— Veamos, el ducado Booz, posee dos hijos, Osiel el mayor y Kuno el menor, se dice que son diestros con la espada, pero claro que ninguno es tan bueno como el duque White. — mientras Iris hablaba, tomé pluma y papel y comencé a enlistar posibles opciones.
— ¿Qué se dice de la duquesa? No me gustaría enfrentar a una mujer celosa del querer de sus hijos, ni nada problemático. — definitivamente queria una vida fácil y tranquila, más luego de todo lo que he padecido.
— Ella si será un problema, no es por feo que el joven Osiel esta soltero, la duquesa es realmente… insoportable, con las jóvenes que su hijo a intentado cortejar.
— Ya me parecía que por algo aún estaban solteros. — los tache de mi lista sin demora.
— El marques Moreau tiene un hijo ya en edad de casarse, dicen que es muy guapo, creo que su nombre es Edur.
Iris era buena con la información, ya tendría que ser yo, la que luego ideara algún encuentro casual para ver sus rostros y tratar de saber quién era el mejor para mí, antes que padre interfiriera, en el fondo temía que su visión de lo que sería bueno para mí, no sea lo que yo tengo en mente, ya que los lobos pocas veces encuentran a su verdadera pareja y la marcan, más bien se conforman con una buena compañera que pueda darles hijos, el amor en estos lados no era algo de ver comúnmente, hasta ahora sabía que solo el rey y el duque White fueron los únicos dos afortunados de encontrar a sus compañeras verdaderas y sin perder tiempo las marcaron, el duque incluso lo hizo siendo la duquesa una humana convertida en esclava, no le importo enfrentara a todo el reino por ella y yo, deseo un amor como el de mis padres, no una simple productora de crías.
— ¿Está cansada mi lady? — Iris confundió mi suspiro de romance con uno de cansancio, pero no pensaba sacarla de su confusión.
— Un poco, no sabía que había tantos duques, marqueses, condes y vizcondes…
—Y el príncipe.
— ¿Disculpa?
— Nos faltó el príncipe heredero en su lista, el príncipe Marko Goldeblack, heredero al trono de Joako. — para cuando Iris finalizo su presentación, a la cual solo le hacía falta hacer una reverencia al aire de lo exaltada que estaba, yo aún estaba muda.
— No puedes hablar en serio, creí que habíamos llegado a un acuerdo Iris, no nos sabotearíamos de ninguna manera. — espeté cuando al fin pude hablar.
— Pero ¿a qué se refiere señorita?
— ¡El príncipe está loco! — solté un grito de pura frustración, en verdad, pensé que las cosas entre nosotras estaban mejorando, pero ella al parecer me quiere muerta.
— Señorita, la pueden matar por solo pensar eso. — susurro con apuro y yo solo la vi con seriedad. — El príncipe solo esta… un poco alterado por todo lo que vio en la guerra, además la presión social sobre él cada día es mayor, ya que el rey no está bien de salud y pronto deberá ascender al trono, solo necesita una esposa a su lado para poder hacerlo, podrían colaborar mutuamente, quizás si le propone al príncipe Marko apoyarlo cuando asuma como rey, el amor surja entre ustedes…
Iris comenzó a desvariar como si mi vida fuera una novela para jóvenes señoritas, enamoradas de la idea del amor, mientras yo… veía la posibilidad de vengar a mi pueblo, que mejor que provocar la caída del reino que casi nos extermino, después de todo, es imposible que yo siendo una bruja, encuentre el verdadero amor en tierra de lobos, donde solo he recibido desprecio y eso que me creen humana, ¿Qué me harán si se llega a saber que soy bruja?
Y fue así, como el nombre de Marko Goldeblack, príncipe del reino de Joako, llego a mi lista, paso de estar en último lugar a encabezarla, esta vez seria la bruja quien salga a cazar al lobo.
Dos días pasaron desde que Eleonor había despertado, comportándose diferente incluso con quienes aún la trataban mal, algo que ahora era de conocimiento para los jóvenes White, pues ellos habían permanecido atentos a cada cosa que Eleonor hacía, más luego de escuchar la conversación que esta había tenido con su sirvienta, fue de este modo, como fueron testigos que el cocinero y demás empleados saboteaban los alimentos de la joven, mientras a ellos se les enviaba carne, frutas, verduras y pastas de excelente calidad y por supuesto siempre frescas, para la supuesta señorita White no era así, y aunque Iris trataba de compensar la falta de los demás sirvientes, incluso cediéndole su alimento, tampoco era algo muy digno lo que Iris consumía, porciones pequeñas y no tan sazonadas o frescas como lo eran la de los señores White.
— Padre. — Emir no sabía cómo abordar el tema de Eleonor, sabía que su padre se enfadaría si él o su hermano confesaran que habían estado espiando a Eleonor, aunque esto dejara al descubierto los malos tratos a los que era sometida en la mansión.
— ¿Qué sucede? — parecía ser la pregunta predilecta de Elías, pues sabía que sus hijos no lo molestarían en su oficina por alguna tontería.
— Escuche… algún comentario de que piensas desposar a Eleonor. — debería decirle lo de la mala alimentación de Eleonor, pero no fue eso lo que salió de su boca, su subconsciente lo había traicionado, pues la promesa del duque también ocupaba su cabeza, haciéndose una preocupación cada vez mayor.
— Es lo mejor, ustedes no la quieren aquí, y como tú le aseguraste a tu hermano, ahora hay más probabilidades de encontrar a Felicia, entonces… no veo la razón por la que debamos conservar a Eleonor. — el enojo recorrió el cuerpo de Emir, una sensación de molestia se instaló en su pecho, y sin desearlo sus ojos dejaron de ser negros para darles paso al verde tan característicos de los lobos White.
— Entonces solo la desecharas, ahora que ella deja de ser útil. — especto furioso, pero aun así logrando contener sus colmillos que pedían salir, para los White, así como para cualquier noble, el tener el control de su parte animal era fundamental.
—Desechar no, buscarle un buen lugar, diría yo, Eleonor se ha cansado de ustedes… y de mí, debo reconocer que el no tener a tu madre a mi lado me afecto más de lo que me gustaría reconocer, el no poder demostrar mis sentimientos hacia mis hijos, es una barrera que creo jamás podre derribar sin mi compañera, no veo la razón por la cual Eleonor deba seguir pagando nuestro desinterés por ella, después de todo, sin importar que sea humana, necesita alguien que la quiera y la procure, yo no sé cómo demostrar aprecio y ustedes… nunca le dieron una oportunidad, el doctor dijo que ella empeorara si el estrés continua, y no me gustaría verla perecer de pena en este lugar, al menos merece ser feliz y si está en mis manos conseguirlo, claro que lo hare, buscare el mejor hombre para ella. — Emir quedo en silencio, su padre queria a esa humana, solo que no sabía como demostrarlo, para ellos eso no era problema, pues al ser familia y compartir sangre, podían oler el amor de su padre para con ellos, pero no era el caso de la supuesta humana.
— Debo reconocer… que quizás a lo largo de los años le tome aprecio a esa humana. — el orgullo, ante todo, se dijo Elías, comprendiendo que su hijo sería tan cerrado como él en demostrar sus sentimientos si no encontraba pronto una buena pareja. — Por lo que sí, la decisión de mi padre se mantiene y ella pronto dejara nuestro hogar… me gustaría compartir los almuerzos de ahora en adelante, todos juntos. — Para los nobles, el almorzar en familia no era algo común, la mansión era tan grande y cada uno tenía diferentes ocupaciones, por lo que siempre almorzaban o cenaban solos, de la misma forma en la que Eleonor lo ha hecho durante 10 años, por lo que el pedido de Emir llamo la atención de Elías.
— No sé si tu pedido es porque en verdad aprecias a Eleonor, o si tu lado animal te esté manipulando. — advirtió pensativo Elías, pues no podía olvidar que los lobos eran posesivos, incluso con aquello que al parecer no querían, era una cuestión animal, adueñarse de todo y una vez que lo reconocían como propio, era muy difícil que lo dejaran ir.
— Es simple agradecimiento a la humana que le regreso las ganas de vivir a mi padre. — Emir no reconocería jamás, que para él también fue un bálsamo el hecho de que una pequeña niña llegara a la mansión, al menos la ausencia de Felicia no se sintió tanto.
— En ese caso, me parece un esfuerzo mínimo a tanto que ella ha hecho por nosotros, tienes mi autorización para hacer lo que creas correcto para la familia.
— Entonces si te parece, avisare que sirvan el almuerzo en el comedor.
Emir no perdió tiempo, y dio las ordenes pertinentes, mientras que Cameron lo observaba en silencio, hasta que no pudo con su genio.
— ¿Qué haces? acaso no le informaste a padre de lo que el cocinero y la servidumbre hacen a nuestras espaldas con la humana. — si bien Cameron también estaba indignado con lo que habían descubierto, era aún más terco que su hermano mayor para pedir disculpas, más cuando se trataba de la humana.
— No pude hacerlo sin dejar al descubierto que hemos estado espiando a nuestra hermana.
— A la humana. — corrigió Cameron y Emir lo vio raro.
— Eso dije. — refuto el peliblanco.
— Mejor dime que está pasando. — no entraría en una discusión sin fin con el mayor, ambos eran tercos y si Emir no reconoce a lo primero su error no lo haría jamás.
— Es hora de almorzar, ni el cocinero, ni la servidumbre podrán cambiar lo que le iban a servir a Eleonor. — una gran sonrisa se impuso en el rostro del menor y casi dando saltos de felicidad, fue por la humana.
— ¿Qué quieres? — para ellos, no había sonrisas ni voz suave, Eleonor no pensaba gastar más sus energías en los White, solo resistiría lo suficiente como para seducir al futuro rey Alpha.
— Padre ordeno que a partir de hoy almorzaremos en el comedor, todos. — la pelinegra observo la felicidad que el rostro de Cameron desbordaba y suspiro resignada, seguro y la regañarían por algo, aunque en dos días apenas había salido al jardín, no recordaba haber generado algún problema.
— Bien… — comenzó a decir tratando de pensar alguna excusa que la librara al menos por hoy de ver el rostro del Duque, seguro y continuaba enojado con ella.
— Ahora. — y sin más Cameron extendió su brazo, en señal de que sería él quien la escoltara al comedor.
— Debería… — con duda y un poco de temor Eleonor vio el brazo de Cameron, la única vez que la joven se atrevió a tocarlo, era apenas una niña y fue a dar al suelo del golpe que este le asesto, gritando que jamás se atreviera a tocarlo. — Pedirle a Iris que…
— Toma mi brazo Eleonor, no te lo estoy preguntando y no lo repetiré, yo te escoltare al comedor. — su voz, su postura y como poco a poco su sonrisa se desvaneció, más parecía que la llevaría a los calabozos, en lugar del comedor.
— Recuerda que tú lo estas ordenando. — susurro con miedo de ser golpeada y Cameron dejo salir un suspiro pesado.
— Siento lo de esa vez. — no la vio a la cara y mucho menos hablo con claridad, más bien fue un murmullo apresurado y casi forzado, pero Eleonor lo escucho.
— Ya lo había olvidado. — mintió con descaro, aun así, con mano temblorosa tomo el brazo de Cameron y comenzó el recorrido al gran comedor.
Mientras sus pasos avanzaban su mente divagaba, los pasillos estaban decorados con pinturas de la familia White, Elías, Cameron, Emir y por supuesto la pequeña Felicia, ella realmente nunca perteneció a ese lugar, se recordó con melancolía de alguna vez creer que podria tener una familia de lobos.
— ¿Por qué esa expresión? — consulto Cameron y solo entonces Eleonor descubrió que él la había estado mirando.
— Contemplaba los retratos, son una familia muy hermosa a la vista. — respondió sin ánimos de ofender, pero siendo honesta, los podrían pintar sonriendo y con mejillas sonrosadas, pero ella conocía sus caras de amargura y sus ojos lleno de desprecio, eran muy lindos de observar a la distancia, mas no de conocerlos.
— Creo que hace mucho solo somos una manada, un grupo de lobos conviviendo, solo para sobrevivir, mas no para ser felices. — diez años Eleonor espero una conversación así sea simple con algunos de los jóvenes White, diez años donde solo le huían o increpaban con gritos y desprecio y ahora que sus días estaban contados, Cameron bajaba la guardia, irónico, se dijo.
— Pronto serán una familia, todo regresara a cómo debería hacer y las cosas desagradables desaparecerán. — concluyo regalándole una sonrisa y Cameron sintió la amargura en sus palabras, pero no pudo decir nada ya que habían llegado al comedor.
— Eleonor ¿Qué es lo que traes puesto? — indago el duque y la joven sonrió antes de tomar asiento, aun sorprendida porque sea Emir quien corriera su silla.
— Un vestido padre. — respondió con simpleza, ya se había acostumbrado a la ropa remendada de mala gana por Iris, aunque ahora le pusiera más empeño.
— Pero… eso esta viejo y desgastado. — dijo Emir ¿Cuándo fue la última vez que alguno de ellos se molestó en verla al completo? No lo recordaban, siempre ponían su atención en sus ojos verdes como esmeraldas o en su cabello tan oscuro como noche sin luna, atrapados quizás por la palidez de su rostro de tanto arresto domiciliario que cumplía.
— Gracias por recordármelo joven maestro. — Rebatió molesta la joven, y Emir apretó la quijada ante la distancia incluso en palabras que Eleonor empleaba.
— Si no puede llamarme hermano mayor, al menos llámame por mi nombre, has vivido con nosotros por 10 años, ¡no puede tomar esa postura, como si fuéramos desconocidos! — el Duque tuvo que golpear la mesa con su puño, para que Emir controlara su tono de voz, al menos frente a él no permitiría que Eleonor fuera maltratada.
— Creí que podríamos almorzar tranquilos, como familia. — advirtió el mayor y Eleonor se removió incomoda, la joven no creía que aquello lo hicieran por su bien ni, aunque se lo dijeran, para la joven bruja, todo estaba igual, siempre buscarían algo con que molestarla o incomodarla.
— Lo siento padre… — comenzó a disculparse, como siempre pero el duque levanto una de sus manos para silenciarla.
— No es tu culpa. — y acto seguido clavo sus ojos en Emir, quien respiro con profundidad antes de ver a Eleonor.
— Disculpa mi arrebato, y sé que si me llamas de ese modo es porque yo lo he solicitado, pero… olvídalo, solo disculpa mis modales, no son propios. — era más de lo que ella esperaría de Emir, sin lugar a duda.
— No es nada. — admitió feliz de la vida de que, al fin, por primera vez uno de ellos se disculpara de manera formal.
— ¿Por qué llevas eso puesto? ¿acaso el vestuario de mi hija es tan costoso que su mesada ya no alcanza? — Eleonor quiso beber un poco de agua, para pasar el nudo que se le estaba formando en la garganta, pero al ver su copa, observo migas de pan flotando en el agua, por la que la dejo de inmediato.
— No es eso padre, mi mesada me fue retirada hace un año, como castigo a algo que ya no recuerdo que hice, pero tu orden fue que no se me regresara hasta que tú lo digas… creo que se te olvido, porque no… — no la regresaste, porque no te intereso, lo pensó, mas no lo dijo, solo quedo en silencio, tragando grueso para que la voz no le temblara.
— ¿Hace un año que no tienes mesada y tu dama no me ha hecho acordar? — Iris palideció ya que se encontraba en una esquina del comedor, siempre atenta a lo que su señorita necesitara.
— Eso… — no sabía que excusa dar para salvar a su dama, eso estaba más que claro, más cuando Cameron se involucró en la conversación.
— ¿Con que compraste el pulidor de espada que me regalaste para mi cumpleaños y los gemelos que le obsequiaste a padre y las camisas que le diste a Emir? — las mejillas de Eleonor enrojecieron, ahora se sentía tan estúpida de buscar ganar el cariño de aquellos lobos.
— Yo… yo no tengo apetito, que disfruten. — sin más y sin detenerse, aunque el duque se lo pidiera, la pelinegra marcho a su cuarto, no queria dejar a la vista de todos lo estúpida que había sido, el duque ni siquiera recordaba los castigos que le había dado, y ella pensando que su falta había sido tan grande que aun su padre estaba enojado con ella, que tonta se sentía.
— Iris. — Elías no permitió que ninguno de sus hijos fuera por Eleonor, pero no se quedaría con duda alguna, y las respuestas se las daría Iris. — Explica todo. — fue lo único que dijo Elías e Iris comenzó a hablar.
— La señorita empeño sus joyas para comprar los regalos, solo conservo aquellas que el Duque le obsequio, pero las que ella adquirió a lo largo de los años… se deshizo de todo.
— Pero esas joyas valen más que lo que ella nos dio. — se quejó Cameron e Iris supo que no tenía escapatoria.
— Es mi culpa joven señor, yo… sabía que la baronesa Redaya estaba pagando mucho menos de lo que valían las cosas, pero no me atreví a interferir, así como tampoco informe que la señorita Eleonor solo posee un vestido aun decente y sin remendar, creí que el duque se enojaría si lo molestaba de esa forma. — no solo Iris comenzó a sudar, el resto de los sirvientes también comenzaron a inquietarse al ver como los ojos de los White cambiaba de color y los colmillos del duque comenzaban a asomarse.
— ¡Esto es absurdo! — se quejó Cameron y dando un golpe en la mesa volcó la copa de Eleonor. — ¿Qué demonios? — acoto al ver toda la suciedad que la copa poseía. — ¿Quién sirvió el agua de mi hermana? — Iris deseaba correr y regresar a su señorita, para que escuchara aquello, pues estaba segura de que no le creería.
— ¿Qué clase de comida le sirvieron a mi hija? — fue lo último que el duque dijo, al destapar la charola que cubría el plato de Eleonor y ver el pan con moho, al igual que la carne negra, y casi cruda que allí había, estaba a punto de dejar salir su lobo, cuando el mayordomo ingreso de manera apresurada.
— Duque, Duque, el mensajero real está aquí y pide por usted. — los sirvientes vivirían un poco más o al menos eso creían ellos.