Candy no podía moverse, no solo porque su mejor amiga acababa de morir en sus brazos, o porque su hermano estuviera muerto a un lado de ella, Candy sabía que ese era el fin que a todos les llegaba, de diferentes formas, pero todos morirían algún día, lo que tenía sumida a Candy en un silencio y quietud total, era la información que Melody le acababa de dar, ahora debía pensar cómo actuar, no podía solo ir por su nieto, o nieta, no solo porque no sabía cuál de los tres Zhao era su nieto, también estaba el hecho de que Felipe siempre pensó que el esperma que Ming le había quitado el día que lo violo había sido destruido. Candy sabía que, si daba un paso en falso, una guerra se podía desatar, en especial porque Melody había sido como una madre para Jade y una abuela para los niños Zhao, sabía que tanto Jade como Loan adoraban a sus hijos por igual, y si Melody no hubiera dicho lo que dijo, jamás creería que uno de esos niños no era hijo de Jade, no, definitivamente no podía solo aparecer y decir vengo por mi nieto, eso sería como querer desarmar una bomba nuclear con un martillo hidráulico, no resultaría nada bien.
— Seremos solo la familia. — murmuro Hades horas después, aun viendo a sus padres, fríos, pálidos, pero al menos ya no tenían sangre manchando sus rostros.
— No, mi hermano y mi amiga merecen más, fueron a muchos los que salvaron, más a los que le enseñaron sus destrezas, que el mundo sepa que mi Ángel guardián se fue con mi hermano a reunirse con Dulce. — los ojos de Candy estaban tan hinchados por el llanto que casi parecían que estaban cerrados.
— Entonces así será tía, así será.
La mansión Zabet abrió sus negros y pesados portones de hierro, como tantas veces lo había hecho, aunque en esta ocasión no fue por una boda, por lo que las personas no vestían atuendos llamativos, ni sus mejores joyas, claro que no; todos ingresaban de negro, todos, menos una familia que llego vistiendo de blanco.
— ¿Quiénes son? — pregunto Lizbeth asombrada no solo por la vestimenta del clan, sino por la belleza que poseían.
— El clan del tigre blanco. — respondió en un susurro Walter al distinguir a Huang Lei.
— Muero por ver como Hades los saca a patadas por venir de blanco, idiotas. — el desprecio en la voz de Renzo hizo que Lizbeth lo vea raro.
— El único idiota eres tú. — Dalia estaba cansada de la actitud de Renzo, ellos eran los Bach, y era mucho lo que se esperaba que hicieran, pero su hermano no sabía ni lo más básico y eso estaba claro. — Son del país X, en su cultura el blanco representa el luto, Dios, madura Renzo, estudia, por lo que más quieras haz algo útil en tu vida. — sin decir más la castaña se marchó a acompañar a Alma, la nieta mayor de Matt y Melody estaba destrozada y no lo disimulaba.
Candy sentía su corazón roto, una parte importante de su vida se iría con su hermano y cuñada, pero también sabía que el dolor no la podía paralizar, menos porque ellos habían dado la vida en busca de una verdad que nadie conocía.
— Lucero. — llamo a la esposa de su hijo mayor, la castaña la siguió sin decir nada, se podría decir que solo Candy y Kimberly podían hacer eso con la actual cabeza de la familia Bach.
— ¿Qué sucede Candy? — se atrevió a preguntar Lucero, ya que Candy había detenido su caminar y se había apoyado en una de las vigas de la casa, se encontraban en el jardín trasero, y Candy tenía sus ojos fijos en la enorme casa del árbol que una vez Amir y Matt construyeron para sus hijos y que luego usaron sus nietos.
— Necesito un favor de los Bach. — no solo Lucero dejo de respirar, Dalia que estaba caminando por el lugar escapando de las discusiones de Renzo y Lizbeth también dejo de respirar, pero tuvo la astucia justa para esconderse detrás de un arbusto, sabía que no debería estar allí, mucho menos escuchar lo que estaba escuchando, pero la joven era codiciosa, queria ser la próxima cabeza de la familia, para Dalia, su primo Horus no merecía aquel puesto.
— ¿Qué? — Lucero no creía lo que escuchaba, la familia Zabet- Ángel tenía dinero, sicarios, empresarios y asesinos, por lo que no le cabía en la cabeza que pudiera necesitar su suegra para ponerse en deuda con ellos, los Bach.
— Necesito un favor, y que guardes el secreto incluso de mi hijo Eros hasta que yo lo decida. — su suegra le pedía un favor, peor aún, le estaba ordenando ocultarle algo a su esposo.
—Candy… sabes que por más que seamos familia si pides un favor…
— Te lo pagare, a ti o a quien tome tu lugar, les daré mi alma si así lo pides.
— Me estas asustando, será mejor que hables de una vez, sabes que, si está en nuestras manos conseguirlo, lo hare. — Lucero no mentía, eran pocas cosas la que los Bach no podían conseguir.
— Necesito que alguien de tu entera confianza se infiltre en la familia Zhao, necesito una muestra de ADN de los tres jóvenes de la familia. — Lucero se instruyó por años para ser la gran señora, casi no se le escapaban cosas a su entendimiento, pero ahora, no alcanzaba a comprender lo que Candy le pedía.
— Pero, puedes tomarlas ahora, cuando beban algo o…
— No, los Zhao consideraban a Melody parte de su familia, a decir verdad, el sentimiento era mutuo, ellos tienen una regla ante el luto, no beberán ni comerán hasta que su ser querido sea llevado a su última morada, y sé que luego de que Melody sea sepultada ellos regresarán a China. — además de dolida, Candy se notaba ansiosa y Lucero se preguntaba ¿Por qué?
— Le puedo pedir a Jade que se quede… — era un secreto que casi nadie conocía, el hecho de que Lucero y Jade eran primas y amigas.
— No lo harán, ellos ya escogieron al próximo líder de su organización, los van a guiar para que trabajen en equipo y yo no lo puedo permitir, no cuando uno de los tres es hijo de Felipe. — Lucero mantuvo la calma, parte de ser la cabeza de familia era tener nervios de acero.
— Comprendo, y no debes preocuparte, los Bach cumpliremos con lo solicitado y a cambio… tu familia nos deberá un favor. — Candy sabia los riesgos, esa joven podía ser su nuera, pero la familia que representaba tarde o temprano cambiaria de sucesora, y solo entonces sabría el precio a pagar por ese favor.
Ser la cabeza de familia no era fácil, debías estar preparada para todo, nunca podías bajar la guardia, ni siquiera en un funeral, y Lucero no lo había hecho.
— Puedes salir Dalia, no creo que sea conveniente que estes en medio de un arbusto con tu alergia a las abejas. — la joven palideció, mientras salía de su escondite.
— ¿Cómo…? — estaba segura de que no había hecho ruido, podía jurar que incluso no había respirado.
— ¿Te descubrí? ¿en verdad? Soy Lucero, si tanto anhelas mi lugar, será mejor que te esfuerces mucho más. — Dalia abrió sus ojos con sorpresa, nunca había compartido con nadie su deseo de dirigir a la familia, ni siquiera con su madre, sin embargo, Lucero lo sabía. — Entre el cielo y la tierra no hay nada que un Bach no sepa. — dijo mientras sonreía con superioridad, porque podía leer la pregunta no formulada por la joven. — Y ya que estas involucrada en esto, felicidades, Dalia, tu primera oportunidad para demostrar tus dotes como Bach, comienzan ahora, iras a las tierras del tigre blanco, no sé cómo, ni cuánto tiempo debas permanecer allí, pero tú te encargaras de obtener las muestras que Candy necesita.
Lucero giro sobre sus talones y fue por un trago, uno fuerte, de esos que te hacen olvidar hasta el nombre, mientras Dalia se preguntaba ¿Cómo haría para ingresar a un país donde se le estaba prohibido ir?
Mei Leing Zhao apenas tenía 19 años, sus rasgos orientales resaltaban ante sus ojos verdes, su cabellera negra parecía un cielo nocturno, y a pesar de que estaba en un velorio, más de uno no pudo evitar de ver con descaro a la joven.
— Si no fuera por respeto a Melody y su esposo, ya habría matado a más de uno. — la voz de Shen era más que de molestia, Mei podía jurar que su hermano se parecía más a un dragón que arroja fuego por su boca que a un tigre que se agazapa para cazar.
— Querido hermano, estas tan pendiente a mí que no prestas atención a nuestro hermoso trueno. — Shen acomodo sus lentes antes de ver con disimulo a su hermano, el rubio de pelo largo no se había movido de su lugar, hacia dos horas que estaba al lado del féretro de Melody, y sus lágrimas caían silenciosas, su llanto se comparaba al de Alma, demostrando de esa manera que los Zhao apreciaban a la asesina como si realmente fuera su abuela.
— Huang es demasiado sensible, no lo puedes culpar por no poder guardar su dolor. — rebatió el rubio de pelo corto.
— No es eso lo que me inquieta, la sobrina de Melody…Ámbar Zabet, no le quita los ojos de encima, lo ve con anhelo y eso me molesta, esa mujer tiene de novio al Don de Chicago, que es mucho menor que ella. — Shen estiro sus labios conteniendo la risa.
— No sabía que nuestra pequeña hermana nos celara, ¿no deberíamos ser nosotros los encargados de cuidar tu inocencia? — ¿Qué inocencia? Se pregunto Mei, pero no se atrevió a decirlo en voz alta.
— Di lo que quieras, pero mi hermano no será el nuevo bótox de esa vieja.
— Mei, relájate, no creo que Huang le haga caso, por más que se le pasee desnuda. — claro que no, si Shen estaba seguro de que Huang era gay, aunque este no le comentara si aquella noche que lo llamo había seguido su consejo o no.
— De todas formas, más me molesta el idiota aquel. — con disimulo la joven pelinegra señalo a Renzo, que en ese momento estaba viendo con burla a Huang. — Hace rato que ve a Huang y cuchichea con su amigo, para luego reír. — Shen quedo observando a Renzo, justo en el momento que Huang levanto su rostro lloroso, fue solo un segundo en el que ambos hombres cruzaron miradas, Renzo sonrió más burlonamente y Huang palideció al tiempo que sus lágrimas cayeron con mayor fuerza.
— Mei ve con nuestro trueno y presenta honores a nuestra maestra. — ordeno el mayor, dispuesto a seguir a Renzo que estaba siendo arrastrado al jardín por Walter.
— Lamento tu perdida. — susurro Mei y Alma al fin quito la vista del cuerpo sin vida de sus abuelos para ver a la joven.
— Y yo lamento la tuya. — rebatió con voz quebradiza la joven asesina. — Debe ser duro, solo hace unos días mi abuela te estaba felicitando por tu progreso y ahora… — las esmeraldas que tenía por ojos la joven conocida como el ángel de la misericordia se inundaron de lágrimas, mientras que Mei tragaba el nudo que se le aferraba a la garganta, aun así, la joven oriental no lloraba, nunca lo haría en público.
— Ahora está en un nuevo comienzo, que tu pena no sea tanta Alma, estoy segura de que a Melody aún le quedan vidas por vivir.
— Sé que querías a mi abuela, pero… ¿cómo haces para no llorar? veo el dolor en tus ojos Mei. — Alma podría ser un Ángel de la muerte, pero estaba segura de que nunca podría guardar la compostura como la joven oriental lo estaba haciendo.
— Me concentro en el futuro, lo venidero, las tareas que debo cumplir, lo que me recuerda… ¿Cómo vengaremos su muerte? — era una joven de 19 años, pero era parte del clan del tigre blanco y quien había muerto era su maestra, claro que queria venganza, deseaba matar a quien le arrebato a la que ella consideraba una abuela.
— Nos encargaremos nosotros. — la voz fría de Gabriel la hizo voltear, quien era conocido como el ángel Azazel, era el nieto menor de Matt y el más temido gracias a su sadismo.
— Comprendo, pero me gustaría…
— No. — sabía lo que la joven oriental pediría, lo veía en sus ojos. — Lo siento Mei, puede que fuera tu maestra, pero eran mis abuelos y quien los mato, perecerá en mis manos.
Mei nunca contradeciría a Gabriel, de los tres nietos de Melody, él era al único al que la pelinegra le temía, algo en su mirada le recordaba a su hermano Shen, quizás era las ansias de sangre, o el sadismo que brillaban en ellos, fuera lo que fuera no le gustaba estar a su lado, nunca se acercaría por gusto a alguien que tuviera esa mirada, solo a su hermano Shen y porque sabía que este jamás la lastimaría.
Mientras Mei aceptaba el hecho de que el asesinato de su maestra seria vengado por sus nietos y no por el clan al que pertenecía, Shen seguía con sigilo a los jóvenes Bach.
— ¿Puedes dejar de comportarte como un idiota? ¡¿Qué rayos te sucede Renzo?! — Walter podía ser un amigo incondicional, pero tenía un defecto, su corazón, su alma, él era tan parecido a su madre Rene, y eso a veces era un problema, como ahora.
— No sé a qué te refieres, hace días que te comportas como un ratón miedoso. — reprocho el castaño.
— ¿Crees que es miedo lo que siento?
— Si no es eso, dime ¿qué es?
— ¿Acaso no tienes conciencia? ¿en verdad la mirada de Huang aquella mañana no te causo nada? — pues a Walter si le había causado remordimiento de conciencia ver el dolor en los ojos cafés de Huang.
— Claro que me causo algo, risa, ¿qué otra cosa me puede causar un marica? — Shen llevo su mano a la espalda en busca de su daga, pero recordó que en la mansión Zabet-Ángel se regía la regla de que nadie podía portar armas, de ningún tipo, aun así, él podía matar a ese par con sus manos.
— Repite eso por favor. — ambos jóvenes se giraron, solo para ver a Shen caminar con tranquilidad hacia ellos, y mientras el corazón de Walter se aceleraba con miedo, Renzo solo sonreía, creyendo que su apellido lo salvaría.
— Dije que…
— Cállate, Renzo. — Walter recordaba la mirada de ese joven, aunque quizás lo que más recordaba era el impacto de su pie sobre su pecho, y eso que habían pasado muchos años desde aquel enfrentamiento, no deseaba saber que cosas había aprendido con el tiempo el delgado oriental. — No sé qué fue lo que escuchaste Zhao, pero…
— Se lo que oí, como también se lo que hare. — se detuvo a tres pasos de distancia, quienes los vieran creerían que solo estaban charlando, salvo que pudieran ver la palidez de Walter, que era justo lo que Huang veía.
— ¡Hermano! — grito casi con terror al distinguir la espalda tensa de Shen. — Shen, que bueno que te encuentro. — dijo ahora más despacio el pelilargo, ya que había llegado a donde se encontraban, aunque sus nervios no disminuyeron.
— Pero mira quien vino a saludar. — Walter tenía ganas de golpear a su amigo, no terminaba de comprender porque Renzo se comportaba de una forma tan estúpida cuando del rubio se trataba, era como si quisiera que lo viera, como un niño pequeño buscando la atención de quien le gusta, aunque claro que eso era imposible, a Renzo no le gustaban los hombres.
— ¿Acaso conoces al señor Zhao Huang Lei? — solo cuando la castaña hablo Renzo vio a su alrededor, por escasos segundos sus ojos solo se habían fijado en Huang, como si no existiera nada más. — Responde Renzo. — su voz era autoritaria, y el timbre en ella era el mismo que se utiliza para regañar a un niño pequeño.
— Lucero. — fue todo lo que pudo decir antes de palidecer, la jefa suprema estaba allí, al menos de ese modo la llamaban los más jóvenes de la familia, sabían que una orden salida de esos labios debía cumplirse y si esa orden era ser expulsados de la familia pues ni modo, adiós poder, adiós fortuna, adiós vida. — Yo…
— Nos vimos una vez, cuando usted asumió, creo que para su joven primo soy inolvidable. — había cierta satisfacción en la voz del pelilargo, era como si supiera que le estaba salvando el trasero, y eso en lugar de reconfortar a Renzo, lo hizo enfurecer aún más.
— Sí, es imposible olvidar que lo confundí con una niña, como ahora, cabello largo, vestido de esa forma… — la descripción burlesca del castaño quedo a la mitad, ya que Lucero le dio una bofetada frente a todos, y es que no solo estaban ellos, también estaba Mei, Dalia y Lizbeth, pero era eso o ver como los jóvenes Zhao mataban al hijo de su prima.
— Les pido disculpas en nombre de la familia Bach, es vergonzoso reconocer que el hijo de mi prima no sabe que tu vestimenta es la de un guerrero, estoy tan apenada. — los cuatro jóvenes Bach no daban crédito a lo que oían, menos a lo que veían, Lucero no solo se estaba disculpando con alguien menor que ella, también había bajado su cabeza, ella, la señora de la familia se mostraba sumisa ante el clan oriental.
— En nuestras tierras, a una persona tan inculta, se la mataría de hambre, o se la desmembraría, si quieres puedo explicarte como llevar adelante tu puesto en tu clan. — acoto Mei viendo con superioridad a Lucero.
— No puedes hablarle de ese modo. — Dalia sentía sus manos picar, no solo ante la impotencia de haber visto como Renzo fue abofeteado, sino que tampoco soportaba la forma en la que una niña, le estaba hablando a la señora de la familia Bach, se suponía que sobre ellos no había nadie, ningún clan tenía tanto poder como los Bach.
— Claro que puede. — Shen clavo sus oscuros ojos en Dalia y la joven sintió un escalofrío subir por su espalda. — Ella es la joven señorita Zhao, ella puede hacer lo que desee, en especial… porque nosotros no nos doblegamos ante los Bach. — Shen recorrió a la castaña un poco regordeta que tenía en frente, Dalia era grande, no solo de altura, sus curvas eran gruesas, al igual que su madre Linda, las dietas y ejercicio no iban con ella.
— Shen Kun Zhao. — al igual que años atrás, Jade apareció para detener a su hijo, conocía esa mirada, Shen estaba a punto de matar a alguien, y sus ojos estaban puestos en una chica regordeta. — Me gustaría pensar que recuerdas que estamos aquí para rendirle honores a su maestra Melody y mis respetos a quien quise como una madre. — Lucero dejo salir el aire que tenía retenido, el pedido de Candy era imposible de cumplir, o al menos eso creía la cabeza de la familia Bach.
— Tranquila Jade, aquí no está pasando nada de otro mundo, solo estaba presentando a los hijos de mis primos, con tus hijos. — la rubia alzo una ceja y vio a su prima, sin creerle ni una palabra.
— Sí, seguro. — susurro.
— Señora Zhao, es… hermosa. — dijo casi con sorpresa Dalia, pues poco había reparado en la mayor del clan.
— Gracias, te puedo asegurar que es algo genético. — rebatió Jade y Lucero comenzó a reír, eran primas, eran familia, aunque Dalia no lo supiera.
— Ahora que mi gran universo no tiene ojos de asesino, ¿me dirán que es lo que estaba sucediendo? — Jade era una Bach, aunque casi nadie lo supiera, no se la podía engañar, menos cuando sus hijos estaban involucrados.
— Mamá la señora Lucero lo acaba de decir, solo nos estaba presentando y Shen recordó la pequeña trifulca que tuvimos de niños, solo eso. — Dalia vio a Lizbeth, ambas recordaban aquel suceso, incluso tuvieron pesadillas por largos meses gracias a Shen.
— Lo siento Lucero, Shen suele ser rencoroso y sobre protector, creo que salió igual a mí en ese sentido. — Lucero podría tomar aquello como una señal y descartar a Shen como posible hijo de Felipe, pero no podía, no cuando era tan delgado y rubio como Felipe, aunque Huang también era delgado y rubio, pero jade también era rubia, entonces vio a Mei, la pelinegra tenía los ojos tan verdes como Felipe Zabet, pero nuevamente Jade también tenía los ojos verdes.
— Sí, ya me di cuenta. — aunque de lo que Lucero se dio cuenta era que Mei la estaba ayudando, quizás la pelinegra tenía un corazón tan noble como el de Felipe Zabet.
— En realidad mamá, lo que pasa aquí, es que Dalia y Lizbeth estaban viendo las posibilidades de ir a nuestras tierras. — Mei hablaba y los cuatro hombres fijaban la vista en sus respectivas hermanas, todos y cada uno con cara de espanto. — Lizbeth porque quiere aprender las técnicas de pintura de nuestras tierras, dice que le servirá para su carrera y Dalia necesita aprender nuestro idioma por cuestiones de negocios…
— Ningún Bach puede pisar nuestras tierras. — para asombro de todos fue Huang quien hablo, sorprendiendo incluso a Shen, pues nunca habían escuchado la dulce voz del rubio de una forma tan cortante y acerada.
— Lo sabemos señor Zhao, como también sabemos que eso no es algo que decreto su padre, ni su abuelo, creo que sería una buena oportunidad para que el pasado quedara en el pasado, no veo razón por la que nuestras familias deban estar enemistada. — Lizbeth era físicamente igual a Rene, de estatura baja, delgada y con pequeñas curvas que solo servían para hacerla ver más pequeña de lo que era, alguien irresistible, incluso para Huang.
— Pareces un pequeño duendecillo. — dijo sin ser consiente el pelilargo, ocasionando la molestia de Walter, y la risa de Lizbeth.
— Señorita Lizbeth, disculpe a mi pequeño trueno, suele decir todo lo que piensa, lo que quiso decir es que le parece linda.
— Yo escuche que le dijo duendecillo. — objeto Renzo viendo mal a Huang.
— Por eso, a mi hijo le encantan las historias de duendes.