Chapter 4

Para su fortuna, Chelsea pudo encontrar un taxi rápido y llegar a su casa con el tiempo justo solo para cambiar su ropa, el peinado y el maquillaje tendría que hacerlo dentro del coche, pero, no contó con que el tráfico estuviera imposible, llegó unos diez minutos tarde hasta las oficinas principales de Bullock&Company, pero, una vez más, la suerte estaba a su favor y el director ejecutivo no había llegado a las instalaciones. Justo cuando se encontraba hablando con una chica de recursos humanos llegó nada más y nada menos que el mismo Hugh Bullock.

—Señor Bullock, esta chica ha venido a la entrevista para la plaza vacante de asistente administrativo, pero su hijo no ha llegado aún.

—¿Cómo que mi hijo no ha llegado? Es inconcebible que a sus treinta años todavía quiera darse la vida de niño rico loco, tiene que madurar de una maldita vez —La chica de recursos humanos carraspea su garganta para llamar la atención del señor Bullock— perdóneme señorita, ya con esta edad no estoy para los dolores de cabeza de mi hijo, en ocasiones se me olvida que no debo refunfuñar delante de las personas, cosas de viejos, vamos, acompáñame, yo mismo te haré la entrevista.

Hugh Bullock era un hombre de cincuenta y siete años ya, a pesar de que heredó las empresas de su padre, siempre se mantuvo humilde y el dinero nunca le negó la visión la amabilidad; siempre fue un rasgo representativo suyo, a diferencia de su hijo arrogante. En cuanto escuchó sus palabras, Chelsea se puso nerviosa, una cosa era ser entrevistada pero, otra muy diferente era que el dueño de la empresa fuera el entrevistador; de igual manera, ella era una chica muy habilidosa e increíblemente dotada, había sido la mejor de su clase y graduada con honores, con su curriculum era prácticamente imposible que le negaran el cargo

Ella había estado trabajando desde que se graduó en una pequeña empresa por dos años, ya era hora de expandirse y ningún lugar era mejor para hacerlo que en Bullock&Company, por eso estaba allí. No habían pasado ni quince minutos y ya, el señor Bullock estaba decidido, ella ocuparía el puesto vacante. Si hubiera podido hacerlo, Chelsea habría salido de su oficina dando brinquitos y gritando a la vez, pero tenía que comportarse.

—Bienvenida a nuestra empresa, señorita Smith, será todo un placer para nosotros tenerla aquí.

—El placer es mío señor Bullock, muchas gracias por su atención, solo una cosa más ¿cuándo comenzaría a trabajar?

—Pues, si has venido preparada, ahora mismo esta es tu oficina —le dijo deteniendo el paso en frente de una amplia habitación con una iluminación increíble— así podrás ir organizándote, revisar los expedientes que hay pendientes, los contratos, es una empresa muy grande y, por tanto, tendrás bastante qué hacer, pero tómalo con calma hasta que cojas la marcha.

Chelsea estaba muerta del sueño y sin mencionar el cansancio corporal que tenía debido a la noche que había pasado pero, por nada del mundo iba a dejar pasar esta oportunidad. Sentía que ese era su día de buena suerte, a pesar de haber llegado tarde, nadie se dio cuenta de ello, la entrevista no pudo haber ido mejor y ya tenía su empleo asegurado, el empleo de sus sueños “¿Qué podría salir mal?” pensó ella.

—Por mí perfecto, siempre estoy preparada.

—Pues en hora buena, ahora debo retirarme, con su permiso —dijo Bullock antes de marcharse, dejando a Chelsea en la tranquilidad de su oficina.

Pasaron un par de horas en las que ella tuvo el tiempo suficiente para organizar un poco el lugar, luego tendría que traer algunas de sus cosas para darle un toque personal. Se sentó en su asiento detrás de su buró y se permitió unos pocos minutos para sentirse importante y orgullosa de sí misma, lo que había acabado de lograr tenía mucho mérito. Justo cuando pensaba revisar los contratos pendientes, tocaron a su puerta.

—Adelante —anunció para dar entrada a un chico con uniforme de repartidor que cargaba un enorme ramo de flores— ¡Oh no! debes estar equivocado, recién acabo de comenzar aquí.

—¿Eres Chelsea Smith? —preguntó él mirando los datos que tenía apuntados en su teléfono móvil.

—Sí soy yo —respondió ella completamente confundida.

—Entonces no estoy equivocado, estas son para ti —dijo, mientras se acercó y las dejó sobre su escritorio para luego marcharse.

Ella tomó el enorme ramo en sus manos, era tan grande que pesaba. No era un ramo de rosas convencionales, estaba lleno de lilas, azucenas, gladiolos, era precioso en realidad y tenía un olor increíble pero, no tenía idea de quién podía habérselas enviado, nadie sabía que ella estaría ahí, es que ni ella misma lo sabía, fue todo de improviso. Sin más tomó la tarjeta y la abrió, necesitaba quitarse la duda, su sorpresa fue gigante al leerla:

“Querida Chelsea:

Lamento mucho no haber podido asistir a nuestra cita ayer, no quiero que pienses que fue mi elección no presentarme, tuve una urgencia médica, me caí de las escaleras y torcí mi tobillo, tenía tantas ansias por conocerte que ni siquiera veía dónde pisaba. Recordé que hoy era un gran día para ti y envié estas, si todo fue bien, habrás recibido las flores y mis disculpas. Con cariño,

Fred”.

El corazón de Chelsea comenzó a palpitar muy rápidamente, en otras circunstancias habría estado rebosante de felicidad al leer esta nota, pero, ahora estaba entrando en pánico. Si Fred no había podido asistir la noche anterior a su cita ¿quién cojones tomó su lugar? ¿con quién se había acostado ella? Pasó toda la noche con un completo extraño, alguien a quien no conocía de nada, tuvo sexo con él, repetidas veces sin saber quién era.

“¡Dios mío! ¿Qué hice anoche? ¿En qué enredo me habré metido?”, esas palabras son todo en lo que ella puede pensar, las repite una y otra vez para sus adentros como si eso le fuera a dar la respuesta que está buscando. Eso no podía estarle pasando, no a ella, siempre ha tenido mucho cuidado en sus decisiones, es la típica chica que lo piensa todo dos veces antes de hacerlo para evitar las equivocaciones, pero claro, la calentura entre sus piernas tenía que haberle nublado el juicio. Si hubiese prestado más atención a los pequeños detalles eso no le habría sucedido, mientras más se pone a darle vueltas en su cabeza, más se va dando cuenta.

Cuando ese chico fue a pedirle un trago dudó antes de decir su nombre, no lo sabía y ella se lo dio demasiado rápido; luego, parecía no recordar lo que había estudiado cuando por el chat había hablado miles de veces sobre ese tema con el verdadero Fred y, por último, pero no menos importante, le sugirió que no hablaran más sobre los mismos temas del chat, fue la forma más inteligente de evitar que lo descubriera.

¡Ese tipo había sido un canalla! Le había quitado su derecho de decidir con quién acostarse, con quién irse a la cama, su derecho sobre sí misma y ahora se estaba sintiendo sucia. Necesitaba encontrarlo, necesitaba saber quién era ese impostor y acusarlo, acabar con él. Justo como si el universo hubiera estado escuchando sus pensamientos, sucedió algo que llamó su atención.

—Señor Bullock, ya tenemos nuestra nueva trabajadora, su padre acaba de contratarla —comenzó a escuchar la conversación y se limpió las lágrimas de rabia que corrían por sus mejillas, no importaba lo que había pasado, estaba en la empresa y tenía que comportarse como una profesional.

—¿Mi padre? —preguntó algo extrañado— Se supone que yo escogería el candidato para el puesto de asistente en administración ejecutiva.

—Pues sí, pero a su padre no le gustó que usted no estuviera aquí, así que el mismo lo hizo.

—Como de costumbre —masculló para luego soltar un bufido a modo de protesta— bueno, preséntemela. —Chelsea escuchó los pasos acercarse más hasta que llegaron, mientras ella fingía estar muy enfrascada en sus contratos.

—Señor Bullock, le presento a Chelsea Smith.

Esa era su entrada, así que alzó la vista para encontrarse delante de sus ojos nada más y nada menos al impostor al que tanto estaba maldiciendo hacía solo unos segundos. El juego acababa de empezar…

Chapter 5

Chelsea no era la única sorprendida en esa oficina, los ojos de Steven se abrieron como platos cuando se dio cuenta de quién era ella. Por unos segundos, los dos se quedaron completamente en silencio, la única diferencia era que ella estaba ansiosa por decirle miles de improperios, no le importaba que fuera su jefe, tampoco que recién había comenzado a trabajar ahí; mientras que, él no sabía cómo actuar, obviamente no tenía pensado volverse a encontrar con esa chica, simplemente había sido su excusa perfecta para no perder la noche en ese restaurante.

¿Cuál era la probabilidad de volverse a topar con ella en esa gran ciudad? New York era una locura y las personas caminaban a toda prisa por sus calles, era algo casi imposible, pero había sucedido. Después de unos escasos segundos, por fin Steven consiguió articular las palabras.

—Stephanie, déjanos a solas, necesito conversar con la señorita Smith —la chica lo miró extrañada, pero acató su orden sin problemas, cuando por fin estuvieron a solas, él se acercó un poco más al escritorio— Chelsea, yo…

—¡No te atrevas! —dijo ella en voz baja, pero con gran ira en su tono de voz, no quería provocar una escena— No se te ocurra decir ni una sola palabra, eres un cretino ¿quién demonios te crees que eres para llevarme a tu habitación haciéndome creer que eres mi cita, con la que vengo hablando dos meses antes de concretar esa cita ¡no soy una cualquiera!

—Bueno, a decir verdad, el hecho de que ni siquiera conocieras a ese hombre con el que hablaste por dos meses, me da a entender todo lo contrario.

—¡Eres un imbécil! No tienes ni idea de nada, ni te tengo que dar explicaciones, al contrario de ti y, te aconsejo que comiences a darme explicaciones o mi primera acción será salir de aquí e ir en busca de mi abogado para acusarte, no me imagino la repercusión que un juicio por robo de identidad, violación y sabrá Dios cuántos cargos más, tendrán sobre ti.

—¿Violación? Estoy seguro que no debo recordártelo, pero tú estabas disfrutando mucho anoche —justo cuando Chelsea se disponía a darle riendas sueltas a su ira, la llegada de una chica alta y estilosa la interrumpió.

—Corazón, ¿me puedes explicar desde cuándo tengo que yo que pedir permiso para venir a verte?

Era una mujer tan alta y delgada que parecía ser una modelo, no se podía negar que tenía mucha clase para vestir pero, Chelsea jamás se llevaría de forma más íntima con alguien así, lo supo desde que la vio llegar con sus tacones enormes y su cartera sujetada del pliegue de su brazo. Todavía no sabía muy bien qué era, pero algo en ella no le gustaba en lo absoluto y, para colmo, la novia del cretino de su jefe.

—Desde nunca —responde él escuetamente después que ella lo besa de forma casi obligada.

—¿Y por qué la recepcionista no quería dejarme pasar? —insistió ella.

—Porque estoy trabajando Larissa ¿no te das cuenta?

—No, de hecho, no te veo trabajando, sino conversando —dijo mientras le lanzó una mirada amenazadora a Chelsea, no hacía falta conocer el contexto para saber que algo estaba sucediendo entre ella y Steve, la tensión casi se podía palpar en esa habitación— por cierto, ¿quién es ella?

—Larissa, no empieces, es la nueva trabajadora, mi padre la ha contratado esta mañana —contestó Steve retirando el brazo que ella había colocado alrededor de su cintura, después de su ausencia en la cita que se suponía tendrían la noche anterior, él tenía ahora la oportunidad perfecta para quitársela de encima, ya venía molestándolo desde hacía varios días, pero no había tenido una excusa para dejarla— espérame en mi oficina, tengo que hablar contigo.

A decir verdad, a Chelsea le estaba costando demasiado trabajo contenerse de hablar, lo que más estaba deseando era soltarle todo lo que estaba pasando. Como si no fuera poco haberla engañado y acostarse con ella, ahora, el hecho de que él estaba en una relación amorosa lo hacía todo peor. Ese hombre con el que había estado no tenía ni una sola gota de escrúpulos o educación en su cuerpo, podía asegurar que era uno de esos fuck boys que solo velaban por sí mismos e iban de noche en noche en busca de alguna chica.

La situación ya era lo suficientemente incómoda para ella como estaba, ahora lo era el doble por tener que fingir que no conocía a Steve de nada, lo único que le causaba un poco de satisfacción era saber que él, al igual que ella estaba ahora entre la espalda y la pared, lo tenía en la palma de su mano, si tan solo decía unas pocas palabras, lo tendría condenado y de buena manera.

—¿Demoras mucho? —insistió la exhuberante mujer.

—No, solo unos pocos minutos.

—Está bien, te estaré esperando con una pequeña sorpresa —le dijo y comenzó a caminar desabrochando los botones de la blusa que traía puesta asegurándose de que él la viera. Cuando por fin volvieron a estar solos, Steve habló.

—Mira, no te niego que no estuvo bien lo que hice, pero es evidente que no puedes ir por la vida teniendo citas con personas a las que no has visto ni una sola vez, cualquiera podría aprovecharse de ti —dijo con una sonrisa maliciosa y provocativa, estaba claro que quería molestarla.

—No puedes estar hablando serio, es imposible ¿cómo mierda te atreves a decir algo así? Para que lo sepas bien, por mucho que me lo quieras meter en la cabeza, yo no tuve la culpa de las acciones que tú hiciste, tomaste las decisiones por ti solo, yo no te obligué a hacerte pasar por mi cita, eres un depravado, un cínico y sucio cochino y te lo voy a dejar bien claro, tengo miles de maneras de convertir el resto de tu vida en un infierno y acusarte es solo una de esas maneras, creo que las demás serán mucho mejores. No tienes ni idea de la guerra que acabas de comenzar y, solo para que lo sepas, no te pienso dar tregua, cuando termine contigo me estarás suplicando piedad —a medida que ella iba hablando a toda velocidad, él se fue aproximando más a su escritorio y ya tenía su cara a pocos centímetros de la suya.

—¿Ah sí? ¿con que esas tenemos? La chica bella de la barra me ha salido con garras afiladas, eso querré verlo, así que me esforzaré por que lo cumplas.

Ella no sabe la razón pero, algo en el ambiente la ha hecho cambiar de humor. De repente tienen sus rostros tan cerca que ella puede sentir el aliento a menta de él, el mismo que la estuvo besando hacía solo unas pocas horas; el olor a madera seca que tenía su perfume tampoco estaba colaborando mucho, era como una droga para ella. Todos los detalles de los que se estaba dando cuenta ahora, la hacían recordar la noche de desenfreno que recién habían tenido y todo el placer que sintió, eso sin mencionar que no salía de su cabeza que esa chica alta lo estaba esperando en su oficina y probablemente tendrían sexo como mismo ella lo había hecho; para su sorpresa estaba experimentando algo de celos, no quería que él le hiciera las mismas cosas, que sus manos tocaran a Larissa de la misma forma en que la habían tocado a ella. Hace un esfuerzo sobrehumano y recuerda por qué él estaba ahí hablando con ella en primer lugar.

—Pues, en ese caso, te daré justo lo que pides, pero te advierto, no te parecerá tan divertido como lo está siendo ahora.

—Por mí perfecto —dijo y le pellizcó suavemente uno de sus mejillas para luego detenerse justo cuando ya estaba en el umbral de la puerta—¡Ah! Por cierto Chelsea, solo una cosa más, no te confundas, esta es mi empresa y aquí, tú eres mi trabajadora y yo tu jefe, no te conviene estar en malas, nada ha pasado entre nosotros, nuestra relación será estrictamente profesional, espero que te quede claro…

Chapter 6

Mientras más conocía sobre ese hombre arrogante, más le costaba a Chelsea creer que era todo real. Le resultaba imposible que alguien pudiera ser tan arrogante y tan cretino, ella acababa de decirle que le haría su vida insoportable, lo amenazó con demandarlo de forma legal y tal parece que nada de eso parecía perocuparle. Al final había terminado Steve amenazándola a ella con su puesto de trabajo, dándole a entender que, si se atrevía decir algo, su empleo estaría en peligro, sin mencionar que le dejó claro que él era el jefe y ella la asistente ¿En qué mundo de locos estaba viviendo?

Por mucho odio que estuviera sintiendo, después de pensarlo un poco más con la cabeza en frío, decidió enfocarse en lo que mejor sabía hacer, trabajar. Tenía decidido que no iba a darle el gusto de llamar su atención o de expulsarla, si lo hacía todo de forma impecable, Steve no tendría más remedio que verla todos los días, si ella lo tendría que soportar, pues él a ella también.

Algo que todavía no podía entender era por qué cuando lo tuvo cerca todo en ella cambió, desde sus pensamientos hasta la complexión de su cuerpo. En el mismo momento en que sucedió no se dio cuenta, pero, ahora que había repasado cada detalle en su cabeza supo que su respiración se había agitado considerablemente, su boca se había secado por completo y sus rodillas se apretaron la una con la otra con mucha fuerza debajo de su escritorio, solo le hubiera faltado ponerse a tartamudear para parecer una completa tonta; esa era la forma en la que ella se estaba planteando su reacción. Lo que sí la dejaba completamente Sin una explicación lógica era el hecho de los celos que experimentó o, mejor dicho, los que estaba experimentando todavía por solo pensar en lo que pudieran estar haciendo Steve y Larissa en la oficina de él, ella no sabía que pronto sabría detalles sobre ello.

Steve salió de la oficina de Chelsea con una sonrisa dibujada en el rostro, era más que consciente de lo mucho que sus últimas palabras la habían molestado y, curiosamente, eso le daba una satisfacción increíble, acababa de descubrir que le gustaba cómo se veía el rostro de ella cuando estaba enfadada y la forma en la que intentaba ser una chica ruda también, aunque no le saliera en lo absoluto.

Su oficina estaba justo al lado de la de Chelsea, solo una puerta las separaba en el mismo medio de ambas, pero ella no lo sabía aún y él quería ser el primero en hacerlo así que, entró y cerró puertas y ventanas, por supuesto que Larissa se encontraba sentada en el centro de su escritorio ya con todos los botones de su blusa desabrochados dejando sus pechos al aire libre y con sus piernas abiertas de par en par sujetando con su mano sus bragas mientras jugueteaba con ellas.

Steve estaba dispuesto a terminar su relación con ella ese mismo día, por eso la había mandado a que lo esperara ahí, pero, algo en su interior le decía que molestara a Chelsea. Él era completamente consciente de que lo que estaba a punto de hacerla molestar, eso era lo que estaba buscando, había visto la influencia que tenía sobre su cuerpo al acercarse tanto a ella hacía solo unos minutos y, obviamente, todavía tenía que estar pensando en la noche que acababan de tener.

—Tú sí que sabes darme lo que me gusta cuando te conviene —le dijo a Larissa una vez le puso el seguro a la puerta— ¿no podías cerrar al menos las ventanas?

—No, no me importa que me vean, es más, me gusta, así tus trabajadores saben que soy una mujer capaz de darte lo que necesitas —dijo ella abriendo sus piernas aún más y pasando sus dedos por su sexo.

—¿Ah sí? —le preguntó él caminando lentamente hacia ella como si fuera un cazador y ella su presa— Anoche no me pareció eso, como nunca apareciste a nuestra cita —para cuando pronunció estas palabras, ya la había agarrado del pelo cerca de su nuca y había tirado de él con bastante fuerza hacia atrás dejando su cuello expuesto.

—Sabía que te molestarías, pero todo en esta vida tiene una razón de ser, además, por eso vine hasta aquí hoy.

—Pues más te vale que comiences a darme una excusa ahora mismo —dijo introduciendo de golpe dos de sus dedos en el sexo de ella logrando que un gran gemido se le escapara en ese momento, justo lo que quería.

No la estaba viendo, pero podía jurar que Chelsea estaría del otro lado pensando en diez mil maneras diferentes de llamarlo y ninguna de ellas era agradable. Por mucho que lo intentó no pudo contener su sonrisa, la estaba imaginando con sus mejillas sonrojadas al punto de prender fuego, sus labios gruesos arrugados de tanto contener la ira y la pequeña arruga entre sus dos cejas debido a la frustración de poder hacer nada. De un momento a otro, tuvo que sacudir su cabeza con disimulo para sacarse esos pensamientos ¿Qué le estaba sucediendo? Tenía a Larissa prácticamente desnuda enfrente de él y lo único que podía hacer era imaginarse a la chica con su ropa puesta que estaba en la habitación continua a la suya.

—Así, eso me gusta, si estos son los castigos que me esperan por hacer las cosas mal, tendré que continuar haciéndolas —dijo Larissa, mientras comenzaba a mover sus caderas hacia delante y hacia atrás a la misma vez que desabrochaba a tientas el cinturón y el pantalón de Steve. Moviéndose a toda prisa, introdujo su mano dentro de su pantalón hasta que encontró su miembro duro, lo que le hizo a él gemir de placer pensando que estaba así porque la deseaba, la pobre Larissa no tenía ni idea de que el único nombre que rondaba la cabeza de Steve era “Chelsea”. Comenzó a mover su mano alrededor de su miembro sintiendo los latidos del mismo en la palma— Entonces ¿debo seguir faltando a nuestras citas?

Del otro lado de la habitación se encontraba Chelsea, tal y como pensaba, esos dos seres despreciables estaban teniendo sexo sin que les importaba las éticas laborales en lo absoluto, eso era lo que se decía a ella misma para justificar el desagrado que estaba experimentando pero en verdad no era eso, eran celos, por más que se esforzara en esconderlos y en no aceptarlo, no había forma alguna de llamar aquello de otra forma.

En cuanto escuchó el gemido proveniente de él, no pudo más con la curiosidad, se acercó a la puerta que tenía a su derecha, hasta el momento no la había abierto, pensaba que se trataba de alguna especie de cuarto de desahogo para guardar más archivos pero, de ahí provenían los gemidos. Con mucho cuidado para no hacer ruido, giró el picaporte y, dejando solo una pequeña rendija, se asomó para encontrarse con una escena que le haría hervir la sangre.

No había pasado ni un minuto completo cuando la puerta hizo un chillido llamando la atención de Steve, la chica estaba demasiado concentrada en sus gritos como para escuchar nada más. A él no le hizo falta mucho más para saber que era Chelsea la que estaba espiando, así que, con una sonrisa maliciosa y un guiño de ojo, giró su cabeza hacia al frente y prosiguió en su tarea, lo que estaba haciendo había surtido el efecto que tanto estaba buscando.

—Si eso es lo que quieres… —dijo él dejando la frase a medias porque no hacía falta que la terminara, sus acciones hablaron por él, acto seguido, retiró sus dedos del interior de ella para penetrarla de un solo movimiento con su miembro consiguiendo que un grito se saliera de su boca. En ocasiones normales, le molestaba mucho esas exclamaciones de Larissa, le daban la impresión de que no eran reales, por eso siempre tapaba su boca pero, esta vez no lo hizo, quería que se escucharan los gritos a todas voces, esa era su misión principal. No dio tregua ninguna a la chica, comenzó a moverse muy deprisa y de forma fuerte, cada embestida era más enérgica que la segunda hasta que sintió que ella estaba cerca del climax, justo en ese momento se detuvo.

—Pero ¿qué haces?

—Demostrándote que las malas elecciones no se pagan con placer ¿En serio te pensaste que después de que me dejaras tirado como un tonto en ese restaurante de lujo yo iba a quedarme como si nada? Habían personas importantes en ese lugar, personas que me conocían y quedé como el hazmerreír, el tipo al que su mujer lo deja plantado en una cita, definitivamente no ibas a conseguir placer después de eso, al menos no de mí. Espero que después de esto te quede bien claro quién manda aquí, yo soy Steve Bullock, un consagrado empresario, un directivo importante —giró su cabeza hacia la puerta, sabía que Chelsea todavía estaba ahí— Yo soy quien mando aquí —volvió a mirar a Larissa— Ahora iré al baño y espero que cuando regrese ya no estés aquí —y sin más se marchó de la habitación dejando a las dos chicas boquiabiertas.

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