Definitivamente me lastimó la espalda, si Minerva estuviera aquí me haría algún ungüento para que sane, una vez que termino mi baño entro al vestidor y maldigo nuevamente.
“Esto no puede ser ¡¿acaso compartiré habitación con ese idiota?!”
En la mitad esta mi ropa, y en frente la de él.
Me colocó un vestido largo, blanco, toda mi ropa lo es. Me miró al espejo y Sonrió al recordar el motivo.
“Kasumi, mira todo lo que hice para que me mirarás, necesito tanto tus abrazos, te extraño demasiado, mi Kasumi”
— ¿Quién mierda es Kasimi? — La voz a mi espalda suena fría, Diosa ¿este hombre vive enojado?
— ¡Kasumi! ¡Es Kasumi! — Lo corrijo de inmediato.
— Y me importa una mierda como se pronuncia ¡¿quién es?!
— Mi mejor amigo. — Digo levantando los hombros, restándole importancia.
— Si claro, tu mejor amigo y por eso te vistes siempre de blanco, todo porque una vez te dijo que era su color favorito.
— ¡Deja de meterte en mi cabeza! — Este hombre se volvió loco, entró en el vestidor y comenzó a tirar toda mi ropa.
— ¡¿Qué haces?!— por la Diosa está rompiendo toda mi ropa.
— ¡Todo es blanco! ¡Maldita puta!
“¡Como se atreve a llamarme de ese modo, cuando ni siquiera sé lo que es besar!”
Estaba tan furiosa que quería matar a este Lobo.
Y así como es de volátil el temperamento de estos seres, el hombre que en un segundo estaba tirando y rompiendo mi ropa, en el siguiente lo tenía encima de mí sujetando mi cintura con una mano y con la otra mi rostro.
— ¿Así que nunca te han besado? — El brillo en sus ojos me asustó, no lo voy a negar, nada me preparo para lo que pasaría, o solo era yo que me rehusaba a besar otros labios que no fueran los de Kasumi.
Anuk me besaba, con un claro conflicto, sentía como una parte de él, una muy pequeña quería hacerlo, y el resto de él odiaba lo que estaba haciendo, trataba de abrirse paso en mi boca, mientras yo me resistía.
“Kasumi, si solo fueras tú.”
Algo me empujó, haciéndome volar y cayendo sobre la cama, mientras un lobo de pelaje gris, con manchas blancas y negras aparecía frente a mí, a los pies de la cama. Sus ojos rojos me dejaban ver lo furioso que estaba.
“¡Cómo te atreves a pensar en otro hombre! ¡Tú ERES MIA!”
El gritaba dentro de mi mente, mientras el gruñido del animal retumbó en la habitación, de tal manera que mis oídos dolían.
No quería, pero fue así, mis ojos se llenaron de lágrimas, y estas comenzaron a caer, ¿acaso me mataría?
— ¿Qué quieres que haga? ¡No te conozco! solo sé que me odias, rechazas y no entiendo ¡¿por qué?! Desde que te vi, me has golpeado y humillado ¡¿qué pretendes?!
A pesar de la situación no le tenía miedo al enorme lobo que ahora me miraba enojado, sabía que podía matarme de un solo movimiento, pero aun así no aparte mi vista de sus ojos, que cambiaban de color de rojo a marrón y luego a ámbar.
“Pediré que te traigan ropa, a partir de hoy no usarás nada blanco. Ahora sal de aquí.”
No espere a que me lo repitiese, y salí de esa habitación.
Kasumi
El hombre de piel amarillenta, cabello negro, sumamente alto y de descendencia asiática se debatía entre lo que quería hacer y lo que debía. Desde su nacimiento Kasumi, fue elegido y entrenado para ocupar un lugar entre los Venatores lunae, o cazadores de la luna, un grupo selecto de humanos que tienen sus orígenes hace más de dos mil años.
Si bien en un principio los hijos de la luna, como se conocían a todos los seres sobrenaturales en aquel entonces, vivían en armonía con los humanos, todo cambio el día que a los hombres lobos se les designo una pareja eterna, un mate lo llamaron, pero la Diosa luna y la ninfa que realizo el encantamiento no tuvieron en cuenta que muchos de ellos ya tenían parejas, en su mayoría humanas y al encontrar a sus mates, simplemente las abandonaban, fue entonces que dolidos por su abandono dejaron caer una maldición sobre la que ellos suponían era la única responsable de su dolor, aquella primer bruja, la supremas de todas, Yunuen, la que desprecio al lobo enamorado y ocasiono que el lobo dolido pidiera enamorarse de alguien más, a como diera lugar, fue por esa razón que realizaron aquel ritual, para condenar el amor de Yunuen y Travos, pero provocaron algo más, los vampiros y brujos que eran libres de elegir pareja, se vieron malditos o bendecidos de igual manera, dependiendo del lado que se lo vea, a los brujos también se les designo una pareja eterna, media alma la nombraron, una persona que al encontrarla los completaba, los vampiros por otro lado la nombraron Noloshayda, que significa mi vida, algo que estos seres casi no poseían. Vida.
El humano sin comprender el gran poder de aquel ritual solo se condenó a más dolor, los que eran solo un puñado de personas rechazadas por los hombres lobos se convirtieron en cientos y luego en miles, al verse afectados los vampiros y brujos también, y como todo ser al que se le rompe el corazón, estos buscaban venganza, disfrazada de justicia, fue así que surgieron los Venatores lunae, hombres y mujeres a los que se los entrenaba para enamorar y segar de esta forma a los seres sobre naturales, para que cuando bajaran la guardia pudieran matarlos, arrancar sus corazones y de esta forma evitar que más humanos cayeran bajo sus encantos. Pero Kasumi se encontraba en un dilema, el realmente estaba enamorado de Aysel, lo que había comenzado como una misión se convirtió en algo más.
— Debe de a ver algo que pueda hacer para salvarla. — dijo una vez más con la desesperación creciendo en su corazón.
— No, ya te lo hemos dicho, ella esta maldita, por más que parezca una humana ordinaria no lo es, un poder muy grande radica en su interior, entiende hijo. –su madre hablo con suplicas en sus palabras.
— No, son ustedes los que no entienden, ella es tan buena y delicada, su única maldición es tener la familia que le toco.
— Realmente la amas Kasumi, ¿aun viendo lo que es? — pregunto incrédula su madre.
— Yo veo su alma, no lo olvides, ese es mi poder, no me importa como se ve por fuera, su físico o sus defectos, ella tiene el alma más blanca y brillante que jamás allá visto. – enfrento con hechos los dichos de sus mayores y es que era así, Kasumi veía a Aysel como todos los humanos a su alrededor, fea, pero él tenía el poder de ver el alma y la de la joven era la más hermosa que jamás había visto.
— Seguiré buscando información, pero entre nuestra gente se dice que solo un cazador en todos estos años se enamoró de su presa, una vampiro, una de las antiguas. – su padre llamo la atención con lo que decía.
— Y ¿Qué sucedió? ¿Pudo salvarla? – pregunto con toda esperanza de que así fuera.
— No, un hijo de la luna nunca podrá dejar de serlo y él lo sabía, tomo la decisión correcta. — dijo dejando ver que el cazador había matado a la mujer que amaba, esa vampiro llamada Levana, claro que su padre no le conto que el joven cazador luego de cumplir con su misión se había quitado la vida, omitió esa parte de la historia, solo por temor a que su hijo reviviera aquella leyenda, el cazador enamorado de la vampiro.
El joven salió más molesto de lo que había llegado a la vivienda en la aldea, una vez que Aysel se fue a su viaje, el decidió volver a su hogar lejos de la ciudad con el solo propósito de buscar información válida para presentar al consejo de cazadores y así poder salvar a la joven, esa niña que pronto la vio convertida en mujer y de la que se había enamorado con locura, esa misma a la que él debía matar.
Su teléfono móvil vibro en el bolsillo de su chaqueta, y al revisarlo lo único que vio fue una ubicación, Aysel le había enviado su ubicación y eso solo quería decir una cosa, la joven estaba en peligro.
Sin impórtale nada más que su amiga y amor platónico, salió de aquella aldea con la única determinación de ir por ella y dejarla en algún lugar a salvo, no permitiría que ningún lobo la reclamara como propia, y no le importaría enfrentar a la familia de Aysel, si su único temor era que ella fuera mortal él no veía problema alguno en ello, después de todo el humano nace, crece y muere, así debía ser, y él se aseguraría que Aysel compartiera esa vida mortal con él y nadie más.
AYSEL
Esto es sumamente incómodo, siempre usé vestidos y faldas, ahora por orden del Alpha tengo que vestir unos vaqueros sumamente apretados y lo que supongo debería ser una camiseta.
“¡Maldición! Esto no cubre nada, ¡¿acaso lo hace apropósito?!”
— ¡Hey! ¿Ahora que te sucede?, no me dejas concentrar con tanto grito. — definitivamente vive enojado.
— No estoy gritando, es tú culpa por estar en mi mente. — le respondo desde el interior del vestidor.
— Sal, y dime cuál es el problema, quizás así logré que bajes el volumen de tus pensamientos. — Abro la puerta del vestidor, salgo y el idiota me mira embobado, genial, ¿acaso nunca vio el abdomen de una mujer?
— ¿Qué rayos haces con eso? — y nuevamente el lobo está enojado.
— Es lo que me dejaron para que me cambiara, no puedo salir así, esta camiseta no cubre nada más que mis pechos, yo no puedo vestir así, ¡¿sabes lo que puede pasar?!
— Claro que no, mi mate no saldrá... ¿a qué te refieres con lo que puede pasar?
— Soy una hibrida, no soy inmortal, pero si tengo genes de mi familia. – trato de explicar lo lógico.
— ¿Cabello blanco de bruja? — Idiota solo se fija en eso.
— Sí, piel pálida como Vidar, creo que ya te disté cuenta que mi carácter es de Fenrir, pero también tengo genes de ninfa, mientras más piel tenga expuesta los hombres más enloquecen. – esa es la razón por la que siempre me mantuve debajo del conjuro de Minerva.
— No te lo creo, no hubieras podido vivir entre los humanos tanto tiempo sin ser atacada si ese fuera el caso, los hombres tienen mentes retorcidas y toman a las mujeres por las buenas o las malas. — es la primera vez que habla y no ladra, que novedad.
— Minerva tenía un hechizo de fealdad en mí, jamás nadie se me acercó, solo Kasumi. Él solo veía que era una buena persona, nunca se dejó llevar por la apariencia. — De pronto mi voz suena melancólica y sé que es por el recuerdo de mi amigo. Lo extraño tanto.
— Acaso no tienes una amiga de quien hablar que siempre buscas nombrar a ese kison . — y nuevamente vuelve a ser desagradable.
— Kasumi, y no, ya lo dijiste los humanos son seres despreciables o en su mayoría, yo solo tenía a.… ya no importa, ¿podrías conseguirme otra cosa? Por favor.
En ningún momento de la conversación mire sus ojos, me sentía rara después del beso forzado, no sabía cómo actuar frente a él y no quería que escuchara que pensaba en ese que fue mi primer beso, obligaba a mi mente a pensar en otras cosas.
—Toma una de mis camisetas, mañana pediré que te compren ropa decente, aunque no porque lleves sangre de ninfa, aquí ningún hombre lobo te mirara más que con asco, solo porque no quiero que mi mate muestre lo que es solo mío.
— Tú.... no pienso seguir tu juego. — no gastare energías en él, solo me mantendré lejos y listo.
Me fui directo al vestidor y luego de cerrar la puerta busque la remera más pequeña que tenga este idiota, pero todo fue en vano, me quedaban como vestidos, en fin, tampoco es que fuera a ir a algún lado.
Baje en busca de señales de la cena, mi estómago pedía algo de alimento y así llegue a la cocina.
— Hola. — salude a la que supongo es la cocinera, una mujer joven que me miró de mala manera y empecé a entender que viviría en un infierno en este lugar.
— ¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres? — La loba de cabello castaño, destilaba hostilidad por cada poro de su piel. Sin embargo, mantengo mi voz tranquila.
— Quería saber si falta mucho para la cena.
— ¿Acaso crees que cocinare para ti?
— Mmm, ¿no será así?
— Yo solo cocino para el Alpha, Beta y Delta, nada más, jamás le cocinare a una bruja, además Anuk dijo que te ignoremos, tú no eres más que basura en este lugar.
Toda mi vida las personas me trataron mal, ya que el hechizo de mi abuela consistía en mostrarle a cada persona lo que más repulsión le generaba, granos, sobrepeso, etc.… pero el hecho que te humillen diciendo que no eres más que basura no se compara con nada, mi corazón duele, como si una daga fuese enterrada en él.
— En ese caso no te importará que me cocine, o ¿es que también prohibió que me alimentara? — mantengo mi voz tranquila, ella no me vera llorar, eso jamás.
— Haz lo que quieras, yo ya terminé. — La lobita se lleva lo que supongo es la cena para esos tres, y yo busco todos los ingredientes que necesito, gracias a la Diosa luna que hice un curso de cocina.
Al cabo de 15 minutos esto ya está listo, acomode todo sobre la mesada y estaba a punto de comer cuando Anuk entro en la cocina.
— ¿Qué haces aquí?
— Voy a cenar, ¿acaso no lo ves?
— Ven al comedor, tengo que presentarte con mi gente... ¿Por qué tu comida es diferente?
— Tu cocinera dijo que no cocinará para mí, a no ser que en tu mente retorcida quieras matarme de hambre me hice la cena. — Se acercó y vio lo que había en mi plató.
— ¿Sabes cocinar? — el asombro en su voz fue como un insulto para mí.
— Claro que se cocinar, tengo un diploma y todo. — Dije llena de orgullo, que vea que no soy una inútil. En sus ojos veo destellos color ámbar, creo que su lobo quiere tomar el control y no sé si eso es bueno o malo.
— Trae tú plato y ven. — por lo menos no me grito.
Llego al comedor y veo como hay dos hombres igual de jóvenes que Anuk, aunque sé que es solo la apariencia física, ellos deben tener cientos de años, aunque aparentan ser jóvenes de 20 años como mucho.
— Luna. — Un joven moreno se levanta y saluda formalmente.
— Kalu, ella no es nuestra luna, es solo mi mate. — contesta el Alpha poniendo los ojos en blanco.
— Anuk, tu mate es nuestra luna, y lo sabes. — me cae bien este muchacho.
— No discutiremos por eso, Aysel, ellos son Kalu mi beta y Kio mi delta.
— Hola. — dije mientras movía mi mano y mostraba mi mejor sonrisa, toda una niña bien portada.
— Luna, por fin estás con nosotros.
— Eres muy linda luna. — Kio me cae mejor, aplaudí en mi mente, quizás no estaría tan sola y podría tener amigos.
— Kio, mejor quédate en silencio. — parece que Anuk solo me grita a mí, hasta el momento no le ha gritado a nadie más.