Chapter 5

Renzo subió al avión privado, junto con Walter, y respiro con alivio cuando vio a la pequeña Lizbeth allí.

— Hola hermosa. — saludo el castaño y la rubia lo acribillo con la mirada.

— Walter hazme el favor y por una vez en la vida actúa como mi hermano mayor y haz que tu amigo desaparezca de mi vista. — lo odiaba, con todas sus fuerzas, no importaba que hubiera pasado un año detrás de ella, ni sus estúpidas flores, ni que le rogara frente a todos en la universidad, Lizbeth jamás lo perdonaría y Renzo lo sabía por más molestia que le causara.

— ¿Podrías comportarte como la adulta que se supone que eres? — refuto quitando la sonrisa de su bello rostro para ver a la joven con dureza, al tiempo que se sentaba frente a ella, Walter solo suspiro y se largó a la habitación que el avión privado poseía, ver discutir a esos dos lo estresaba, en especial porque Walter consideraba a ambos sus hermanos, aunque Renzo no tuviera ningún vínculo sanguíneo con ellos.

— Oh, créeme, Renzo, demasiado adulta soy, debí dejar que mi padre te despedazara. — la joven no mentía, los errores que Renzo cometió fueron tantos y tan graves que incluso casi le costó la amistad a sus padres.

— ¿Cuántas veces quieres que te lo diga? Si el cobarde de tu prometido te dejo no fue porque lo golpeara, fue por el dinero que le deposité en su cuenta bancaria, comprende Liz, te hice un favor, él solo te queria por nuestro dinero y poder. — Lizbeth achico sus ojos con verdadero odio, antes de quitarse el cinturón de seguridad y sacar a su hermano de la recamara, para terminar, cerrando la puerta con fuerza.

— A veces me sorprende la facilidad que tienes para cagarla aún más, es como que sabes que estas en arenas movedizas y aun así te mueves tanto como una serpiente, pero que pesara lo mismo que un elefante. — Dalia lo veía de lado y solo entonces se percató que su hermana estaba allí.

— ¿Y el milagro que vengas por nosotros se debe a…? — la castaña suspiro con fuerza, odiaba ser la niñera de Renzo y Lizbeth, ella era la más madurade todos, debería estar trabajando codo a codo con su madre Linda, pero en cambio la habían obligado a ir en el jet solo para cuidar a esos tres niñatos.

— A que eres un idiota y Walter un estúpido que siempre te sigue en todo los líos en los que te metes y Lizbeth… — se detuvo en ese pensamiento, sabía lo que le molestaba a la joven, eso que tanto le dolía y que Renzo no alcanzaba a comprender, quizás al ser hombre y que no quisiera nada serio con nadie, salvo con Liz, aunque Dalia lo conocía, Renzo estaba atrás de un espejismo, un capricho, el típico niño que no quiere algo, hasta que otro lo toma, eso era lo que sentía por Liz, solo fijación, veía en ella un reto a conquistar o dominar. — ¿Aun no lo comprendes Renzo? Después de todos estos años ¿aun no entiendes porque Lizbeth te odia? — lo dijo con sorpresa, porque en verdad en el fondo creía que su hermano era inteligente.

— No fue por los golpes que la abandonó…

— Ella lo sabe, idiota, tú se lo dejaste claro, le dejaste ver que jamás va a poder confiar en un hombre, porque solo la ven por su dinero, felicidades, Renzo, tú te encargaste de que Lizbeth sepa que carga con la maldición de ser una Bach. — dejo salir su frustración, porque ella también cargaba con esa maldición, salvo que Dalia era más intuitiva, era como su madre Linda, muy difícil de engañar, pero eso solo la hacía estar cada vez más sola.

— ¿Maldición?

— Sí, maldición, porque mientras a ustedes “los hombres de la familia” el dinero y poder les sirve para tener a cuanta mujer se les antoja dispuesta y mojada esperándolos en la cama, para nosotras el dinero y poder significan solo una cosa… nunca nadie nos vera por lo que somos, sino por lo que tenemos. — y en esta ocasión fue Dalia quien se puso de pie y marcho a hacerle compañía a su amiga.

— Realmente tienes un don para que las personas huyan de ti. — dijo Walter, tomando asiento a su lado.

— No todas las personas, solo mi hermana y tu hermana, las dos son tan…

— Inteligentes. — acoto Walter y Renzo giro a verlo incrédulo.

— Podría usar muchas palabras, pero inteligente, definitivamente no, ¿acaso no escuchaste que insinuó que nuestras conquistas son solo por nuestro dinero?

— Renzo, Dalia tiene razón, puedo decir sin pecar de arrogante que tenemos lo nuestro, feos no somos, pero tampoco somos deidades, sabemos seducir es verdad, nuestros padres nos enseñaron bien, pero… una cosa es que lleves a la cama alguien luego de dos, tres citas a no ser que sea algo de una noche fogosa y que luego, yo si te vi no me acuerdo, pero las mujeres literalmente se nos tiran encima, para que las llevemos a un hotel y luego, se nos quieren pegar como goma de mascar, incluso debemos ser tan precavidos como para votar nuestros preservativos al retrete para que luego no nos hagan una jugada como la de tomar el preservativo y hacerse una inseminación.

— Eso es imposible.

— ¡Renzo! Escucha, puede que tu ego se sienta herido, pero las cosas son así, nos buscan por nuestra fortuna, no porque nos aman, salvo que alguien duerma contigo sin saber tu nombre o que no te conozca de nada, solo así quizás, tal vez, realmente sea un amor real.

Las palabras de Walter pusieron a Renzo a pensar y las conclusiones que estaba sacando no le gustaban para nada, la realidad duele y mucho.

Tierra de los Zhao:

Mei dejo salir un suspiro pesado al ingresar a la villa Zhao, veía el jardín oeste y recordaba las tardes en las que caminaba con su abuelo Sug, mientras Shen veía el jardín Norte, quizás esperando ver el espíritu de su abuelo darle la bienvenida a su hogar, pero allí no había nada.

— Huang, se supone que soy la que debería llorar en silencio, no tu. — regaño de manera dulce Mei, era la menor, la mujer de la familia, pero en sensibilidad Huang le ganaba y por mucho.

— Perdón, no lo puedo evitar, extraño al abuelo. — Shen apretó los dientes, conocía cada gesto de sus hermanos, sabía que las lágrimas de Huang eran de pena, dolor, agonía, pero no eran por su abuelo, estaba seguro, algo le había pasado a Huang, algo que solo se lo contaría a su confidente, y ese por desgracia ya no estaba.

— Huang, sea lo que sea que te suceda, siempre puedes confiar en nosotros, no creo que poseamos la sabiduría del abuelo, pero no te dejaremos solo. — él los cuidaría, sería la garra más fuerte del tigre y destrozaría las cabezas de quienes hicieran sufrir a sus hermanos, de eso no había dudas.

— Lo se hermano, lo se. — aseguro bajando su cabeza.

— ¿Entonces? — indago Mei, la paciencia no era lo suyo.

— No me sucede nada, solo extraño al abuelo.

Mentía, sus hermanos lo sabían y eso no solo los preocupaba, también los enfurecía, porque si Huang se reusaba a confesar que le sucedía solo podía ser por dos razones, él había cometido un error que ponía en riesgo su bienestar, o alguien que él apreciaba lo había traicionado, solo por eso guardaría silencio, pues en cualquiera de los dos casos sus hermanos desatarían el infierno.

Chapter 6

La familia Zhao podía ser muy diferente a la familia Bach, mientras los orientales obtenían su fortuna mediante negocios nada legales y su poder radicaba en la destreza de acabar a sangre fría con sus enemigos, los Bach gozaban de una fortuna tan grande que les serviría para mantener a cien generaciones más, sin necesidad que trabajaran, y su poder lo obtenían de favores que brindaban, para algunos los Bach eran reyes, otros los consideraban dioses que ayudaban en el momento preciso, y para algunos eran el mismo diablo tentándolos a darles lo que desearan a cambio de que les debieran un favor, uno que ellos cobrarían como y cuando quisieran; pero, había algo en lo que ambas familias eran iguales y eso era el amor a sus hijos, mientras Linda y Rene se propusieron aprovechar las vacaciones de sus hijos para tratar de unirlos una vez más como cuando eran niños y poseían esa alegría y camaradería, Jade y Loan estaban dispuestos a aprovechar ese tiempo para guiar a sus hijos, ahora sabían qué lugar ocuparía cada uno en la organización, y debían darse a la tarea de que sus hijos lo aceptaran, pero muchas veces lo que uno planea, no es precisamente lo que sucede.

Nueva York:

— Mi Ángel, mi amor, solo tú, lo has sido todo para mi… — el aire ingresaba con dificultad, mientras su mano ensangrentada acariciaba su cabellera. — Sin ti, nunca hubiera sabido lo que es el amor. — se estaba despidiendo y ella lo sabía, sus ojos celestes brillaban con fervor, no se veían como los ojos de un moribundo, Matt jamás podría lucir así.

— Si alguna vez me hubieran dicho que el Ángel de la muerte tenía un lado tan cursi, no lo hubiera creído. — el pelirrojo se hinco a su lado, Melody, quien estaba con la cabeza recostada en las piernas del afamado asesino Matt Ángel, su esposo, tuvo la intención de disparar, pero apenas sostuvo su arma, sintió la diferencia de peso, claro que sí, ella era la susurradora, ella era igual que su esposo, sabía que las balas se habían terminado y ni ella, ni Matt tenían la fuerza para matarlo con sus manos.

— Verdugo. — susurro llena de odio, no podía irse aún, no cuando cargaba la información que en ese momento le estaba quemando el alma.

— Oh, disculpa susurradora, no quise interrumpir su despedida, después de todo, al menos eso le permitieron a mis padres cuando los mataron, ¿no es así? — la burla en la voz del pelirrojo era notoria, pero Melody veía el dolor que aun guardaban sus ojos.

— Has esperado 20 años para acabar con nosotros y vengar a tus padres, lo has conseguido, te felicito, pero, déjame decirte algo… — la pelinegra no estaba mejor que su esposo, pero al menos podía respirar sin tanta molestia. — Será mejor que regreses a Irlanda, y nunca salgas de allí, te recomiendo que duermas con un ojo abierto y nunca le des la espalda a una puerta o ventana, porque mis Ángeles te buscaran, te encontraran y te mataran. — el pelirrojo sabía que se refería a su hijo y nietos, todos y cada uno eran asesinos, ellos habían nacido para serlo. — Solo espero que mueras bajo las dagas de mi Ángel misericordioso, o inclusive el arma de mi Shofar, pídele a Dios y a tus padres, que mi bello Hades sea tu ejecutor, cualquiera de ellos te dará una muerte digna, mantendrán el pacto de asesinos, te enviaran con tus padres con el mismo honor con el que tu hoy nos envías con mi pequeña hija; en verdad, Nolan, pide que no sea nuestro Azazel quien te mate, o rogaras morir mucho antes de que él decida acabar contigo. — un escalofrío subió por la espalda del afamado verdugo, y supo que era tiempo de marcharse, dejar que los enamorados se despidan o sería un cadáver más que sacarían de esa bodega.

— En ese caso, hasta nunca. — se marchó igual de silencioso que cuando llego, y Matt no perdió tiempo en verlo, solo importaba su esposa.

— Siempre me gusto tu voz al dar un mensaje de muerte. — murmuro y dejo una última caricia en el rostro blanquecino de Mel, quien sintió las gotas de sangre caer sobre su mejilla y supo que era tiempo de hacerle frente a la despedida.

— En el cielo o el infierno, en esta vida y en la próxima, te encontrare mi amor. — era la primera vez en la vida que Melody deseaba gritar, pero, el nudo en su garganta al ver como los ojos de Matt se opacaba no se lo permitió, su esposo había muerto, si ella era la razón de vivir de Matt, él era la vida de Melody, no resistiría mucho más, cada segundo se convertía en una tortura, queria morir, queria seguirlo a donde sea que fuera.

— ¡Melody! — el grito de un Ángel nunca se oyó tan bello para esta mujer, aun así, no podía despegar sus ojos negros de los celestes sin vida de su esposo, hasta que Candy llego a su lado y tomo su rostro. — Todo estará bien Mel, lo juro. — queria decirle que nunca le pudo mentir, no a ella que la conocía desde siempre, era su cuñada, su mejor amiga, era familia y eso la hizo recordar el motivo por el que aun respiraba.

— Candy…

— Te ayudaremos. — la interrumpió la rubia con desespero al ver su abdomen, Melody estaba segura de que debía tener tantos impactos de balas como Matt.

— Me moriré… — Candy comenzó a negar con frenesí ante aquellas palabras. — Quiero hacerlo Candy, no lo dejare, sabes que a Matt no se le da bien el estar solo y a mí tampoco. — los verdes ojos de Candy se nublaron ante las lágrimas que caían sin cesar.

— Hades te necesita, piensa en tus nietos. — claro que pensaba en ellos, pero el que acababa de morir era su mundo, su amor, su todo.

— Candy... — la llamo casi con enfado. — Lo descubrimos, la trampa del verdugo valió la pena. — Candy la vio con sorpresa, no comprendía porque si Matt y Melody sabían que iban a una emboscada continuaron con su misión, una que, para asombro de la familia, no habían querido dar ninguna información de que se trataba. — Alguien del clan del dragón rojo uso el esperma de Felipe, los Zhao… tienen al hijo de Felipe, pero no lo saben, y yo no sé cuál de los tres es.

Chapter 7

Candy no podía moverse, no solo porque su mejor amiga acababa de morir en sus brazos, o porque su hermano estuviera muerto a un lado de ella, Candy sabía que ese era el fin que a todos les llegaba, de diferentes formas, pero todos morirían algún día, lo que tenía sumida a Candy en un silencio y quietud total, era la información que Melody le acababa de dar, ahora debía pensar cómo actuar, no podía solo ir por su nieto, o nieta, no solo porque no sabía cuál de los tres Zhao era su nieto, también estaba el hecho de que Felipe siempre pensó que el esperma que Ming le había quitado el día que lo violo había sido destruido. Candy sabía que, si daba un paso en falso, una guerra se podía desatar, en especial porque Melody había sido como una madre para Jade y una abuela para los niños Zhao, sabía que tanto Jade como Loan adoraban a sus hijos por igual, y si Melody no hubiera dicho lo que dijo, jamás creería que uno de esos niños no era hijo de Jade, no, definitivamente no podía solo aparecer y decir vengo por mi nieto, eso sería como querer desarmar una bomba nuclear con un martillo hidráulico, no resultaría nada bien.

— Seremos solo la familia. — murmuro Hades horas después, aun viendo a sus padres, fríos, pálidos, pero al menos ya no tenían sangre manchando sus rostros.

— No, mi hermano y mi amiga merecen más, fueron a muchos los que salvaron, más a los que le enseñaron sus destrezas, que el mundo sepa que mi Ángel guardián se fue con mi hermano a reunirse con Dulce. — los ojos de Candy estaban tan hinchados por el llanto que casi parecían que estaban cerrados.

— Entonces así será tía, así será.

La mansión Zabet abrió sus negros y pesados portones de hierro, como tantas veces lo había hecho, aunque en esta ocasión no fue por una boda, por lo que las personas no vestían atuendos llamativos, ni sus mejores joyas, claro que no; todos ingresaban de negro, todos, menos una familia que llego vistiendo de blanco.

— ¿Quiénes son? — pregunto Lizbeth asombrada no solo por la vestimenta del clan, sino por la belleza que poseían.

— El clan del tigre blanco. — respondió en un susurro Walter al distinguir a Huang Lei.

— Muero por ver como Hades los saca a patadas por venir de blanco, idiotas. — el desprecio en la voz de Renzo hizo que Lizbeth lo vea raro.

— El único idiota eres tú. — Dalia estaba cansada de la actitud de Renzo, ellos eran los Bach, y era mucho lo que se esperaba que hicieran, pero su hermano no sabía ni lo más básico y eso estaba claro. — Son del país X, en su cultura el blanco representa el luto, Dios, madura Renzo, estudia, por lo que más quieras haz algo útil en tu vida. — sin decir más la castaña se marchó a acompañar a Alma, la nieta mayor de Matt y Melody estaba destrozada y no lo disimulaba.

Candy sentía su corazón roto, una parte importante de su vida se iría con su hermano y cuñada, pero también sabía que el dolor no la podía paralizar, menos porque ellos habían dado la vida en busca de una verdad que nadie conocía.

— Lucero. — llamo a la esposa de su hijo mayor, la castaña la siguió sin decir nada, se podría decir que solo Candy y Kimberly podían hacer eso con la actual cabeza de la familia Bach.

— ¿Qué sucede Candy? — se atrevió a preguntar Lucero, ya que Candy había detenido su caminar y se había apoyado en una de las vigas de la casa, se encontraban en el jardín trasero, y Candy tenía sus ojos fijos en la enorme casa del árbol que una vez Amir y Matt construyeron para sus hijos y que luego usaron sus nietos.

— Necesito un favor de los Bach. — no solo Lucero dejo de respirar, Dalia que estaba caminando por el lugar escapando de las discusiones de Renzo y Lizbeth también dejo de respirar, pero tuvo la astucia justa para esconderse detrás de un arbusto, sabía que no debería estar allí, mucho menos escuchar lo que estaba escuchando, pero la joven era codiciosa, queria ser la próxima cabeza de la familia, para Dalia, su primo Horus no merecía aquel puesto.

— ¿Qué? — Lucero no creía lo que escuchaba, la familia Zabet- Ángel tenía dinero, sicarios, empresarios y asesinos, por lo que no le cabía en la cabeza que pudiera necesitar su suegra para ponerse en deuda con ellos, los Bach.

— Necesito un favor, y que guardes el secreto incluso de mi hijo Eros hasta que yo lo decida. — su suegra le pedía un favor, peor aún, le estaba ordenando ocultarle algo a su esposo.

—Candy… sabes que por más que seamos familia si pides un favor…

— Te lo pagare, a ti o a quien tome tu lugar, les daré mi alma si así lo pides.

— Me estas asustando, será mejor que hables de una vez, sabes que, si está en nuestras manos conseguirlo, lo hare. — Lucero no mentía, eran pocas cosas la que los Bach no podían conseguir.

— Necesito que alguien de tu entera confianza se infiltre en la familia Zhao, necesito una muestra de ADN de los tres jóvenes de la familia. — Lucero se instruyó por años para ser la gran señora, casi no se le escapaban cosas a su entendimiento, pero ahora, no alcanzaba a comprender lo que Candy le pedía.

— Pero, puedes tomarlas ahora, cuando beban algo o…

— No, los Zhao consideraban a Melody parte de su familia, a decir verdad, el sentimiento era mutuo, ellos tienen una regla ante el luto, no beberán ni comerán hasta que su ser querido sea llevado a su última morada, y sé que luego de que Melody sea sepultada ellos regresarán a China. — además de dolida, Candy se notaba ansiosa y Lucero se preguntaba ¿Por qué?

— Le puedo pedir a Jade que se quede… — era un secreto que casi nadie conocía, el hecho de que Lucero y Jade eran primas y amigas.

— No lo harán, ellos ya escogieron al próximo líder de su organización, los van a guiar para que trabajen en equipo y yo no lo puedo permitir, no cuando uno de los tres es hijo de Felipe. — Lucero mantuvo la calma, parte de ser la cabeza de familia era tener nervios de acero.

— Comprendo, y no debes preocuparte, los Bach cumpliremos con lo solicitado y a cambio… tu familia nos deberá un favor. — Candy sabia los riesgos, esa joven podía ser su nuera, pero la familia que representaba tarde o temprano cambiaria de sucesora, y solo entonces sabría el precio a pagar por ese favor.

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