El doctor de la familia ingreso junto al duque a la habitación de la joven señorita, mientras los jóvenes White, esperaban fuera, el interés de estar allí no era solo por saber de la salud de Eleonor, más bien se debía a que ellos habían escuchado con atención y claridad la confesión de Iris, la dama que debía servir a su falsa hermana, realmente había atentado contra su bienestar y, aunque para ellos solo era una farsante que estaba usurpando el lugar de Felicia, no podían pasar por alto que la sirvienta había maltratado a un miembro de la familia.
— ¿Crees que Eleonor cumplirá con lo pactado? — para Cameron, el hecho de que Eleonor fuera tan noble como para encubrir el actuar de Iris no era posible, pues en la mente del menor de los White, Eleonor no tenía palabra, mucho menos honor.
— No lo sé, si debo ser honesto… cada vez entiendo menos. — Emir en cambio, estaba siendo objeto de un sinfín de emociones, entre las cuales predominaba la culpa, no solo por conocer el relato de como Eleonor había llegado a ellos, también era más consiente que su hermano de todas las humillaciones que la joven había sufrido en su propio hogar, bajo sus narices, ¿Cómo se supondría que ayudaría al rey a impartir justicia? Cuando en su propio hogar sucedían ataques de los cuales desconocían, o, peor aún, quizás y los suponía, pero su resentimiento hacia la pelinegra era tan grande que no le permitió ver lo que sucedía.
— Puedo decir con seguridad que la energía vital de la señorita Eleonor, es estable, pero no mucho mejor de lo que estaba días atrás, su resfriado a desaparecido, pero ella está muy débil. — el informe médico era conciso, la humana estaba débil.
— ¿Qué debería hacer para que mi hija mejore? — fue la pregunta que lanzo el duque sin demora y Eleonor comenzaba a pensar que el mayor nunca la desprecio, aunque no fuera de demostrar sentimientos, ella no lo podía negar, pues la trataba tan fríamente como lo hacía con sus verdaderos hijos, tal vez al duque solo se le dificultaba mostrar afecto, pero eso no quitaba el hecho de que los cuidaba y procuraba, solo hasta ahora Eleonor lo veía, el duque no hacia diferencias, pero ¿de qué le valía aquello? Si cuando su verdadera hija llegara, ella dejaría de interesarle.
— Nada de emociones fuertes, creo que la señorita tiene mucho estrés, no podria asegurarlo, ya que al ser humana su cuerpo no reacciona como el nuestro, pero por lo que he visto estos años, los humanos se debilitan ante el estrés, mientras nosotros… enloquecemos. — Eleonor poco comprendió aquello y se sintió aún peor, alguna vez en los primeros años como la joven White se propuso saber todo de los lobos, pero luego, ante cada desplante de los que la rodeaban, su interés disminuyo, hasta ahora, que se preguntaba a que se refería el medico con que los lobos enloquecen por estrés. — Si tan solo el rey permitiese a brujos sanadores mostrarse, serian de gran ayuda, para todos, en especial para ayudar en la recuperación de la joven White. — se lamentó el medico en un susurro y Elías lo vio con interés.
— ¿Brujos sanadores? Creí que eran un mito. — Eleonor mordió su lengua, y se tragó el suspiro que casi libero, mientras que Iris continuaba cepillando su cabello, no pensaba regresar a la cama por más que el médico lo ordenara, queria aire puro en sus pulmones, deseaba dar un paseo por el rosal, su lugar favorito.
— No, no lo son, algunos años atrás tuve la suerte de encontrarme con uno de ellos, me asombro que pudieran medir y estabilizar la fuerza vital de cada ser, es algo realmente mágico, pero… bueno, el duque sabe mejor que nadie que ningún brujo es bienvenido por estos lugares. — a Eleonor no le costó nada darse cuenta de que ese medico estaba tratando de manipular a su padre, quien era uno de los más cercanos al rey, al menos fue su gran general y quien obtuvo la victoria en el reino de los humanos y luego con los brujos, ahora sin embargo, había prescindido de su compañía y había optado por marchar con el príncipe heredero al reino vampiro, logrando con ello ganar la guerra de los reinos, pero eso no quitaba que el rey escucharía cualquier pedido que el duque hiciera.
— Entonces, ¿si usted tuviera un brujo sanador a su lado… mi hija mejoraría más rápido? — Eleonor lo escuchaba y no lo creía, hasta ese momento ella estaba segura de que el duque odiaba a los brujos, como todos los lobos lo hacían.
— Muy seguro. — afirmo el doctor y Eleonor se puso de pie, ella era una bruja y el hecho de que el rey aceptara que al menos los brujos sanadores se dejaran ver, eso no garantizaba que algo cambiara en el futuro para la poca gente del reino Kael que aun pudiera quedar, mucho menos dejaría que manipularan al hombre que, aunque no era muy afectuoso, la había alimentado y cuidado por 10 años.
— No es necesario padre, sé que pronto estaré bien, gracias doctor por su preocupación… — con elegancia y un poco de audacia, la joven se acercó más de lo debido al doctor, invadiendo su espacio personal bajo el asombro de este y la sorpresa de su padre. — Y le recomiendo que no involucre a mi padre en sus planes para obtener el favor del rey, los White no somos personas manipulables, no lo olvide. — no se notaba débil, mucho menos cuando se enojaba y Eleonor definitivamente estaba molesta.
Fuera de la recamara, Cameron y Emir cruzaban miradas, si bien no podían ver lo que sucedía dentro, lo estaban escuchando con claridad y la abrasión que le tenían a Eleonor les sirvió para llegar a la misma conclusión que la joven había hecho, el doctor queria manipular al duque.
— Ella no es una estúpida al completo. — era el mejor cumplido que Cameron pudiera hacer hacia la pelinegra.
— Eleonor puede ser muchas cosas, menos tonta o incauta, si no fuera porque es humana, juraría que alguna vez perteneció a la nobleza. — claro que Emir llegaría a esa conclusión, si desde que su padre la había llevado a su mansión, Eleonor nunca se comportó como una plebeya, había modales, y normas con las que ella se sentía muy a gusto, como si hubiera nacido en un hogar noble.
En silencio vieron partir al pobre doctor que por un segundo pensó que usar al duque para su beneficio era buena idea, pues su rostro pálido les dejo en claro que su padre le había mostrado el rostro de su lobo, aun así, permanecieron en el pasillo, casi sin respirar con tal de no perderse ni una palabra de lo que sucedía dentro.
— Hija, sé que te estas recuperando, pero me gustaría saber… que fue lo que sucedió, ¿por qué tu cama estaba mojada?, ¿por qué el agua de la vasija estaba sucia?, ¿por qué estabas discutiendo con Iris aquella mañana? — definitivamente Elías no pensaba ver a otro lado, buscaba justicia para su hija, la queria claro que lo hacía, aunque su corazón siempre lloraría por Felicia y su suerte, si al menos tuviera la certeza de que estaba muerta sería un descanso para su alma, pues al menos estaría seguro que ya no estaba sufriendo, o pasando penurias, tantos escenarios, tanta maldad en el mundo, que el duque solo no podía dejar de sufrir, no podía continuar con su vida, sin saber o así sea tener un lugar donde llorar a su verdadera hija.
— Eso… — Eleonor irguió su espalda, levantó su rostro y entrelazo sus manos, justo antes de dejarse caer de rodillas, viendo el rostro de preocupación de su padre. — Perdón padre, por favor, perdona a esta hija ingrata que has acogido en tu hogar, fue todo mi culpa, queria probar una nueva técnica de rejuvenecimiento facial, y por ello coloque lodo en la vasija, cuando Iris vio que había ensuciado el agua con la que debía asearme me regaño, advirtiéndome que podria contraer alguna enfermedad si colocaba esa mezcla en mi rostro, pero no la quise escuchar… la insulte. — aseguro bajando su rostro, porque, aunque estaba haciendo aquello para salvar a Iris y su familia, le dolía como el rostro de su padre la veía con decepción. — Luego, cuando el joven Cameron apareció…
— Tu hermano, Cameron. — corrigió con enojo el duque, creyendo que Eleonor nunca terminaría de adaptarse a su familia, sin saber que, si ella lo llamaba así, era por pedido del propio Cameron.
— Sí, tiene razón, hermano Cameron me regaño por ser tan fastidiosa y mal agradecida, entonces cuando quede sola… — era lo mejor se dijo una vez más Eleonor, de todas formas, ella no importaba. — Arroje el balde de agua que Iris había traído para asear mi cuarto, no fue mi intención arruinar la cama, pero fue allí donde cayó y como soy tan tonta, me arroje a llorar, sin importar que pudiera enfermar, creo que no lo pensé bien, lo lamento padre…
— No digas más. — de niña había conocido brujos de hielo, pero ni ellos poseían la capacidad de enfriar una habitación con solo unas palabras, como el duque lo estaba haciendo en ese momento. — Ya estoy cansado de tu comportamiento, de haber sabido lo problemático que sería traerte conmigo, hubiera dejado que te llevaran con tu madre. — Eleonor apretó la falda de su vestido, reteniendo las lágrimas que pedían salir de sus ojos.
— Padre…
— Ordenare que comiencen con los preparativos para tu debut en sociedad, con suerte conseguiré un buen esposo para ti, quizás si te alejas de nosotros, tu forma de ser mejore.
— Lo comprendo y acepto lo que padre disponga.
Elías salió de aquella habitación, sin siquiera molestarse en ver a sus hijos, los cuales estaban con la boca abierta de la misma impresión ante las duras palabras del duque, lo que ninguno de ellos sabía, era que Elías sentía su corazón ser rasgado, cada palabra dicha, cada mirada fría, todo lo que hizo y dijo, y aun así Eleonor se inculpo, por un lado estaba orgulloso de que su hija se mantuviera firme en su mentira, pero por otra parte, ¿Qué clase de futuro le esperaba si estaba dispuesta a acabar con su vida por proteger a otros? Más cuando estos la han dañado y aunque en ese momento de enojo, pensó que lo mejor sería desposar a la joven y así quizás teniendo a un hombre a su lado que pudiera protegerla del desprecio de los demás su vida mejoraría, rápidamente se arrepintió, pues no pensaba perder otra hija, mucho menos, viviría preguntándose si estaría bien o no, Eleonor no dejaría la mansión White, mientras el viviera.
Eleonor:
El paseo que había planeado para relajarme por el rosal no fue tal, ya que luego de lo que el duque dijo, tuve que soportar el llanto y arrepentimiento de Iris, aunque para mí, la idea de padre no era mala, mucho menos atroz como insinuaba Iris.
— Deja de lamentarte por algo que no es malo, al menos para mí. — le advertí con severidad ya cansada de oírla.
— Pero, señorita…
— Es lo mejor Iris, aquí, nadie me quiere, solo soy un remplazo para alguien que estoy segura pronto regresara y cuando eso ocurra ¿Qué piensas que harán conmigo? — la mujer frente a mi quedo en silencio, pues ella lo suponía muy bien, me lanzarían fuera de la familia, y yo regresaría a ser una mendiga más en las calles de la ciudad, salvo que ahora no sería una niña que despierte así sea empatía entre los ciudadanos, ahora sería mucho más peligroso al ser una joven en edad de conocer los placeres de la vida y el amor, al menos así me verían esos hombres que tantas veces acosaron a mi difunta madre.
— El duque no sería capaz… — no puedo negar que Iris es leal a la familia White, pero yo sabía que ella se equivocaba, ya lo había visto.
— No soy su hija. — le recordé conteniendo las lágrimas. — Jamás podrá quererme como tal, así como los jóvenes White nunca me aceptaran, y aunque eso llegara a suceder, yo solo sería un estorbó en sus vidas, el constante recordatorio de que buscaron una suplente para la señorita Felicia White, lo más prudente que puedo hacer… es conseguir esposo y dejar de usurpar un lugar que no es mío. — y solo cuando lo dije, fue que me convencí de aquello, tal vez, con suerte consiguiera alguien que me quisiera y alguien a quien querer.
— Señorita usted… ¿está enamorada? — no pude evitar soltar una pequeña carcajada a la pregunta de mi dama, así como a su rostro asombrado.
— No, ¿Cómo podria hacer tal cosa? Aun no me he presentado en sociedad y los pocos nobles que me conocen me detestan… creo que el no ser querida es algo propio de mí. — cuán difícil es encajar en el reino de los lobos, pero tampoco quedaba lugar donde escapar, el rey había conquistado cada reino.
— Tal vez… si les mostrara a todos lo bueno que es su corazón, como ha hecho conmigo, si los demás supieran que no es una persona arrogante y frívola…
— ¿Por qué? Dime ¿Por qué debería mostrar mi pena y buscar su lastima? — no pude evitar el ponerme en pie, siempre sucedía lo mismo, mi cuerpo expresaba por sí solo cuando algo me desagradaba, no podía evitarlo, como no podía evitar mis manos hechas puño en este momento. — ¿Debería yo mostrarme sumisa y comprensiva tratando de ganar la gracia de todos? Cuando nadie me ha mostrado siquiera una sonrisa… ni cuando era una niña. — mi voz tembló, pero mis lagrimas ya no salieron, creo que tanto que llore, quede seca, pero esa era la verdad, ese era el motivo por el que me comportaba de esa forma con todos, era mi escudo, para que el hecho de ser rechazada no me afectara. — Queria dar un paseo por el rosal. — recordé tratando de finalizar esta conversación y así poder calmar mi alma y corazón.
— No creo que sea posible mi señorita, estos días que usted ha estado inconsciente, no ha dejado de llover, algo raro, pero gracias a la diosa luna sucedió…
Mientras Iris se desarmaba en explicaciones de como fuera todo estaba cubierto de lodo, que estropearía mi vestido, yo reparaba en otra cosa, el reino Joako pasaba por años de sequía, como jamás se había visto, muchos culpaban al rey lobo por ello, ya que decían que al matar a los reyes brujos, estos lo habían maldecido con privarles de lluvias a su reino, pero yo sabía que mis padres jamás maldecirían a nadie, era algo prohibido, ya que eso solo condenaba al brujo que lanzaba el conjuro a no renacer jamás, no, ningún brujo se arriesgaría a ello, ni mis padres, que estoy segura renacerán en otra vida, en otro lugar y tiempo, pero sé que estarán juntos, pues su amor era verdadero.
— Señorita, ¿en qué piensa?
— En el amor verdadero. — solté sin más y me arrepentí, por el rostro de mi dama, estaba segura de que pensaba que estaba enamorada de algún noble.
— Usted esta…
— No, ya dije que no, pero… ¿me ayudarías a ver mis opciones?
El tiempo no se detendría, mirar a otro lado incluso si son los rosales no calmaría mi malestar, no cuando sé que el tiempo corre en mi contra, ¿Cuál sería mi mejor opción para establecerme como una simple noble? Formar una familia, un lugar seguro, un buen compañero.
— Veamos, el ducado Booz, posee dos hijos, Osiel el mayor y Kuno el menor, se dice que son diestros con la espada, pero claro que ninguno es tan bueno como el duque White. — mientras Iris hablaba, tomé pluma y papel y comencé a enlistar posibles opciones.
— ¿Qué se dice de la duquesa? No me gustaría enfrentar a una mujer celosa del querer de sus hijos, ni nada problemático. — definitivamente queria una vida fácil y tranquila, más luego de todo lo que he padecido.
— Ella si será un problema, no es por feo que el joven Osiel esta soltero, la duquesa es realmente… insoportable, con las jóvenes que su hijo a intentado cortejar.
— Ya me parecía que por algo aún estaban solteros. — los tache de mi lista sin demora.
— El marques Moreau tiene un hijo ya en edad de casarse, dicen que es muy guapo, creo que su nombre es Edur.
Iris era buena con la información, ya tendría que ser yo, la que luego ideara algún encuentro casual para ver sus rostros y tratar de saber quién era el mejor para mí, antes que padre interfiriera, en el fondo temía que su visión de lo que sería bueno para mí, no sea lo que yo tengo en mente, ya que los lobos pocas veces encuentran a su verdadera pareja y la marcan, más bien se conforman con una buena compañera que pueda darles hijos, el amor en estos lados no era algo de ver comúnmente, hasta ahora sabía que solo el rey y el duque White fueron los únicos dos afortunados de encontrar a sus compañeras verdaderas y sin perder tiempo las marcaron, el duque incluso lo hizo siendo la duquesa una humana convertida en esclava, no le importo enfrentara a todo el reino por ella y yo, deseo un amor como el de mis padres, no una simple productora de crías.
— ¿Está cansada mi lady? — Iris confundió mi suspiro de romance con uno de cansancio, pero no pensaba sacarla de su confusión.
— Un poco, no sabía que había tantos duques, marqueses, condes y vizcondes…
—Y el príncipe.
— ¿Disculpa?
— Nos faltó el príncipe heredero en su lista, el príncipe Marko Goldeblack, heredero al trono de Joako. — para cuando Iris finalizo su presentación, a la cual solo le hacía falta hacer una reverencia al aire de lo exaltada que estaba, yo aún estaba muda.
— No puedes hablar en serio, creí que habíamos llegado a un acuerdo Iris, no nos sabotearíamos de ninguna manera. — espeté cuando al fin pude hablar.
— Pero ¿a qué se refiere señorita?
— ¡El príncipe está loco! — solté un grito de pura frustración, en verdad, pensé que las cosas entre nosotras estaban mejorando, pero ella al parecer me quiere muerta.
— Señorita, la pueden matar por solo pensar eso. — susurro con apuro y yo solo la vi con seriedad. — El príncipe solo esta… un poco alterado por todo lo que vio en la guerra, además la presión social sobre él cada día es mayor, ya que el rey no está bien de salud y pronto deberá ascender al trono, solo necesita una esposa a su lado para poder hacerlo, podrían colaborar mutuamente, quizás si le propone al príncipe Marko apoyarlo cuando asuma como rey, el amor surja entre ustedes…
Iris comenzó a desvariar como si mi vida fuera una novela para jóvenes señoritas, enamoradas de la idea del amor, mientras yo… veía la posibilidad de vengar a mi pueblo, que mejor que provocar la caída del reino que casi nos extermino, después de todo, es imposible que yo siendo una bruja, encuentre el verdadero amor en tierra de lobos, donde solo he recibido desprecio y eso que me creen humana, ¿Qué me harán si se llega a saber que soy bruja?
Y fue así, como el nombre de Marko Goldeblack, príncipe del reino de Joako, llego a mi lista, paso de estar en último lugar a encabezarla, esta vez seria la bruja quien salga a cazar al lobo.
Dos días pasaron desde que Eleonor había despertado, comportándose diferente incluso con quienes aún la trataban mal, algo que ahora era de conocimiento para los jóvenes White, pues ellos habían permanecido atentos a cada cosa que Eleonor hacía, más luego de escuchar la conversación que esta había tenido con su sirvienta, fue de este modo, como fueron testigos que el cocinero y demás empleados saboteaban los alimentos de la joven, mientras a ellos se les enviaba carne, frutas, verduras y pastas de excelente calidad y por supuesto siempre frescas, para la supuesta señorita White no era así, y aunque Iris trataba de compensar la falta de los demás sirvientes, incluso cediéndole su alimento, tampoco era algo muy digno lo que Iris consumía, porciones pequeñas y no tan sazonadas o frescas como lo eran la de los señores White.
— Padre. — Emir no sabía cómo abordar el tema de Eleonor, sabía que su padre se enfadaría si él o su hermano confesaran que habían estado espiando a Eleonor, aunque esto dejara al descubierto los malos tratos a los que era sometida en la mansión.
— ¿Qué sucede? — parecía ser la pregunta predilecta de Elías, pues sabía que sus hijos no lo molestarían en su oficina por alguna tontería.
— Escuche… algún comentario de que piensas desposar a Eleonor. — debería decirle lo de la mala alimentación de Eleonor, pero no fue eso lo que salió de su boca, su subconsciente lo había traicionado, pues la promesa del duque también ocupaba su cabeza, haciéndose una preocupación cada vez mayor.
— Es lo mejor, ustedes no la quieren aquí, y como tú le aseguraste a tu hermano, ahora hay más probabilidades de encontrar a Felicia, entonces… no veo la razón por la que debamos conservar a Eleonor. — el enojo recorrió el cuerpo de Emir, una sensación de molestia se instaló en su pecho, y sin desearlo sus ojos dejaron de ser negros para darles paso al verde tan característicos de los lobos White.
— Entonces solo la desecharas, ahora que ella deja de ser útil. — especto furioso, pero aun así logrando contener sus colmillos que pedían salir, para los White, así como para cualquier noble, el tener el control de su parte animal era fundamental.
—Desechar no, buscarle un buen lugar, diría yo, Eleonor se ha cansado de ustedes… y de mí, debo reconocer que el no tener a tu madre a mi lado me afecto más de lo que me gustaría reconocer, el no poder demostrar mis sentimientos hacia mis hijos, es una barrera que creo jamás podre derribar sin mi compañera, no veo la razón por la cual Eleonor deba seguir pagando nuestro desinterés por ella, después de todo, sin importar que sea humana, necesita alguien que la quiera y la procure, yo no sé cómo demostrar aprecio y ustedes… nunca le dieron una oportunidad, el doctor dijo que ella empeorara si el estrés continua, y no me gustaría verla perecer de pena en este lugar, al menos merece ser feliz y si está en mis manos conseguirlo, claro que lo hare, buscare el mejor hombre para ella. — Emir quedo en silencio, su padre queria a esa humana, solo que no sabía como demostrarlo, para ellos eso no era problema, pues al ser familia y compartir sangre, podían oler el amor de su padre para con ellos, pero no era el caso de la supuesta humana.
— Debo reconocer… que quizás a lo largo de los años le tome aprecio a esa humana. — el orgullo, ante todo, se dijo Elías, comprendiendo que su hijo sería tan cerrado como él en demostrar sus sentimientos si no encontraba pronto una buena pareja. — Por lo que sí, la decisión de mi padre se mantiene y ella pronto dejara nuestro hogar… me gustaría compartir los almuerzos de ahora en adelante, todos juntos. — Para los nobles, el almorzar en familia no era algo común, la mansión era tan grande y cada uno tenía diferentes ocupaciones, por lo que siempre almorzaban o cenaban solos, de la misma forma en la que Eleonor lo ha hecho durante 10 años, por lo que el pedido de Emir llamo la atención de Elías.