— Yo no estaba en Rusia esa noche… no sé qué paso, solo sé que enviaron un mensaje de que fuera por ti a ese lugar y cuando te vi… cuando me agradeciste por esa noche tan especial. — Alek apretaba sus puños, sus nudillos blancos dejaban en claro que se sentía en el mismo infierno. — No tuve corazón para decirte que dormiste con un hombre que no era yo. — Dasha estaba sin palabras, solo podía negar con la cabeza, al tiempo que sus lágrimas caían y trataba de recordar algo, un indicio que le haga comprender lo que Alek decía, pero solo logro recordar que no vio su rostro, solo una silueta, y que escucho una voz que ella creyó que estaba distorsionada por el placer y que ahora comprendía que en realidad esa no era la voz de Alek.
— No puede ser.
— Lo es Dasha y lo lamento, yo no puedo ayudarte.
— Pero… — las palabras de Alek se mezclaban en su mente, acorralándola a un precipicio del cual caería cuando su padre supiera la verdad.
— Mejor regresa a tu casa y habla con Harum, ella es buena y te ayudara, yo no puedo hacer nada por ti. — el castaño giro sobre sus talones y Dasha sujeto su brazo, un último arrebato de valentía.
— ¿Ese era el amor que me jurabas? No es tuyo, pero es mío, ¿acaso mi padre no ama a Harum como suya? Tú puedes…
— El clan Neizan tiene reglas… y tú ya no aplicas a ellas, ya no eres pura.
Dasha libero el brazo de Alek, como si el joven mafioso de 25 años fuera lava, como si con aquella frase le hubiera arrancado el corazón, pero, aun así, ella continuara viviendo, condenándola a seguir sufriendo.
En silencio lo observo alejarse, y en silencio llevo sus ojos al cielo, ¿Cómo fue tan estúpida? ¿Cómo no pudo reconocer al hombre que durante años había observado en silencio? ¿Qué haría ahora? Su mano aun temblaba cuando la llevo sobre su vientre y como si recibiera una señal divina, su bebé se movió; ella lo había dicho, no era de Alek, pero era suyo, no cargaba rencor contra ese ser, no fue concedido a la fuerza, solo fue su error, la vergüenza de entregarse a alguien por primera vez, fue lo que la llevo a dejar la habitación en penumbras, y un desconocido que solo ayudo en su condena, pero si debía ser franca, era una dulce condena, pudiera ser que perdiera todo, su padre la expulsaría del clan Morozova, pero aun así, ella ya no estaría sola.
Visiones:
El clan Neizan era la mafia más importante de rusia, eso era indiscutible, al igual que el manto de misticismo que los cubría, no solo por estar un paso delante de sus enemigos, también era el hecho de que nunca nadie le pudo demostrar delito alguno, todo el mundo conocía sus rostros, ellos no necesitaban de las sombras para protegerse, claro que no, cuando tenían el don de la videncia de su lado, algo que les daba la ventaja sobre sus enemigos, pero que también causaba un gran peso para el líder del clan, quien era consiente que el futuro no siempre se podía cambiar, él era solo un observador, Neri Neizan, mejor conocido como el vidente, cargaba con más secretos que cualquier otro ser humano, ¿Quién dijo que ver el futuro siempre es bueno? En especial cuando este no se muestra completo o no se puede cambiar.
— Lukyan, debes dejar de tentar tu suerte, que te pegues una enfermedad de trasmisión sexual sería el menor de tus problemas siendo quién eres. — los Zafiros que su madre tenía por ojos brillaban con frialdad y el rubio solo pudo asentir con la cabeza, incapaz de decir media palabra.
— No debes preocuparte por eso amor mío. — la voz de Neri hizo girar a su esposa, quien solo sonrió al verlo. — Tu hijo embarazara a la correcta, lo acabo de ver, seremos abuelos muy pronto. — la sonrisa del rubio líder del clan se extendió aún más que la sonrisa de su esposa.
— Mmm, creo que tus visiones ya no son lo que eran padre. — rebatió casi con desespero Lukyan de 28 años. — Aun soy joven para casarme. — explicó guiñándole un ojo al mayor, esperando como siempre la complicidad de su padre, para hacer enojar a su madre, pero obteniendo de respuesta un rostro triste del mayor, algo que preocupo tanto a su esposa como a su único hijo y sucesor de la mafia Rusa.
— Eso es algo que no puedo negar… no te casaras pronto, o al menos… tu madre y yo no lo veremos.
— Padre…
No importo cuanto suplico el sucesor, ni las miradas nerviosas de Zafiro Zabet, su esposa, Neri Neizan ya no dijo más nada. Sin embargo, la información de la visión que el jefe tuvo se esparció como pólvora en el clan, la muerte blanca seria padre muy pronto, y eso era un alivio, cada clan mafioso tenía sus normas, leyes no escritas, pero bien aprendidas, sin importar lo descabelladas o absurdas que pudieran parecer, debían cumplirse, fue por ello por lo que muchos de la familia Neizan estaban emocionados ante aquella visión, si la muerte blanca tenía a su primogénito, ellos al fin podrían formar su familia.
Solo habían transcurrido un par de semanas, y el rubio había pasado de tener sexo desenfrenado sin protección, a llevar más de diez cajas de preservativos con él, aunque incluso teniendo protección, se había sumido en una abstinencia sexual autoimpuesta, no, no queria ser padre, mucho menos tener esposa, aún estaba asombrado con el giro que había tenido la vida de sus primos, Horus Bach, Pedro Sandoval y Giovanni Santoro, el trio que no solo eran padres, también se habían casado… con una misma mujer, el ruso no comprendía aquello, y aunque la dulce princesa era una digna mujer y la poligamia no era problema en su familia, en su clan, esas cosas no estaban permitidas.
— ¿Serias capaz de compartir una mujer como tus primos? — Lukyan giro a ver a Alek, primo por parte paterna, mientras los otros lo eran por el lado de su madre, hábiles asesinos, mafiosos y sicarios.
— Sabes muy bien que no, en nuestro clan la traición y el engaño está prohibidos, además… soy demasiado posesivo. — rebatió mostrando una sonrisa, pero también regalándole una mirada dura.
Alek era hijo de un primo de su padre, era familia, pero no por eso podía bajar la guardia con él, aunque lo considerara su amigo, todos eran remplazables, porque todos tarde o temprano querían lo que era suyo, lo sabía, lo había visto, y es que el joven Lukyan, compartía el mismo don que su padre y su difunta abuela rusa, la videncia.
— Debo ir a ver a tu prima, la gran sombra de Italia tiene un nuevo negocio que proponer, pero regresare mañana a primera hora. — informo el castaño y Lukyan solo asintió.
— Haz llegar mis saludos tanto a Estefanía como a la santa. —pidió recordando a su prima Alejandra, una santa en todo sentido, hasta que se tocaba a su familia, entonces la rubia liberaba el diablo que llevaba dentro.
— Lo hare y para que no me extrañes, deje una habitación en el hotel casino a tu nombre y unas lindas chicas dispuestas a entretenerte en mi ausencia.
No respondió al comentario de su primo, pues no pensaba ir, trataría de escapar a la visión de su padre, no se veía cambiando pañales, aunque si podía imaginar a una mujer leal a su lado. Con ese pensamiento sus ojos se cerraron, fue solo un momento, uno que cambiaría su vida.
El cabello negro brillaba bajo la luz de la luna, su piel pálida también era apreciada por la débil luminiscencia que se filtraba en aquella habitación, su aroma, el más exquisito que alguna vez sintió, la suavidad de su cuerpo y la forma en la que se estremecía cuando al fin rompió la delgada fibra que dejaba saber que tan pura era esa mujer.
Despertó sudado y agitado, maldiciendo el no poder ver su rostro y mucho más, odiando la ausencia de la suavidad de ese cuerpo bajo el suyo, pero al menos sabia donde la encontraría.
— El hotel casino. — susurro para él mismo.
Sin perder tiempo fue al lugar, casi ríe al ver los pétalos esparcidos en el piso de la habitación y las estúpidas velas, no, Lukyan no era romántico en absoluto pero… esa mujer, su mujer, se merecería eso y mucho más, estaba a punto de encender la luz, luego de pedir a todas las mujeres, que su primo Alek había contratado, que se marcharan del lugar, solo esperaría por ella, le haría el amor y luego la castigaría por vender su virginidad, porque… las leyes eran claras, las mujeres solo eran tomadas por voluntad, nunca se forzaría a una mujer en su clan, la pena a eso era la muerte y luego que su cuerpo sea comido por cerdos; pero antes de llegar al interruptor, la puerta se abrió, dejando ver una silueta delgada, pequeña y un poco temblorosa.
— Si estás aquí. — dijo en una mezcla de felicidad y vergüenza la joven.
Su piel se erizo de solo escucharla, su miembro viril se alzó como una lanza que hubiera sido convocada para una batalla y la razón se escurrió como gotas de lluvia de su ser.
La mejor noche de su vida, eso pensó, aunque era quedarse corto, porque pretendía tener muchas más noches con esa mujer, de la cual aún desconocía no solo su nombre, también su rostro, no por gusto, por supuesto, pero luego de amarla como lo hizo, el cansancio los hizo sucumbir a ambos, un sueño profundo y tranquilo, como el que nunca tuvo, hasta que su don, lo llevo al mismo infierno.
Estaba en nueva York, en un lugar que conocía a la perfección, el olor a gas era más fuerte en la planta alta, provocando que corriera con desespero, aun sabiendo que llegaría tarde.
— No. — dijo en un susurro incapaz de gritar como deseaba hacerlo, y es que el dolor le había arrebatado hasta el aire de sus pulmones.
Sin pensar en su acompañante, solo se puso de pie y comenzó a caminar mientras se vestía en el camino, corrió por el vestíbulo del hotel casino, al tiempo que marcaba con desespero el número de Hades, el afamado asesino que era como su tío y que vivía en el mismo terreno que sus abuelos Amir Zabet y Candy Ángel.
— ¿Diga? — la voz que en un principio era somnolienta, cambió radicalmente cuando volvió a preguntar, pues era sabido que las llamadas de Rusia a esa hora no eran por cosas buenas. — Lukyan ¿Qué sucede? — la muerte blanca lo apodaban, pero en ese segundo se sentía como un niño miedoso a perder a quienes más amaba.
— Los abuelos… hay una fuga de gas en el pasillo de su habitación. — logro decir sintiendo que el corazón se le detenía, sintiendo la impotencia de haber perdido mucho más que sus abuelos esa noche.
Mentiras y verdades:
Dasha regreso a su hogar, tardando más de lo necesario, no era por tener dudas su demora, ella sabía que hacer, o por lo menos la decisión estaba tomada, amaba a ese bebé, ese mismo que acaricio dentro de su vientre, creyendo que era de Alek, pero ahora… ¿qué diferencia había? Sea del castaño o de un desconocido, no le importaba porque era suyo, solo necesitaba un poco de ayuda con su padre, el clan Neizan no era el único que tenía leyes, los Morozova también tenían las suyas, si bien estaban un paso más abajo que el clan Neizan, aun así eran poderosos, grandes señores mafiosos salieron de esa familia y aún más grandes señoras que todo dirigían, pues tras un gran hombre, siempre hay una gran mujer, fue por ello que tanto Dasha como su hermanastra Harum, fueron criadas bajos grandes valores morales, las mujeres eran preparadas todas sus vidas para complacer a sus maridos, pero también para pensar por ellos, un embarazo de un desconocido no sería bien visto, claro que no.
— ¡Harum! o Harum, gracias a Dios que ya regresaste. — casi grito con euforia cuando al abrir la puerta de su cuarto vio a su hermanastra sentada en su cama.
— Dasha, hermosa Dasha. — fue todo lo que dijo, al tiempo que respondió el abrazo de la pelinegra.
— No sabes la falta que me has hecho… —Y con esas palabras, comenzó su relato. — Realmente no comprendo lo que sucedió, solo… amo a este bebé Harum yo…
— Tu, no eres más que una cualquiera. — la fría respuesta de quien consideraba su hermana la dejo sin aire, aun así, logro reponerse y preguntar.
— ¿Qué?
— No, decir que eres una cualquiera es quedarse corto, tú no eres más que una ilusa, una estúpida soñadora, una idiota que creyó poder quitarme a Alek. — mientras la castaña sonreía con regocijo al ver el rostro acongojado de Dasha, esta solo pudo ponerse de pie, mostrando su enojo, aunque más parecía un gatito furioso, a pesar de que ella era un año mayor que Harum, el brillo de sus ojos le concedían una inocencia que la castaña no tenía.
— ¿De qué rayos hablas hermana? — las carcajadas forzadas de Harum la dejaron en silencio.
— ¿Hermana? ¿Cuándo un león puede ser hermano de un conejo? Despierta Dasha, tú y yo no somos iguales, como tu madre no era igual a la mía. — eso era un golpe bajo, pues Kendra madre de Dasha, si era igual que Miriam, ya que eran hermanas gemelas.
— No estoy comprendiendo tu comportamiento…
— Y no podrás, porque siempre has sido fácil engañarte, ¿en verdad pensaste que dejaría que tú formaras parte del clan Neizan? No, claro que no, fue tan fácil abrirle los ojos a Alek, mostrarle que tan lujuriosa eres. — su sonrisa, su macabra sonrisa la estaba sacando de quicio.
— Tú…
— Te envíe al hotel casino, ¿recuerdas que tu misma me contaste lo deseosa que estabas porque Alek te hiciera suya? Bien, aunque claro que no fue Alek quien tomo tu cuerpo, ese día varias habitaciones del hotel casino estaban a nombre del clan Neizan y ¿sabes por qué? — solo pudo negar con la cabeza, pues la lengua se le había dormido de tanto morderla por no querer gritar. — Porque era noche de golfas, putas que acudirían a ese lugar preguntando por una habitación a nombre de Neizan, para que los trabajadores del clan disfrutaran, ve a saber con cual te revolcaste. — estaba disfrutando de cada gesto de dolor de Dasha, la pelinegra podía ver su regocijo.
— ¿Por qué? ¿Qué te hice para que me hicieras tal atrocidad? — pregunto aun aguantando el dolor que el nudo en su garganta le ocasionaba.
— ¿Yo? Yo solo cumplí tu deseo, que te follaran antes de salir como una dama de esta casa y ahora… tu deberás cargar con las responsabilidades de tus actos.
— Alek lo sabía, ¿verdad? — las palabras del castaño se repetían en su mente, “ve y habla con Harum”, en ese instante no le tomo importancia a eso, pero ahora, ahora no sabía que pensar o en quien confiar.
— Solo sabe que hice una travesura en su nombre y lo comprende, me perdono cuando le confese lo loca de amor que estoy por él, aunque claro que le deje en claro que yo no soy una puta fácil como tú, yo si soy una dama Morozova y prueba de ello es que todos estos meses estuve de viaje con él y aun soy pura. — su confesión le rompió el corazón de más de una manera, no solo era la traición de Harum, también era la de Alek al encubrirá todo, peor aun, al dejarla a su suerte e irse con su media hermana.
Estaba perdida y lo sabía, no tenía a nadie que acudir, su madre había muerto cando ella aún era una niña, su tía y actual madrastra podría tener el mismo rostro, pero no el mismo corazón que Kendra, su abuelo no podía ser molestado menos por algo tan grave, ya que el anciano estaba delicado de salud, y aunque sabía que todo iría de mal en peor, su instinto le decía que le arrancara la cabeza a Harum y así lo hizo o al menos lo intento.
— ¡Maldita! ¡eres una maldita! — grito saltando sobre Harum, quien, como toda buena actriz, al ver que su padre ingresaba en la habitación no se defendió en absoluto y solo grito como si fuera una niña inofensiva.
— ¡Lo siento Dasha! no fue nuestra intención enamorarnos, pero comprende que no importa lo que digas o que mentira inventes, Alek no se hará responsable de tu hijo bastardo.
La pelinegra dudo por un segundo si continuar golpeando a Harum o no, pues no comprendía su docilidad, mucho menos sus palabras, pero fue hasta que sintió el jalón de su cabello que comprendió todo.
— ¡Entonces era verdad! — el asco con el que su padre la veía era el mismo con el que veía a los traidores del clan. — No solo te acostaste con alguien sin estar casada, ¡sino que conspirarse contra un Neizan! — cada palabra fue acompañada de un golpe, y cada golpe fue más fuerte que el anterior.
— No, padre… por favor… no fue así. — no importo sus lágrimas, mucho menos sus suplicas, Sergei no tenía piedad, ni con su hija, mucho menos le conmovía el corazón saber que en su vientre crecía un bastardo.
— Eres una vergüenza, deberías morirte como hizo tu madre, ¡de hoy en adelante no eres mi hija! ¡no eres nada!
En qué momento la había sacado de la habitación, no lo recordaba, solo podía sentir que su cuero cabelludo estaba siendo arrancada, sus pies casi no tocaban el piso, pero aun así seguía suplicando por una oportunidad de hablar, de defenderse y demostrar que no solo ella era culpable, pero Sergei no se detuvo, hasta que al fin la lanzo por las escaleras.
— ¡Morozova! ¡¿Qué ha hecho?! — Alek, su príncipe de blanca armadura o su verdugo, ya no lo sabía y poco le importaba, Dasha lo podía pensar o mejor dicho sentir, la sangre escurriendo por sus piernas y el fuerte dolor en su bajo vientre.
— No, no, mi bebé…
Un susurro que nadie escucho, quizás Dasha solo lo pensó, ya que sus ojos solo le mostraban una negrura casi tenebrosa, y su cuerpo ya no sentía dolor, a decir la verdad, ya no sentía nada. Hasta casi una semana después, cuando al fin despertó.
— Debes agradecerle a Alek que interfiriera por ti, a él le debes tu vida, pero te iras a servir al tigre blanco, solo regresaras cuando yo te lo ordene.
— Por favor… solo dime donde lo sepultaron. — la mirada de su padre no había cambiado, ni siquiera le tuvo piedad cuando al abrir los ojos le informo con algo de regocijo que el bastardo había muerto.
— ¿Piensas que enterramos a ese bastardo? Eso se fue a donde pertenecía, la basura.
Dasha ya no dijo nada más, pues nada le importaba, se largaria a China, no para complacer a su padre, sino para escapar de él, y de todo lo que representaba, la mafia era despiadada, incluso con su familia, con su sangre.
Siete meses habían pasado del funeral de Candy Ángel y Amir Zabet, siete meses en los que Lukyan trataba de aceptar que no todo lo que sus visiones le mostraran podía cambiarse o alterarse.
— Las cosas pasan por algo hijo. — Neri pasaba sus días calmando a su hijo y siendo el pañuelo de su esposa, una perdida era eso, pero debían aprender que los recuerdos perduran por siempre.
— Lo sé, pero ¿Por qué las debo ver si no las puedo cambiar? — el mafioso mayor suspiro, al tiempo que le daba un vaso de vodka a su futuro heredero.
— Para comprender, para estar preparado, estar siempre un paso al frente, incluso en el dolor, tú de todos los nietos de Candy y Amir, fuiste el que se mostró con mayor entereza y eso no quiere decir que tus primos sean débiles, solo que tu corriste con la ventaja de prepárate para ese día, porque ya lo habías visto, pero… — Neri bebió un poco de su trago, sabía que esa visión no era solo para prepararlo para el dolor de perder a sus abuelo. — También es para que estes en guardia para lo que te espera en el futuro. — Lukyan conocía el brillo en los ojos de su padre, él había visto su futuro y algo lo inquietaba.
— ¿Qué viste? — pregunto sin rodeos. — Ya dijiste que seré padre antes de casarme, algo que dudo mucho. — aseguro, porque estaba seguro de que encontraría a esa pelinegra, aunque tuviera que levantar las rocas en cada camino. — Creo que nada me sorprenderá. — aseguro y el mayor sonrió de lado.
— La vida siempre te puede sorprender, nunca lo dudes… pero, si, vi algo, ella es muy hermosa Lukyan. — el mencionado casi brinca del sofá.
— ¿Viste su rostro? Llamare a alguien para que la retrate… — sí, su hijo estaba desesperado Neri lo sabía, había encontrado el amor y el único recuerdo que tenía de ella era su aroma, grabado en su mente, en su piel, pero las cosas pasaban por algo, y Neri Neizan lo sabía.
— Vi que sufre y mucho. — la muerte blanca lo apodaban, para el rubio los sonrojos en su pálida piel no existía, solo tenía la característica de ponerse aún más pálido cuando estaba a punto de matar a alguien y no porque le dirá impresión o miedo, muchos decían que era así porque su sangre era aún más fría que la de su madre, hielo corría por sus venas, otorgándole la palidez y su apodo.
— ¿Dónde está? — exigió saber poniéndose de pie, con una mano sobre su arma, esa que solo un Neizan podía empuñar, esa de oro macizo y zafiros formando la N de su apellido.