Chapter 6

— Querida Dasha. — era viernes a la noche, la familia Zhao estaba bebiendo té, como era la costumbre, Mei estaba tomada de la mano de su esposo Walter Bach, Huang revoloteaba alrededor de Renzo Bach, su esposo, y Shen Kun, disfrutaba de la compañía de sus esposas, Dalia y Lizbeth Bach, mientras las manitas se ocupaban de cuidar a los niños.

— ¿Sí? — solo entonces fue que la pelinegra salió de su burbuja, disfrutaba ver a esos tres tan enamorados, más porque ella había visto de primera mano el sufrimiento de cada uno para poder estar juntos, ya que su amor fue un destino prohibido y aunque nunca comprendió bien cómo fue que siendo también Bach sus esposos y esposas pudieran estar juntos, solo decidió que si para ellos no era importante, para ella tampoco, aunque claro que desconocía que muchos Bach solo llevaban el apellido por ser adoptados, las únicas personas con sangre Bach que había en ese cuarto era Jede, Mei, Renzo y Dalia.

— Tu padre llamo. — la joven poco se inmuto ante la noticia, solo le pareció raro que se lo notificaran, Mei había pedido que dejaran de informarle a Dasha sobre las llamadas de rusia, ya que solo llamaban para saber si estaba cumpliendo con todo y si había sido castigada por alguna falta, demostrando desilusión, cuando se les comunicaba que no había sido necesario ningún tipo de tortura ya que la joven era una buena alumna.

— Ha. — fue todo lo que dijo y Loan acaricio su larga melena, en un acto cariñoso, como si realmente fuera su padre.

— Su llamado es porque pide que regreses. — explico con pena y Dasha cerro sus manos con fuerza.

— Supongo que encontró un esposo acorde con la golfa de hija que tiene. — su voz era tranquila, pero la postura de su cuerpo dejaba en claro que tranquilidad era lo que le faltaba.

— Quizás solo debas enviarlo a la mierda y quedarte aquí.

— Huang. — regaño Jade y el hombre solo levanto sus hombros como si aun fuera un niño.

— Solo decía.

— Gracias pequeño trueno, pero esto es lo que he estado esperando. — Mai sonrió, al igual que Jade, la rubia sabía lo que era cargar con el dolor de perder un hijo y la castaña, sabía que solo se es libre una vez que matas eso que te aterra en tu interior, pero, sobre todo, una vez que liberas el odio que corre en tus venas.

— ¿Estas segura? — Jade se veía ansiosa y no era para menos, a la mafia se entra cuando uno lo desea, pero sales solo muerto, más si eres hijo de un mafioso, solo una persona había dejado la mafia por la paz, la dulce princesa y, aun así, está la había alcanzado o al menos a sus hijos. — Si quieres puedo hablar con él…

— No me casare Jade, y esa sería la única condición que mi padre pondría para dejarme aquí, que sea concubina de Shen Kun, de Huang Lei, e incluso de Mei, a él no le importaría, siempre y cuando, sea una señora Morozova con cada letra bien puesta. — odio, casi lo podían ver comiendo su alma, negro espeso, cubriendo la luz que poco a poco se apagaba en sus ojos, odio, el mayor veneno del ser humano, pero el mejor motor para la venganza. — No deben preocuparse por mí, seré la mejor señora Morozova de la familia.

Regresaría, luego de diez años de exilio, retornaría a Rusia, con un solo propósito, vengarse de todos, pero para ello, debía atrapar al mejor mafioso, el único que manejaba ese lugar, la muerte blanca.

Odio, existen muchas formas de sentirlo, para Lukyan Neizan, era mucho más fácil y sensato odiar a una persona, que a una magnitud física como lo es el tiempo, pero no podía evitarlo, el tiempo continuaba pasando y cada vez se sentía más solo, y aunque tenía a su hijo con él, sentía que un abismo los separaba.

Vladimir Neizan, había nacido luchando, de eso no había dudas, y aunque los médicos no pudieron decir con exactitud cuando o la razón por la que nació, si sabían que era prematuro, aun así, el niño creció sano, siendo consentido por sus abuelos, y aunque Lukyan trataba de ser un buen y cariñoso padre, a veces simplemente no podía, no cuando veía los ojos del pequeño, tan iguales a los de ella, porque estaba seguro que eran iguales a los de su madre, había soñado con esos ojos mucho antes que el niño llegara, el anhelo por al fin tener a la mujer que amaba a su lado, muchas veces lo hacía comportarse de forma dura, convirtiéndolo casi en un tirano, pero quizás lo que más le molestaba era el hecho de tener que ocultar a su hijo, solo sus más cercanos sabían de Vladimir y es que no era para menos, si alguien que no debía se enterara de su existencia, ya no importaría si Neri retratara el rostro de la mujer desconocida, pues para el clan Neizan, la joven estaría en falta al despreciar a su hijo y mucho más al abandonar a Lukyan, aunque dijera cualquier historia o excusa por más verídica que fuera, su sentencia seria la muerte; y eso llevaba al rubio a pensar en otra cosa, su mujer, ¿realmente había sufría como su padre una vez dijo? ¿o fue solo una mentira piadosa del gran Neri? Quizás, la joven sabia el futuro que le esperaba si se unía al clan Neizan, el mismo destino, que se llevó a su padre Neri, cuando Vladimir solo tenía 5 años.

— Mi fin está cerca. — informo una tarde a su hijo, Lukyan Neizan de 33 años estaba más que preparado para tomar su lugar en la organización, pero no para perder a sus padres, menos aún para quedar solo con un niño de 5 años al que poco veía.

— ¿Cómo lo evitaremos? — indago al tiempo que observaba a su madre caminar entre el jardín cubierto de nieve.

— No lo haremos. — sentencio el pálido hombre y fue cuando Lukyan se giró con violencia, solo para ver a su padre sonreír.

— ¿Cómo qué no? — el frio de sus ojos azules chocaron como jamás antes había sucedido.

— ¿Recuerdas cuando viste la muerte de tus abuelos, Amir y Candy?

— ¿Cómo no hacerlo? Lo que algunos consideran un don para mi es un calvario. — rebatió apretando sus puños. — No hubo nada que pudiera hacer para evitarlo, cuando lo vi, ya era tarde. — confirmo de esta forma que ver el futuro, no siempre era bueno.

— Es que aún no lo comprendes, Lukyan, el futuro se nos confía solo para que estemos preparados, no para cambiarlo, el destino es eso, destino, ahora… ve con tu madre.

Los ojos del rubio se empañaron, pero, aun así, salió de la oficina de su padre, comprendiendo lo que sucedería, Neri Neizan podría enfrentar cualquier cosa, menos la pérdida de su esposa, no solo porque el clan así lo demandaba, sino porque su corazón no se lo permitiría, un mundo sin su reina fría no era mundo.

— Mamá. — la llamo mientras corría hacia su madre, quien acababa de caer sobre la nieve solo a unos pasos del pequeño Vladimir. — ¡Mamá! — grito sujetándola entre sus brazos y viendo de reojo como gran parte de sus hombres comenzaban a moverse, tratando de saber que era lo que sucedía.

— Solo le estaba contando de los abuelos a Vladimir… — susurro acariciando el blanquecino rostro de su único hijo. — Creo que seré la primera de sus hijas en acompañarlos. — los ojos de Zafiro se empañaron, la reina fría sabía que el dolor en su pecho era demasiado fuerte y fuera de lo normal, Zafiro Zabet, comprendió que su fin había llegado y solo le quedo dar gracias de haber podido consentir a su nieto.

— No lo harás… — trato de convencerla y convencerse, podría ser que lo apodaran la muerte blanca, pero ahora solo parecía un niño, a punto de perder todo lo que amaba.

— Shhh… Lukyan… cuida a Vladimir y cuando ella regrese, no seas un tonto hijo. — incluso en ese momento, la voz de su madre sonaba más a orden que ha pedido.

— Mi hermosa Zafiro, ni en este momento, pierdes tu belleza. — la voz de Neri sonaba tranquila, aunque solo bastaba con ver sus ojos para saber que la vida se iba con su esposa.

— Mi ruso terco. — respondió mientras Neri la tomaba en brazos, dejando a su hijo apreciar la despedida de dos almas que siempre estarían juntas.

— Te buscare amor mío. — juro el mayor dejando un suave beso sobre los labios aun rosados de la rubia.

— Y yo te estaré esperando. — su juramento fue lo último que salió de ella, y aunque en ese momento ya estaban dentro de su mansión y el médico de la organización hizo todo lo humanamente posible para revivir a la reina frían, Neri Neizan sabía que era el fin, ya lo había visto.

Chapter 7

Jamás habían visto las lágrimas del vidente, y jamás lo harían, el lado débil del mafioso solo lo conocía aquella mujer que yacía en la cama, como si solo estuviera durmiendo y no como si un infarto se hubiera llevado su vida.

— No puedes hacerlo papá, no puedes dejarme. — imploro Lukyan, comprendiendo porque su padre le había notificado que su fin estaba cerca. — Cambiaste la ley del clan…

— No lo hice por mí. — lo interrumpió el mayor. — Solo era por ella, cuando conocí a tu madre, fue antes de los 20, supe que la amaba y en ese segundo la vi morir por mi causa, las leyes del clan son claras, si un esposo muere, sin importar quien, el otro lo debe seguir, trate de apartarla de mi lado y eso… solo provocó más dolor, en especial a ella, pero ahora comprendo que lo que vi aquel día, solo fue mi miedo y cobardía, si yo estuviera en el lugar de tu madre, ella no dudaría en acabar con su vida, porque sabría que la estaría esperando en el más allá, ahora... es mi deber ir por ella, no es de buena educación hacer esperar a una dama y menos alguien como tu madre. — lo entendía, él había sido criado bajo las leyes del clan, pero, aun así, estaba perdiendo todo de una sola vez.

— Papá… — queria suplicar, implorar que no lo dejara, pero la mirada decidida del mayor lo silencio.

— Hazle caso a tu madre Lukyan, ya no eres un niño, no seas un toto hijo, ella es alguien especial, alguien que está dispuesta a morir por ti y tú por ella.

Solo cuando su padre se desplomo, fue consiente del charco de sangre que había a su alrededor, Neri Neizan, mejor conocido como el vidente, dejaba este mundo por mano propia, con cortes limpios y preciosos en sus muñecas, dejando a su hijo como cabeza del clan más grande que tenía rusia.

Odiaba recordar aquel día, odiaba el tiempo trascurrido, como cada ser seguía con su vida, mientras él, solo estaba detenido esperando a una mujer que cada día le parecía menos probable que regresara, diez años había cumplido Vladimir, diez años era el límite para Lukyan Neizan.

— ¿A dónde vas? — indago preocupado su primo Alek.

— Voy al club, cuida a Vladimir, no creo que regrese esta noche. — Alek lo comprendió y no dijo nada, incluso él no aguantaría tanto sin estar con una mujer, y claro que no lo hacía, si bien faltaba poco para al fin casarse con Harum Morozova, en esos diez años Alek había tenido muchas compañeras de alcoba, algo que no era el caso de Lukyan, quien le era fiel a un fantasma o al menos eso pensaba Alek.

Odio, una pequeña palabra que abarca muchas cosas, odio era lo que sentía Vladimir por su padre, el pequeño había dejado de hablar a los 5 años, trauma dijo el psicólogo, ya que el niño vio la muerte de sus abuelo de primera mano cómo su padre Lukyan, el niño se mantenía en un silencio casi espeluznante desde entonces, hasta esa noche que vio a su padre salir.

— Llévame con mi padre. — Alek pego un brinco de puro susto.

—Vla…Vladimir, tu…

— Te di una orden. — Alek no dijo más nada y solo se dispuso a obedecer al heredero del clan, sus ojos cargados de odio le dejaron en claro que sabía lo que queria y era mejor obedecerlo.

Muéstrame:

Dasha no esperaba que nadie fuera por ella al aeropuerto, y efectivamente, su familia no la defraudo, aunque no puedo evitar sorprenderse al ver a Alek Neizan en el estacionamiento, su primer reacción fue detener sus pasos, pero solo le tomo un segundo, retomar la marcha, ese hombre no era suyo, y estaba segura de que nunca lo fue.

— Dasha, ¡Dasha! — se vio obligado a llamarla en más de una ocasión, mientras la pelinegra continuaba su camino y ante la falta de atención de la mujer, Alek corrió tras ella. — Hey te estoy hablando. — recrimino apenas su mano sostuvo el delgado brazo de Dasha.

— Le pediré que no me toque señor Neizan, no quisiera tener problemas con su futura esposa y menos con mi padre. — rebatió con frialdad, mientras se soltaba del ligero agarre.

— No comprendo porque me ves así. — cuestiono cruzando sus anchos brazos sobre el pecho y Dasha tenía ganas de patear su cara.

— ¿En verdad no lo entiendes? Conspiraste con Harum.

— No, Dasha, las cosas no fueron así, solo… ella era muy joven y no sabía la magnitud de la estupidez que hizo contigo… — esa mujer ya no era su problema, se repitió una y mil veces en su mente, él había escogido a Harum, y ahora le tocaba vivir con ello, le guste o no.

— ¿Estupidez?, ahora arruinar la inocencia de alguien es una estupidez. — queria aplaudirse a ella misma por mantener la calma, los consejos de Jade funcionaban, concentrarse solo en su venganza, en lo que había perdido y en como acabar con sus enemigos era mucho mejor que gritar o llorar frente aquel hombre que una vez creyó amar. — Que poco valía para ti. — reconoció sintiendo una pequeña molestia en su pecho, decepción, eso era lo que sentía por Alek ahora. — Que poco le importe a todos. En fin, nos vemos cuñadito. — no dejaría ver cuánto le molestaba su presencia, ella ya no dejaría ver su interior a nadie, mientras que Alek comenzaba a darse cuenta de que esa ya no era la tierna y dulce Dasha que él conoció.

— Di lo que quieras Dasha, pero me debes tu vida. — necesitaba hablar con ella, diez años habían pasado del día que esa joven se marchó sin siquiera decir adiós, algo lógico que ella no quisiera ni verlo, pero no para Alek, le gustaba Harum, lo enloquecía su astucia, pero Dasha, era ese tipo de mujer que cualquier hombre desearía tener esperando en casa por él, para ser honestos, Alek fantaseaba con tener a ambas hermanas. Sin quererlo, Dasha dejo salir una carcajada, tan natural y cargada de odio, que al castaño se le crisparon los vellos.

— ¡Ay Neizan! que las palabras o acciones del señor Morozova no te confundan, si continuo con vida no fue porque tu pidieras piedad por mí, sino porque aun siendo… impura, le soy de utilidad. — sus ojos celestes como el mismo cielo, se tornaron fríos como dos glaséales carentes de vida. — No te equivoques Alek, tu clan pude ser poderoso y despiadado, pero los Morozova… sabemos planificar a largo y corto plazo, tu solo eres una ficha en el tablero de mi padre. — le escupió tales palabras casi con regocijo de solo ver lo aturdido y luego furioso que se veía Alek.

— ¿Qué quieres decir? — sus manos estaban cerradas en puño, esa ya no era la joven sumisa que él conoció, podía ver lo cambiada que estaba, con sus 28 años, la juventud aun adornaba su cuerpo haciéndole lucir más perfecta y esa pequeña muestra de valentía y frialdad, hacia cuestionarse cada vez más al castaño si había escogido a la hermana correcta.

— Pronto lo sabrás, cuando desposes a mi dulce y pura hermana. — la burla en su voz llevo a Alek a cuestionarse si Harum era tan pura como decía ser, algo que solo sabría el día de su boda.

— Déjate de juegos Dasha… — estaba jugando con él, podía intuirlo, solo minutos frente a ella y la pelinegra le hacía dudar hasta de su apellido.

— Yo no juego, nunca lo hice, siempre te fui honesta, no como tú, pero eso ya no importa, y te voy a pedir una vez más que mantengas la distancia… — Huang le había enseñado bien, en la guerra y el amor todo se vale y si bien ahora podía ver el mismo brillo de antaño con el que Alek siempre la vio, lo único que buscaba Dasha era enloquecerlo, hacer caer un imperio, ella sería un caballo de troya, los haría matarse los unos a los otros.

— ¡Solo quiero ayudarte! — grito sin quererlo, pues el llamar la atención no estaba en sus planes, si el señor Sergei se quejaba con Lukyan de su comportamiento, estaría en problemas. — ¿Por qué no lo puedes entender? tu padre solo envió por ti…

— Para casarme. — el pánico en los ojos de Alek le dio el empujón que necesitaba, Huang no se había equivocado, si el ruso no hubiera sentido más que desprecio por ella en aquel entonces, poco le hubiera importado si vivía o moría, pero al pedir piedad en su nombre, solo dejo ver que sentía mucho más que empatía o cariño, aunque no era tan grande como el que sentía por Harum, bien, Dasha encontró la punta del ovillo y ahora jalaría de ella cada vez que pudiera, lo haría arder, como Alek hizo con ella.

— ¿Como lo sabes? — se veía abatido y lo estaba, no podía imaginar que Dasha solo regresara resignada a casarse, si incluso él le había pedido al difunto Neri que intercediera con Sergei y que le pidiera al clan Zhao que cuidara de Dasha, pensaba que con todo lo que el tigre blanco pudiera instruirle, ella sería capaz de escapar del clan Morozova.

— Es para lo que nos crían Alek, para cazar a estúpidos como tú. — debería dejarla ir, se dijo a él mismo, pero si la Dasha obediente le atraía, esta nueva Dasha lo excitaba de sobre manera, queria hacerla obedecer una vez más, queria tenerla a sus pies como antes, con una sola mirada.

Chapter 8

— Bien si ese es el caso, ten cuidado, poque tu padre te quiere entregara al Diablo de Italia, y no creo que a él le guste ser tratado como una mera ficha en el tablero de tu padre. — no le estaba mintiendo, el diablo de Italia era el hijo adoptivo de la santa hija de la sombra, llevaba su apodo bien ganado, un diablo que no le temía ni a Dios.

— Que quieres que te diga, si para obtener mi libertad debo bailar con el diablo, que así sea. — sonaba resignada, pero algo en sus ojos no cuadraba con lo que su boca decía.

— Puedes ser libre, yo puedo hablar con tu padre… — quería que lo vea como siempre lo veía, con adoración, como si él fuera su única salvación.

— No es de mi familia de quien me quiero librar, sino de ti. Adiós Alek.

Mientras el castaño sonreía al creer que aún tenía una oportunidad con Dasha, la pelinegra subió al taxi mordiendo su labio, la descubrir que Alek era más idiota de lo que parecía ser.

Nada la asombro, ni los cambios en la mansión, ni la frialdad con la que su padre le hablaba, ya no era una niña en busca de aprobación, amor y comprensión, ya no la necesitaba.

— Alejandra Santoro Zabet fue muy clara cuando hablo conmigo, a su hijo no le importara si eres o no pura, y ella lo único que desea es que el diablo siente cabeza. — veía el rostro sonriente de Harum y el de Miriam por supuesto, la fama de Amir Rossi Santoro era bien conocida, no en vano lo llamaban el diablo.

— Si quieres que atrape al diablo, deberás darme cierta libertad. — a Sergei no le importo que su hija estuviera bebiendo té, simplemente dejo caer su mano sobre la delicada mejilla de Dasha, y esta a su vez lanzo la taza y salpico con la bebida caliente a Harum, quien la viera diría que fue por el golpe, pero si algún Zhao estuviera en aquella sala, sabría que esa fue la intención de Dasha desde el comienzo.

— ¡Ay! — grito la castaña y su madre no dudo en ayudarla a quitarse la blusa.

— Harum, pero ¿Cómo vas a mostrarte así frente a mí? — sí, ese hombre podía ser un estúpido, Dasha lo sabía, frente a Sergei se debía ser recatada y perfecta.

— Pero es que me estoy quemando padre…

— Mariam, llévate a tu hija. — su esposa no dijo nada y solo guio a Harum a su cuarto, mientras Dasha veía a su padre, sin inmutarse, ni por la escena, mucho menos por el golpe. — Y tu…

— Si quieres que atrape al diablo, debes reconocer que no puedo ser un ángel, y no querrás ver a tu hija pasearse vestida para tentar al diablo. — los dientes del mayor rechinaron, poseer mujeres puras y preparadas siempre fue la ventaja de la familia Morozova para escalar tanto en la mafia como en el sector empresarial, pero los tiempos estaban cambiando y ahora la pureza de la que tanto se jactaba su clan, ya no era importante.

— De acuerdo. — dijo luego de un momento de meditación. — Dejare que vivas sola en uno de los departamentos céntricos, pero estarás vigilada, un paso en falso, algo que arrastre nuestro apellido aún más… y te acabare con mis propias manos. — diez años atrás se hubiera puesto a temblar, pero ahora solo lo vio en silencio. — Y otra cosa, mantente lejos de Harum, no quiero que tu mala influencia contamine su mente.

Nada de eso la sorprendió, mucho menos le dolió, esa no era su familia, pero aun así se mantendría fingiendo obediencia, necesitaba tomar posesión de la fortuna de su madre, algo que solo se le sería entregado cuando se casara, pero también queria ver a su familia caer desde la primera fila.

El departamento que su padre le cedió no estaba mal, era pequeño, pero tenía todas las comodidades, además de un pequeño local en la planta baja, al cual pensaba sacarle provecho, pero por ahora, tenía que planear que hacer con Amir Rossi, enamorar al diablo no era una opción, primero, porque ese hombre no tenía corazón, segundo, porque era el hijo de la prima de Lukyan, y si bien no tenía nada contra la muerte blanca, era a él a quien necesitaba para acabar con Alek, Amir no movería ni un dedo en contra de su familia, pues nadie podía manipular al diablo, pero Lukyan… según lo que el tigre blanco sabia, el clan Neizan tenía leyes muy claras, la esposa del líder era tan importante como el jefe de la mafia, una falta o humillación a ella y era lo mismo que firmar tu sentencia de muerte.

Lukyan Neizan ingreso en el club principal de su organización, causando el asombro de muchos, la muerte blanca pocas veces salía de su mansión, más luego de que sus padres murieran, solo se lo podía ver cuando las cosas marchaban mal, pero este no era el caso, al menos para la organización, ya que, en la vida del hombre de 38 años, todo marchaba mal.

Tomo asiento en uno de los privados, desde donde tenía una vista privilegiada de todo a su alrededor, pero también tenía una sensación molesta en su pecho, como si estuviera a punto de engañar a alguien… a su mujer, no pudo evitar hacer una mueca ante aquel pensamiento, al tiempo que señalaba que le alcanzaran una botella de vodka, que obviamente fue acompañada por unas lindas jóvenes, de cuerpo envidiable, aunque demasiado plástico para el hombre, trataba de disfrutar de la vista, como las jóvenes bailaban frente a él, incluso como acariciaban sus cuerpos, tratando de seducir a un hombre que solo podía pensar que la vejez lo encontraría solo, como siempre estuvo, y es que ser hijo único no siempre es bueno, por un segundo pensó en Vladimir, su hijo era miserable, su madre lo había abandonado, y él, casi no podía verlo a la cara, no porque no lo quisiera, era por sus ojos, no eran azules como todos los Neizan, eran celeste cielo, eran los ojos de su madre.

— Lukyan. — solo cuando vio a Alek frente a él fue que se descubrió con una mujer en cada lado, una pelirroja que estaba lamiendo su cuello y una morena que frotaba con esmero su miembro que aún estaba dentro de sus pantalones, pero que estaba más atento que él, ya que estaba duro, y es que, durante diez años, solo su mano le sirvió de alivio.

— Largo. — dijo con frialdad y las mujeres casi corrieron del lugar, el rubio no era malo, siempre y cuando todos obedecieran su orden, fuera cual fuera, si él decía brinca, solo debías preguntar qué tan alto y continuarías viviendo.

— Nunca podría tener tu autocontrol. — susurro con asombro su primo y es que vivían en la misma mansión, tanto tiempo sin tocar una mujer y cuando al fin cedía y tenía a dos sobre él, Lukyan solo las descartaba con una mirada fría como si su pene no estuviera a punto de romper su pantalón.

— No creo que me interrumpieras solo para alagar mi autocontrol. — Alek palideció al recordar el poque estaba allí.

— No, claro que no… veras… — el rubio vio a su primo girar su cabeza de un lado a otro, aprovechando la vista del privado donde Lukyan estaba.

— Tu no viniste a hablar conmigo, solo estas aquí por la vista. — dedujo al tiempo que se ponía de pie y caminaba hasta el barandal, teniendo una mejor vista aun del club y la gente que en la planta baja se contorneaba al ritmo de la música. — ¿A quién buscas? — Alek lo vio con ojos brillosos, no eran lágrimas, era miedo. — Tu prometida estaba aquí cuando llegue, pero al verme solo se fue, ¿acaso tienes problemas en el paraíso? — indago con verdadera curiosidad, Harum nunca fue del agrado de Lukyan, había algo en ella que no le gustaba, por más que se mostrara tan servicial con todo el mundo, una zorra disfrazada de oveja, la abría llamado su madre.

— No, no es por ella que estoy aquí, es decir… quede en verme con ella aquí, pero tú me dejaste a cargo de Vladimir. — el nombre de niño salió de forma chillona de su boca, ya que su garganta se había secado.

— Lo siento, me hubieras dicho y…

— No podría, es la primera vez en diez años que al fin sales a divertirte, aunque… lo arruine. — Lukyan clavo sus ojos azules en Alek, mientras levantaba una ceja.

— ¿Dónde está Vladimir? — en muchos lugares a la muerte súbita le llaman la muerte blanca, ya que no hay daño alguno, solo es tu corazón el que se detiene, y ya nada se puede hacer, eso era lo que las personas sentían cuando Lukyan Neizan los veía antes de jalar el gatillo, sus ojos azules no solo te quitaban el aliento, también hacían que tu corazón dejara de latir, eso era lo que Alek sentía en ese segundo.

— Lo perdí. — susurro con el ultimo ápice de oxígeno que le quedaba.

—¿Disculpa? — pregunto incrédulo dando un paso más cerca de su primo, y a muy poco de llevar su mano a su arma que reposaba en su espalda.

Chapters
Customize
Next Chapter
Minishorts Logo
Enjoy full short drama episodes, No waiting, watch now!
MiniShorts Youtube
PRODUCTS AND SERVICES
About us
support@minishorts.com
©2026 MiniShorts All Rights Reserved. CHASINGTOP HK LIMITED