Chapter 2

La cena familiar en la mansión Ivanov estaba en pleno apogeo. Anya se sentó junto a su abuelo Vladimir, tratando de mantener una sonrisa educada mientras por dentro se sentía desmoronar. La traición de Misha y Katya aún quemaba en su corazón como ácido.

De repente, las puertas del comedor se abrieron y dos figuras entraron. Anya se tensó al reconocerlos. Eran Misha y Katya.

—Lamentamos llegar tarde —dijo Misha, su voz suave como la seda —tuvimos un pequeño contratiempo.

Katya soltó una risita, sus ojos brillaban con malicia.

—Sí, un contratiempo.

Anya apretó los puños bajo la mesa, luchando contra el impulso de saltar y arrancarle los ojos a su prima. ¿Cómo se atrevían a venir aquí, a su casa, después de lo que habían hecho?

Pero no podía hacer una escena. No con su abuelo y toda la familia presente. Así que forzó una sonrisa y se levantó para saludarlos, tal como dictaban las normas de etiqueta.

—Katya, querida —dijo con falsa dulzura, besando el aire junto a las mejillas de su prima —qué sorpresa verte aquí.

Katya le devolvió el gesto, sus labios rozando la piel de Anya en una caricia burlona.

—¿Sorpresa? Pero si somos familia, Anya. ¿Dónde más podría estar?

El doble sentido de sus palabras no pasó desapercibido para Anya. Apretó los dientes, pero mantuvo su sonrisa.

—Misha —saludó fríamente, evitando mirarlo a los ojos —bienvenido.

Misha tomó su mano y la besó, su pulgar acarició su piel en un gesto íntimo.

—Anya, mi amor, luces tan hermosa como siempre.

Anya retiró su mano bruscamente, como si su toque quemara. Se sentía sucia, contaminada por su presencia.

Pero antes de que pudiera responder, su abuelo habló.

—¡Misha, muchacho! Ven, siéntate a mi lado. Tenemos mucho de qué hablar sobre tu futuro en la empresa —el abuelo no tenía idea sobre lo que Misha había hecho a su nieta.

Misha le dedicó a Anya una sonrisa triunfante antes de obedecer. Katya, por su parte, se sentó frente a Anya, mientras sus ojos se mantenían fijos sobre su prima.

Durante toda la cena, Anya tuvo que soportar las miradas cómplices entre Misha y Katya, sus risitas secretas, era una tortura, un recordatorio constante de su traición.

Pero lo peor fue cuando Katya se inclinó sobre la mesa, su escote reveló más de lo apropiado, y susurró en un tono meloso:

—Anya, cariño, tienes que probar este postre, está divino. Aunque claro, no tan divino como otros... postres que he probado recientemente.

Anya sintió náuseas ante la insinuación. Sabía exactamente a qué "postre" se refería Katya. La imagen de ella y Misha juntos, de sus cuerpos desnudos y entrelazados, la perseguía como un fantasma.

Pero no podía derrumbarse. No les daría esa satisfacción. Así que esbozó una sonrisa tensa y respondió:

—Gracias Katya, pero creo que paso. He perdido el apetito.

La sonrisa de Katya se ensanchó, sus ojos brillando con cruel satisfacción.

—¿En serio? Qué pena. Pero bueno, más para mí entonces. Nunca me canso de los... dulces placeres de la vida.

Anya apretó su copa con tanta fuerza que temió que se rompiera. La rabia y la humillación ardían en su garganta como bilis.

¿Cómo podía Katya ser tan cruel? ¿Y cómo podía Misha sentarse ahí, sonriendo y charlando con su abuelo, como si no hubiera destrozado su corazón?

Después de la cena, Anya pidió hablar con su abuelo Vladimir en privado. Una vez en su estudio, lejos de oídos indiscretos, Anya se derrumbó.

—Abuelo, tengo que decirte algo —dijo con voz temblorosa, las lágrimas ardían en sus ojos —es sobre Misha y Katya.

Vladimir frunció el ceño, preocupado por el estado de su nieta.

—¿Qué pasa, Anya? ¿Qué han hecho esos dos?

Entre sollozos entrecortados, Anya le contó todo. La traición, el engaño, cómo los había encontrado juntos en su propia cama. Para cuando terminó, estaba temblando de rabia y dolor.

El rostro de Vladimir se puso rojo de ira. Se levantó bruscamente, golpeando su escritorio con un puño.

—¿Cómo se atreven? —rugió —¡Esos malditos ingratos! Después de todo lo que hemos hecho por ellos, ¿así es como nos pagan?

Anya se encogió ante la furia de su abuelo. Nunca lo había visto tan enojado.

—Los echaré a la calle —siseó Vladimir —no volverán a poner un pie en esta casa, ni a acercarse a ti. Lo juro por mi vida.

Pero Anya negó con la cabeza.

—No, abuelo, no quiero más escándalos. Ya he tenido suficiente humillación.

Vladimir la miró con tristeza, trató de disipar su ira.

—Oh, mi niña, no mereces esto. Mereces ser feliz, ser amada y respetada.

Anya esbozó una sonrisa triste, mientras las lágrimas en sus ojos continuaban amenazando con traicionarla.

—Gracias, abuelo. Pero ahora mismo, solo quiero olvidar. Seguir adelante con mi vida.

Vladimir suspiró, pasándose una mano por su barba canosa. De repente, sus ojos se iluminaron con una idea.

—Anya, ¿Recuerdas a mi viejo amigo Anatoly Petrova?

Anya asintió, lo recordaba claramente, era un magnate del petróleo, tan rico y poderoso como su propio abuelo.

—Bueno, resulta que su nieto, Alexei, está en edad de casarse —continuó Vladimir —y Anatoly y yo siempre hemos soñado con unir nuestras familias.

Anya parpadeó, confundida.

—¿Qué estás diciendo, abuelo?

—Estoy diciendo que tal vez sea hora de que conozcas a Alexei —Vladimir tomó sus manos en las suyas —sé que es repentino, pero piénsalo. Un matrimonio con los Petrova nos daría aún más poder e influencia. Y Alexei es un buen hombre, Anya, es fuerte, inteligente y decidido. Sé que te trataría como la reina que eres.

Anya se mordió el labio. ¿Casarse con un desconocido? Sonaba descabellado. Pero al mismo tiempo... tal vez era justo lo que necesitaba. Un nuevo comienzo, lejos de los recuerdos y el dolor.

—Alexei ha estado viviendo en el extranjero por años, por eso no se conocen, añadió Vladimir, como si leyera sus pensamientos —pero estoy seguro de que congeniaran. Y si no... bueno, siempre pueden divorciarse. Pero al menos habrán intentado.

Anya tomó una profunda respiración, era una locura. Una completa y absoluta locura.

Pero también era una oportunidad. De empezar de cero, de reconstruirse a sí misma lejos de la sombra de Misha y Katya.

—Abuelo, no creo que casarme con alguien a quién no conozco sea una buena idea,

—No me respondas ahora, piensalo con calma, después me dices cual es tu respuesta.

Anya salió de ahí confundida, eran demasiados eventos para procesar en tan poco tiempo, en cuanto ella se alejó, Vladimir tomó el teléfono para llamar a su amigo.

Días después, en la mansión Petrova, el poderoso magnate Anatoly Petrova enfrentaba a su rebelde nieto Alexei.

—¿Cómo te atreves a desobedecer mis órdenes? Tú deber es casarte con la nieta de mi amigo y socio para asegurar el futuro de nuestro imperio —rugió Anatoly, su rostro rojo de ira.

Alexei soltó una risa desdeñosa.

—¿Mi deber? Lo siento abuelo, pero no soy un peón en tu juego de ajedrez, no me casaré con una mujer que no conozco solo para satisfacer tus ambiciones.

La bofetada resonó en el estudio. Alexei se llevó la mano a la mejilla, sus ojos verdes ardieron de furia.

—Cuida tu lengua, muchacho insolente — siseó Anatoly —harás lo que yo ordene, o atente a las consecuencias. ¿Acaso quieres que tu primo Nicolai se quede con todo?

Alexei apretó los puños, la mención de su odiado primo era un golpe bajo. Nicolai siempre había codiciado su posición como heredero y haría cualquier cosa para quitarlo del camino, además que se había atrevido a hacer algo que jamás podría perdonarle.

—No metas a ese bastardo en esto —gruñó Alexei.

—Entonces sé un hombre y cumple con tu deber —Anatoly se sirvió un vaso de vodka y lo bebió de un trago —la boda será en un mes. Y más te vale poner tu mejor sonrisa y comportarte como el caballero que supuestamente eres.

Alexei apretó la mandíbula, su mente trabajaba a mil por hora. Sabía que no tenía opción, pero eso no significaba que se lo pondría fácil a su misteriosa novia.

—Bien, me casaré con ella, concedió al fin, pero tengo mis condiciones. Quiero un acuerdo prenupcial a mi favor, y me reservo el derecho de agregar las cláusulas que considere necesarias.

Anatoly entrecerró los ojos. —¿Qué estás tramando, Alexei?

—Nada que te incumba, abuelo —Alexei sonrió con malicia —solo digamos que esa mujer deseará nunca haber aceptado este matrimonio —dijo para sí mismo.

Mientras tanto, en su apartamento, Anya se miraba al espejo con lágrimas en los ojos. Su reflejo le devolvía la imagen de una mujer destrozada, traicionada por aquellos en quienes más confiaba.

—¿Cómo pudieron hacerme esto? —susurró, tocando el frío cristal.

El timbre de la puerta la sobresaltó. Con el corazón acelerado, se acercó a mirar por la mirilla. Al ver quién era, abrió de golpe, la furia renovada ardiendo en sus venas.

—¿Qué demonios haces aquí, Misha? — espetó.

Su ex novio, con un ramo de rosas en la mano, le dedicó una sonrisa suplicante.

—Anya, mi amor, por favor déjame explicarte...

—¡No me llames así! —Anya le arrebató las flores y las tiró al suelo —perdiste el derecho de llamarme así cuando decidiste revolcarte con mi prima cuando te daba la gana.

Misha palideció. —Fue un error, una estupidez del momento, pero a quien amo es a ti, siempre has sido tú.

—Ahórrate las mentiras —Anya se cruzó de brazos, conteniéndose para no abofetearlo —lo nuestro se acabó, no quiero volver a verte nunca más.

—Anya por favor… —Misha intentó tomarla del brazo, pero ella se apartó bruscamente.

—¡He dicho que te vayas! Antes de que llame a seguridad —amenazó.

Misha apretó los labios, una vena palpitaba en su frente.

—Esto no se quedará así, Anya, tú me perteneces. Y tarde o temprano volverás a mí, así tenga que obligarte.

Con esa amenaza velada, Misha se dio la vuelta y se fue, dejando a Anya temblando de rabia.

Chapter 3

Anya no tuvo mucho tiempo para procesar lo ocurrido, porque en ese momento su celular sonó, era su abuelo.

—Anya, querida, tengo excelentes noticias  —la voz de Vladimir sonaba llena de júbilo —¡Alexei Petrova ha aceptado casarse contigo! La boda será en un mes.

Anya se dejó caer en el sofá, aturdida. ¿En qué momento había aceptado esa absurda propuesta? Y con un hombre que ni siquiera conocía.

—Abuelo, ¿Estás seguro de esto? Yo... su voz tembló —aún no lo he decidido.

—Sé que es repentino, pero es lo mejor para todos —Vladimir suavizó su tono —Alexei es un buen hombre, Anya. Sé que cuidará bien de ti. Y juntos, llevarán a nuestras familias a nuevas cumbres de poder y prosperidad.

Anya cerró los ojos, derrotada. Sabía que no tenía opción, su abuelo no la dejaría en paz, ya lo había decidido.

—Está bien abuelo. Que se haga tu voluntad —susurró.

El día de la boda llegó con una frialdad inusual para la primavera moscovita. Anya se miró en el espejo, apenas reconociendo a la novia de blanco que le devolvía la mirada.

—Estás preciosa, cariño —susurró su tía, con lágrimas en los ojos —como una verdadera princesa.

Anya forzó una sonrisa, pero por dentro se sentía vacía. Este debería ser el día más feliz de su vida, pero en cambio, se sentía como si estuviera caminando hacia su propio patíbulo.

—Es hora —anunció su abuelo, entrando a la habitación —el novio espera en el altar.

Con un nudo en la garganta, Anya tomó el brazo de su abuelo y se dejó guiar hacia la lujosa limusina que la llevaría a la catedral.

Al llegar, la pompa y el esplendor la abrumaron. Cientos de invitados, arreglos florales opulentos, una orquesta en vivo... todo gritaba poder y riqueza. Pero para Anya, eran solo cadenas doradas que la ataban a un destino no deseado.

Cuando las puertas se abrieron y la marcha nupcial resonó en el recinto, Anya alzó la barbilla y comenzó a caminar hacia el altar, su ramo temblaba casi imperceptiblemente en sus manos.

Y entonces lo vio. Alto, guapo y elegante en su esmoquin negro, Alexei Petrova la esperaba con una expresión indescifrable. Sus ojos verdes se clavaron en los de ella, y por un momento, el tiempo pareció detenerse.

Fue entonces cuando Anya lo reconoció. Esos ojos, esa boca, ese aura de peligro y sensualidad... era él. El hombre de aquella noche de pasión desenfrenada. Su amante misterioso.

Alexei también la había reconocido. Su mirada se endureció con una mezcla de sorpresa, ira y algo más oscuro y primitivo. 

Cuando Anya llegó a su lado, Alexei le tomó la mano con fuerza, casi haciéndole daño.

—Tú… —siseó entre dientes —debí imaginarlo, lo planeaste todo perfectamente.

Anya palideció ante su veneno. 

—Yo... no sabía quién eras —susurró.

—Claro —Alexei soltó una risa amarga —pero yo sí sé quién eres tú. La niñita mimada que juega con los hombres para luego botarlos. Pues bien, ahora estás atrapada conmigo. Y te juro que pagarás por lo que me hiciste.

Anya se estremeció ante su amenaza velada. ¿En qué lío se había metido? Pero no tuvo tiempo de responder, porque el sacerdote comenzó la ceremonia.

Mientras recitaban sus votos, Anya sentía la mirada de Alexei quemándole la piel. Cuando llegó el momento de besarla, él la tomó por la nuca y estampó sus labios contra los de ella en un beso duro y castigador, marcándola como su propiedad frente a todos.

Los invitados aplaudieron, ajenos a la guerra silenciosa que acababa de desatarse. Pero Anya y Alexei sabían la verdad. 

Este no era un matrimonio, era una sentencia, una maldición, Alexei estaba decidido a hacer de la vida de Anya un infierno.

Mientras salían de la iglesia, Anya vio a Misha entre la multitud, mirándola con una mezcla de rabia y anhelo, a su lado, Katya sonreía triunfante.

Anya tragó saliva, un escalofrío le recorrió la espalda. Tenía la sensación de haber entrado en un nido de víboras, y ahora estaba atada a la más peligrosa de todas.

El salón de la mansión Petrova resplandecía con opulencia. Invitados elegantemente vestidos bebían champán e intercambiaban rumores sobre la pareja de recién casados.

Anya y Alexei abrieron el baile con el tradicional vals. Pero lo que debería haber sido un momento mágico, estaba cargado de tensión.

Alexei apretaba a Anya contra su cuerpo con fuerza excesiva, sus dedos se clavaban en su cintura. 

—Sonríe, moya zhena —siseó entre dientes —que todos vean lo felices que somos.

Anya forzó una sonrisa, aunque por dentro quería gritar. La farsa de su matrimonio la asfixiaba.

Mientras giraban por la pista, fragmentos de conversaciones llegaban a sus oídos.

—¿No es la misma chica que iba a casarse con Misha Sokolov? —preguntó una mujer mayor.

—Sí, pero por lo visto cambió de novio como de vestido —respondió otra con malicia.

—Y pensar que juraba amarlo con locura. Qué rápido se le pasó.

—Bueno, con un partido como Alexei Petrova, hasta yo mandaría mi amor al diablo.

Las risas crueles se clavaban en Anya como agujas. Quería defenderse, gritar que ella no era así, que las circunstancias la habían obligado. Pero ¿Quién le creería?

Alexei también escuchaba los comentarios, su mandíbula se tensaba con cada palabra. ¿Con qué clase de mujer se había casado? ¿Una veleta que cambiaba de amores como de estación? ¿O una cazafortunas que iba tras su dinero y posición?

La ira y la desconfianza bullían en su interior, envenenando cada pensamiento. Apretó su agarre en Anya, haciéndola jadear de dolor.

—Me estás lastimando —susurró ella.

—Acostúmbrate —gruñó él —esto es solo el comienzo.

De pronto, un alboroto estalló en el salón. Los invitados jadearon y murmuraron escandalizados.

Misha, claramente ebrio y desaliñado, se había abierto paso a empujones hasta la pista de baile. Cayó de rodillas ante Anya, las lágrimas surcaban sus mejillas.

—Anya, mi amor —balbuceó, aferrándose a su vestido —perdóname. Fui un estúpido, pero te amo, siempre te he amado, no me dejes, no te cases con él.

Anya se quedó paralizada, su corazón latía desbocado. 

—Misha, por favor —suplicó, tratando de zafarse —no hagas esto, ya no hay nada entre nosotros.

—¡No! —Misha se aferró con más fuerza, su voz se alzó en un sollozo desgarrador —no me rendiré, lucharé por ti, contra él, contra el mundo entero si es necesario. Eres mía, Anya. ¡Mía!

Alexei, que había observado la escena con una calma mortal, decidió que ya había tenido suficiente.

Se inclinó y tomó a Misha por las solapas, levantándolo del suelo como a un muñeco de trapo.

—Escúchame bien, pedazo de escoria —siseó, acercó su rostro a centímetros del de Misha —Anya es mi esposa ahora. Mía. Y no comparto lo que es mío. Así que más te vale desaparecer de nuestras vidas, o te juro que te hundiré tan profundo que ni los gusanos encontrarán tu cadáver. ¿He sido claro?

Misha, con los ojos desorbitados de terror, asintió frenéticamente.

Alexei lo soltó con desprecio, dejándolo caer al suelo en un montón tembloroso. Luego tomó a Anya del brazo y la arrastró fuera de la pista, lejos de las miradas curiosas y las habladurías venenosas.

Una vez a solas, la acorraló contra la pared, presionó su cuerpo contra el suyo en un gesto posesivo y amenazante a la vez.

—Tú y yo tenemos mucho de qué hablar,  moya zhena —gruñó, su aliento cálido y peligroso en el cuello de Anya —empezando por tu larga lista de amores y tu cuestionable lealtad.

Anya tembló, aunque no supo si de miedo o de anticipación, la cercanía de Alexei, a pesar de sus palabras crueles, despertaba en ella un fuego oscuro y prohibido.

—No hay nada de qué hablar —replicó, alzando la barbilla en un gesto desafiante —mi pasado es asunto mío. Y en cuanto a lealtad, tú eres el menos indicado para exigirla,  lyubov moya.

Los ojos de Alexei se oscurecieron con algo primitivo y hambriento, por un momento, Anya pensó que iba a besarla, a devorarla entera hasta que no quedara nada.

Pero en lugar de eso, él se apartó bruscamente, como si el toque de Anya le quemara.

—Tienes razón —dijo con una sonrisa peligrosa —no tengo derecho a exigir tu lealtad. Pero ten por seguro que me ganaré tu obediencia, de un modo u otro.

Y con esa amenaza velada, Alexei se dio la vuelta y se alejó, dejando a Anya temblando contra la pared, con el corazón acelerado y la piel ardiendo allí donde sus cuerpos se habían tocado.

La fiesta continuó a su alrededor, los invitados cotilleaban y especulaban  sobre el futuro de los novios. Pero Anya apenas los notaba.

Su mente y su cuerpo estaban consumidos por Alexei, por su oscuridad, su intensidad, su innegable atracción.

Y aunque una parte de ella temía el infierno que les esperaba, otra parte, la más secreta y primitiva, no podía esperar para quemarse en sus llamas.

Chapter 4

La limusina avanzaba por las calles de Moscú, llevando a los recién casados hacía su nido de amor, pero el ambiente dentro del vehículo estaba lejos de ser romántico.

Anya miraba por la ventana, luchando contra las lágrimas que amenazaban con escapar de sus ojos, a su lado, Alexei bebía champán directamente de la botella, ignorándola por completo.

—Espero que estés satisfecha —dijo él de repente, su voz estaba cargada de veneno —has logrado atraparme en este matrimonio de farsa.

Anya se giró para enfrentarlo, sus ojos azules ardían de indignación.

—¿Crees que yo quería esto? ¿Casarme con un desconocido que me desprecia? Estás muy equivocado.

Alexei soltó una risa amarga.

—Claro, porque eres una pobre víctima inocente, no creas que he olvidado cómo me usaste aquella noche. Seguro planeaste todo esto con tu prima Katya —¿Katya? ¿Qué tenía que ver Katya con Alexei? Se preguntó Anya por un momento, ¿Alexei la conocía?

—¡Yo no planeé nada! —estalló Anya —ni siquiera sabía quién eras hasta hoy, y jamás conspiré con Katya, ella me traicionó.

—Qué conveniente —Alexei apuró otro trago de champán —pero no importa. Ahora eres mi esposa, para bien o para mal, y te aseguro que será para mal —dijo con amargura.

El resto del viaje transcurrió en un silencio tenso, al llegar a la mansión, Alexei bajó del auto y caminó hacia la entrada sin mirar atrás.

Anya lo siguió, su vestido de novia se arremolinaba a su alrededor., cuando estaba a punto de cruzar el umbral, Alexei se giró bruscamente y la levantó en brazos.

Por un segundo, Anya se permitió soñar que todo era diferente, que él la cargaba con ternura, listo para comenzar una vida juntos.

Pero la fantasía se hizo añicos cuando Alexei la arrojó sin ceremonias dentro de la fuente del jardín.

Anya gritó al sentir el agua helada empapando su vestido, emergió tosiendo y escupiendo, su maquillaje corrido y su peinado completamente arruinado.

—Bienvenida a tu nuevo hogar, querida —se burló Alexei antes de darse la vuelta y desaparecer dentro de la casa.

Anya se quedó allí, temblando de frío y humillación, mientras las lágrimas se mezclaban con el agua de la fuente.

¿En qué pesadilla se había metido?

Más tarde, después de cambiarse, salieron hacia el aeropuerto, en el avión hacia las Maldivas, Alexei se dedicó a humillar a Anya, coqueteando con las azafatas, Anya lo ignoró, tragándose las lágrimas.

Al llegar al hotel, Alexei se burló de la decoración romántica.

—Qué cursilería, no te emociones, pediré cuartos separados.

La luna de miel fue un constante tira y afloja. Alexei se dedicaba a ignorar a Anya o a humillarla en público, coqueteando descaradamente con otras mujeres.

Anya, estaba harta de ser tratada como una leprosa, si Alexei podía divertirse, ella también.

Fue así como conoció a Dmitri, un instructor de buceo del hotel, él era amable, atento y la hacía reír, era todo lo que Alexei no.

Pronto, Anya pasaba sus días explorando los arrecifes de coral con Dmitri, mientras Alexei bebía y se revolcaba con cualquier mujer que se le cruzara.

Pero la idílica escapada no podía durar para siempre, una tarde, mientras Anya y Dmitri caminaban en la playa, Alexei los vio.

Ciego de furia y celos, se abalanzó sobre Dmitri y lo derribó de un golpe en el rostro.

—¡Aléjate de mi esposa, imbécil! —rugió, pateando al pobre hombre en el suelo.

Anya, horrorizada, intentó detenerlo.

—¡Alexei, basta! ¡Vas a matarlo!

Pero Alexei no escuchaba, siguió golpeando a Dmitri hasta que Anya se interpuso físicamente.

—¿Qué demonios te pasa? —gritó ella, empujándolo —¡No tienes ningún derecho! Tú me has ignorado todo este tiempo, ¿Y ahora te haces el marido celoso?

Alexei la miró con ojos enloquecidos, por un momento, Anya temió que fuera a golpearla a ella también.

Pero en lugar de eso, él la agarró del brazo y la arrastró de vuelta al hotel, dejando a Dmitri sangrando en la arena.

Anya forcejeaba inútilmente contra el agarre de acero de Alexei mientras la arrastraba de vuelta al hotel, el dolor en su brazo no era nada comparado con la furia que ardía en sus venas.

—¡Suéltame, bruto! —gritó, tratando de zafarse —no tienes ningún derecho a tratarme así.

Alexei soltó una risa amarga.

—Tengo todo el derecho del mundo, moya zhena, eres mi esposa, ¿Recuerdas? Y no permitiré que me pongas en ridículo con tus aventuras.

—¿Aventuras? —Anya lo miró incrédula —¿Te has vuelto loco? Dmitri es solo un amigo.

—Un amigo con el que pasas todo tu tiempo —Alexei apretó su agarre, haciéndola jadear de dolor —pues se acabó, de ahora en adelante, no te apartarás de mi lado. Y si descubro que me has sido infiel, ruega porque ese bastardo nunca haya nacido.

Anya palideció ante la amenaza velada. ¿Cómo podía Alexei pensar así de ella? ¿Acaso no veía la hipocresía de sus acusaciones, cuando él se revolcaba con cuanta mujer se le cruzaba?

Pero discutir era inútil. Alexei estaba ciego de celos y posesividad, y nada de lo que dijera lo haría entrar en razón.

Resignada, Anya se dejó arrastrar hasta la suite., una vez allí, Alexei cerró la puerta de un portazo y la soltó bruscamente.

—Harás las maletas —ordenó —nos vamos mañana a primera hora.

Anya lo miró desafiante, frotándose el brazo adolorido.

—No pienso ir a ningún lado contigo.

—Oh, sí que lo harás —Alexei sonrió peligrosamente —a menos que quieras que tu amiguito Dmitri sufra un desafortunado accidente.

Un escalofrío recorrió la espalda de Anya. Sabía que Alexei no hacía amenazas en vano. Si se negaba, Dmitri pagaría las consecuencias.

—Eres un monstruo —susurró, mientras las lágrimas ardían en sus ojos.

—Soy tu marido —Alexei se encogió de hombros —y más vale que te acostumbres, porque no pienso dejarte ir.

Con eso, se dio la vuelta y entró al baño, dejando a Anya temblando de rabia y miedo.

Pero bajo esas emociones, otra más peligrosa se agitaba, una que Anya se negaba a reconocer, incluso ante sí misma.

Excitación, una oscura y retorcida fascinación por este hombre que la aterrorizaba y la atraía a partes iguales.

Sacudiendo la cabeza para aclarar esos pensamientos turbadores, Anya se puso a hacer las maletas, tragándose las lágrimas de impotencia.

No tenía opción, por ahora, tendría que seguir el juego de Alexei, pero algún día, encontraría la forma de liberarse de sus garras.

Aunque una parte de ella temía que, para entonces, ya sería demasiado tarde, que Alexei reclamara no solo su cuerpo, sino también su alma.

El vuelo de regreso a Moscú fue tenso y silencioso, Alexei se dedicó a trabajar en su laptop, ignorando a Anya por completo.

Ella fingió dormir, pero su mente era un torbellino, ¿Cómo sería su vida a partir de ahora? ¿Podría sobrevivir a un matrimonio con un hombre que la despreciaba?

Al aterrizar, una limusina los esperaba, los abuelos Vladimir y Anatoly querían verlos de inmediato.

—Bienvenidos a casa, queridos —saludó Vladimir con una sonrisa cansada —espero que el viaje haya sido provechoso para conocerse mejor.

Anya y Alexei intercambiaron una mirada breve, si sus abuelos supieran la verdad...

—Fue... instructivo —respondió Alexei con una sonrisa tensa.

—Bien, bien —Anatoly asintió —porque hay novedades, durante su ausencia, hemos decidido fusionar nuestras empresas, a partir de hoy, Alexei será el presidente y Anya la vicepresidenta.

Anya parpadeó, atónita, ¿Trabajar codo a codo con Alexei? ¿Verlo todos los días, sin escapatoria?

Era una pesadilla hecha realidad.

Pero Alexei parecía complacido, demasiado complacido, como un depredador que acababa de recibir las llaves de la jaula de su presa.

—Excelente noticia, abuelo —ronroneó —estoy seguro de que Anya y yo haremos un gran equipo.

Anya tragó saliva, un mal presentimiento anidó en su estómago, ¿Qué estaba tramando Alexei?

—Sin embargo —continuó Anatoly —si llegaran a divorciarse, las empresas se separarían nuevamente, así que por el bien de todos, esperamos que su matrimonio sea duradero.

Anya vio su última esperanza desvanecerse, estaba atrapada con Alexei, para bien o para mal.

Más tarde, en su nueva oficina, Anya trataba de concentrarse en el trabajo, pero era difícil con Alexei a pocos metros, su presencia oscura y magnética la distraía constantemente.

De repente, su secretaria entró con un enorme ramo de rosas.

—Para usted, señora Petrova, de parte de su esposo.

Anya parpadeó, confundida. ¿Alexei enviándole flores? ¿Después de todo lo que había pasado?

Con manos temblorosas, abrió la tarjeta, su corazón se aceleró al leer el mensaje:

—Empezamos con mal pie, moya zhena, pero quizás podamos empezar de nuevo, si estás dispuesta a intentarlo, encuéntrame en el restaurante Pushkin a las 9, si no vienes, lo entenderé, la decisión es tuya. -A.

Anya se quedó mirando las flores, su mente y su corazón entraron en guerra. ¿Podía confiar en Alexei? ¿O era solo otra manipulación?

Antes de que pudiera pensarlo mejor, Anya tomó una decisión.

Iría a esa cita, deseaba saber que se traía Alexei entre manos de una vez por todas.

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