lado. 

Afortunadamente, encontré un puesto dentro de los primeros y para cuando él se sube tiene que caminar hasta el fondo. Respiro hondo agradeciendo que fue así porque no quiero seguir conversando con él.

Una hora más tarde llego a mi destino y para cuando me toca bajar estaba cayendo un palo de agua. Corro hasta llegar a la entrada del edificio estilando agua por todos lados, parezco mojado e inmediatamente comienzo a estornudar y mi cuerpo a temblar.

«Maldición no puedo enfermar ahora no»

Saludo a Rogelio quien es el conserje del lugar e inmediatamente subo al ascensor para marcar el botón donde queda ubicado mi departamento.

Al llegar lo primero que hago es tomar la correspondencia que se encuentra en el buzón y como de costumbre llegan las facturas pendientes de pago. Las coloco sobre el mesón de la cocina y camino en dirección al baño quitando toda mi ropa para darme una ducha de agua caliente.

Cuando salgo me pongo mi pijama y voy camino a la cocina para preparar un té el cual voy a tomar junto a un antigripal, no tengo pensado enfermarme y mucho menos en este momento.

Con el té y las pastillas en mano me siento frente a mi laptop para empezar con las traducciones, al abrir el correo me llevo la gran sorpresa de que tengo por hacer 8 traducciones y estas son un poco largas, pero lo peor de todo es que deben ser enviadas para mañana antes de las 8:00 de la mañana.

«Bendita sea mi suerte»

Comienzo con la primera traducción tratando de hacerlo lo más pronto posible, necesito terminar todo este trabajo antes de la medianoche para poder desocuparme y tener tiempo de descansar algunas horas antes de que amanezca.

«Será una larga noche»

Con ese pensamiento sigo adelante por varias horas hasta que de un momento a otro mis párpados empiezan a pesar y me recuesto por un instante, con 10 minutos que lo haga puedo seguir y cerrando mis ojos me sumerjo en un sueño que no sé por cuánto tiempo va a tardar.

***

Despierto al escuchar un fuerte pitido, el sonido es tan agobiante y pienso que es despertador, al recordar lo que estaba haciendo doy un gran salto y verificando la hora en el computador me doy cuenta de que son las 2:00 de la mañana.

«Joder, no, me quedé dormida» mi celular sigue sonando y camino hasta mi bolso para revisarlo y ver de qué se trata. Al verificar en la pantalla me puedo dar cuenta de que es un mensaje de un número desconocido. 

Frunzo mi entrecejo queriendo saber que dice y al abrir el mensaje me quedo sorprendida con lo que dice.

“Sabrina, mi dulce doctora, no he dejado de pensar en ti desde que te vi

RE”

Mis ojos se abren como platos al reconocer las iniciales.

«¿Cómo demonios consiguió mi número?»… 

Chapter 4

Rodrigo

Después del pequeño infortunio que sufrió en el accidente finalmente me dieron el alta. Por fortuna mi amigo Aidan se encontraba de guardia en la clínica, pero no estarlo si es el director médico y puto dueño del lugar.

Antes de retirarme me quedé conversando con él sobre los próximos negocios que tengo en puerta. Le estoy muy agradecido por haberme contactado con un excelente abogado que no es nada más y nada menos que su hermano Ethan, ese hombre es un monstruo referente a leyes. Es frío y despiadado, no le tiembla el pulso a la hora de ejercer su labor.

Mientras seguimos conversando viene a mi mente la hermosa doctora Sabrina, me encanta esa antipatía de ella, sin hacer el mínimo esfuerzo logro que mi entrepierna se enloqueciera y eso fue algo totalmente extraño, nunca me había sucedido eso. Lo asocié a la medicación porque no logro entender como una mujer que nunca había visto en mi vida produjera esa reacción en mí.

No me creo la última coca-cola del desierto, pero tengo mis atributos y son muchas las mujeres que caen rendidas a mis pies. Puede que peque de vanidoso, pero esa es la realidad.

—¿Sé puede saber a qué se debe esa sonrisa de idiota? —pregunta mi amigo mientras se recuesta en el respaldo de su silla—. Un momento no me digas, ¿se debe a la doctora?

—Para qué te voy a mentir si es cierto. —masajeo mi sien—. Es la primera vez que una mujer llama mi atención de esa manera.

—Te voy a dar un consejo, es mejor que no se te ocurra molestarla. —saca su celular del bolsillo de su bata—. Esa muchacha tiene la vida vuelta un caos para que vengas tú a colocar la cereza del pastel. Ella no es como las otras, así que… —frunce el ceño mientras lee el mensaje—, ¿En qué estaba? Ya recuerdo, es mejor que te alejes de ella.

—¿Acaso le hice alguna propuesta? —me defiendo, pero recuerdo mis últimas palabras antes de que saliera de la habitación—. Mis palabras solo fueron una broma, no le veo el motivo a tu enfado.

—Es mejor que me hagas caso y dejes todo como está. —dice mientras anota algo en una de las recetas médicas—. Toma aquí tienes la receta para tus medicamentos y nos vemos dentro de 8 días, saludos a tu abuelo de mi parte.

Sin más nada que decir, nos despedimos con un estrechón de manos y salgo de su consultorio. Apenas estoy fuera, veo a una de las enfermeras que viene caminando a paso apresurado.

Por curiosidad me quedo parado a un lado y confirmar mis sospechas, la enfermera llega hasta la puerta y voltea de un lado a otro verificando que nadie la vea, pero para su mala suerte yo me he dado cuenta de ella y sobre todo del lugar al que se dirige.

«Aiden es un desgraciado, no aplica lo que tanto pregona ¿Dónde queda eso de no tener relaciones con su personal? Ese hombre nunca va a cambiar»

Veo entrar a la enfermera y cerrar la puerta tras de sí, quisiera quedarme para escuchar sus jadeos y tomaros infraganti, pero todo eso cambia porque mi celular empieza a sonar y al ver de quién se trata no tengo más remedio que contestar.

—Hola abuelo, respondo mientras camino hasta el ascensor—. ¿A qué debo el honor de tu llamada?

—¿Dónde carajos estás Rodrigo? ¿Te das cuenta de la hora que es? —espeta con molestia alzando la voz y tengo que retirar el celular de mi oído porque de lo contrario me va a dejar sordo—. ¿¡Acaso se te olvidó la reunión!?

—Lo siento abuelo, pero tuve un contratiempo que me impidió estar a la hora pautada. —soy sincero y además tengo como demostrarlo—. No te preocupes, voy en camino a la empresa.

—Más te vale que tengas una justificación a tu demora, no creas que soy tu payaso y que puedes reírte de mí cuando te da la gana.

Escucho que la llamada se corta y salgo de inmediato hasta la entrada de la clínica para parar un taxi y me lleve hasta la compañía.

«Bendito viejo gruñón»

Subo al primer taxi que pasa por la avenida y le indico la dirección a la que debe llevarme. Siento un leve dolor de cabeza y eso se debe al golpe que recibí en el accidente, por fortuna no pasó a mayores y la resonancia no arrojó nada extraño.

Al cabo de unos 20 minutos llego la gran Corporación Evans, le pago al taxista y prácticamente entro corriendo tropezando con algunas personas a mi paso. No me dio tiempo de disculparme con ellas y entro al ascensor para ir a mi oficina y cambiarme de ropa. Por gracia divina siempre tengo un cambio de ropa en caso de que se llegue a dar alguna emergencia y esta es una de ellas. Eso se lo voy a agradecer infinitamente a mi madre por ser tan insistente.

—Buenos días, Francia. —saludo a mi secretaria pasando directo a mi despacho sin prestar atención a lo que estaba diciendo.

En menos de 10 minutos ya estoy enfundado en mi pulcro traje negro, me peino y aplico un poco de perfume.

Al salir de la oficina se encuentra mi secretaria con unas carpetas en mano y se acerca para dejarlas sobre el escritorio.

—Señor Rodrigo, su abuelo, lo espera en la sala de juntas. —informa mientras me observa como bicho raro—. Estos documentos son los que debe revisar y deben estar firmados antes de las 5:00 por órdenes directas de su abuelo.

—Está bien Francia, muchas gracias. —toco su hombro—. Ahora me puedes decir ¿Qué tanto me estás viendo?

—Disculpe, señor, pero… es que tiene el labio partido y parte de su pómulo amoratado.

—No te preocupes, fue un pequeño incidente sin importancia. —sonrió recordando lo ocurrido—. Nos vemos en un rato si es que mi abuelo me deja salir vivo.

Arreglo mi saco y camino a paso firme hasta llegar a la sala de juntas, cuando estoy frente a las puertas de madera doy un respiro antes de atravesar las puertas del infierno.

—¡Buenos días! —saludo a los presentes—. Disculpe la tardanza. 

Mientras camino hasta mi puesto, varios pares de ojos no dejan de reparar en mí, menos mal y me pude cambiar si no sus expresiones faciales serían de terrón en vez de asombro.

Tomando asiento al lado de mi abuelo, este carraspea para llamar la atención de los presentes. En el proceso no deja de darme una mirada de advertencia como “me debes una explicación”

Se endereza en su silla y le da inicio a la reunión. En ella se tratan diversos temas y dentro de ellos el ascenso a la presidencia de la compañía.

Este es un tema que he querido abordar con mi abuelo desde hace mucho tiempo, sé que está pronto a jubilarse y yo quiero ser el que tome las riendas de la compañía. Cumplo con todo lo que se requiere para el puesto.

Pasadas dos horas finaliza la reunión, cada directivo va saliendo quedando en la sala mi abuelo y yo. No pierdo en recriminar mi falta de ética por haberlos hecho esperar tanto tiempo. Aprovecho la ocasión para darle una explicación sobre lo acontecido y a regañadientes aceptó mi explicación.

Antes de salir me hace una advertencia y me informa que dentro de unos días vamos a tener una reunión familiar en dónde se van a tratar temas de gran interés, pero sobre todo beneficiosos para la empresa.

Camino en dirección a mi despacho y empiezo a trabajar en la serie de documentos que tengo que leer y formar antes de que se haga la hora de entregarlos. Si no lo hago en el tiempo establecido, creo que esta vez mi abuelo no va a tener compasión de mí y me va a mandar a la quinta paila del infierno.

Las horas pasan y finalmente puedo decir que tengo listo el trabajo. Llamo a mi secretaria por teléfono interno para hacerle entrega de las carpetas y se encargue de dárselas a mi abuelo.

Veo la hora en mi reloj y me doy cuenta de que son las 4:40 de la tarde. Tengo tanta hambre que sería capaz de comerme una vaca si me la sirvieran, pero no sé por qué demonios llega a mi mente el rostro de esa hermosa doctora y me dan ganas de devorarla completa sin dejar un solo centímetro de su cuerpo por recorrer.

Salgo de mis pensamientos cuando la puerta de mi oficina se abre abruptamente dando paso a la mujer que acaba con mi paciencia.

—Lo siento, señor, no la pude detener. —se disculpa mi secretaria apenada por no poder evitar la llegada de Vanessa.

—No te preocupes Francia, vuelve a tu lugar. —le indico y esta cierra la puerta tras de sí.

—¿Se puede saber qué haces aquí? —le reclamo porque ella no debería irrumpir de esta manera en mi lugar de trabajo.

—¿Acaso no me extrañas pastelito? —pregunta en tono meloso que me va a hacer sufrir de diabetes.

—No te he extrañado para nada y te agradezco que no me vuelvas a dar ese apelativo ridículo. 

—Pero antes te encantaba que te llamara así, más cuando me la metías…

Levanto la mano para que haga silencio, no quiero escuchar sus berrinches y por eso debo poner las cartas sobre la mesa. El hecho de que me acueste con ella de vez en cuando no quiere decir que tengamos una relación. 

—Vanessa, ¿Cómo te explico que no puedes venir cada vez que te venga en gana? —me levanto de mi asiento para quedar frente a ella.

—No te enfades pastelito, sabes que tarde o temprano vamos a terminar siendo esposos. —se acerca hasta mí quedando a pocos centímetros de mis labios acariciando mi mejilla—. Nunca vas a encontrar una mujer mejor que yo, que te satisfaga como a ti te gusta y que además sea la madre de tus hijos.

«Gran error, nunca en la vida me casaría con ella y mucho menos será la madre de mis hijos» pero el culpable fui yo al follarme a la hija de uno de los socios de mi abuelo, ahora ella se cree con el derecho de querer imponerme ser su maldito esposo y todo para poder tener un mejor puesto en la sociedad.

Su padre posee una gran fortuna, pero no se compara en nada a la que tiene mi abuelo.

Salgo de mis pensamientos cuando de un momento a otro se abalanza sobre mí y lo peor del caso es que no me di cuenta en qué momento se desnudó quedando en una diminuta lencería color rojo que deja mucho a la imaginación. Ambos caemos al suelo y seguidamente la puerta se abre para darle paso al amor de mi vida.

«¿Qué puto karma estoy pagando?»

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Contrato Evans

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