Lucero Simons arribo a Francia un mes antes que las clases comenzaran, el complejo de departamentos donde viviría los próximos tres años tenía una fachada imponente, poder y dinero, eso era lo que mostraba, quienes vivieran en el solo podían ser hijos del poder, fama y fortuna, aun así, ella haría cualquier cosa por ser “normal” aunque nunca entendió bien a que se refería su bisabuelo con aquella palabra.
Los dos primeros días no tuvo tiempo de hacer nada más que acomodar su nuevo hogar, no permitió que contrataran a alguna empleada ni nada, seria independiente por tres años, y sus padres respetaron su decisión, en especial Liam su padre, la joven había heredado de él la voluntad de abrirse camino por sí misma, aunque tratar de escapar de su apellido materno no sería nada fácil, quizás imposible.
—Hola. —saludo a un joven alto de cabello negro y ojos celestes casi azules que encontró en el pasillo del complejo.
—Hola, supongo que eres mi nueva vecina. —respondió señalando la puerta que quedaba justo en frente de la suya y mostrando una sonrisa amistosa.
—Sí, me mude hace dos días, soy Lucero Simons. —extendió su delgada mano, era hora de conocer gente nueva, aunque el muchacho se le hacía familiar.
—Lo sé, soy Neri Neizan, te vi en el entierro del señor Marcus. —Por un momento la joven recordó aquel día, todas las personas que fueron a mostrar sus respetos a su bisabuelo sabían que todos eran importantes, pero estaba tan dolida que no presto mayor atención a los rostros, menos a los nombres.
—Disculpa, no te recuerdo. —Se sentía avergonzada, su madre recordaría a cada persona que asistió, nombre, apellido y a que se dedicaba.
—No te preocupes, lo entiendo, no era un momento para presentaciones, ¿Qué te parece si vamos a tomar un café? y así esta vez sí nos podremos conocer cómo se debe. —Neri no solo quería hablar con ella y ser su amigo, el joven de 20 años sabía que su trabajo acababa de comenzar, él sería el sucesor del clan Neizan, el jefe de la mafia rusa y como tal debía entablar relaciones con los más poderosos, entre ellos los Bach.
El joven ruso conocía muy bien aquel lugar, hacía tres años que estaba estudiando en aquella universidad, este año terminaría y regresaría a Rusia, no tenía necesidad de mentirle a la joven o de ocultar su identidad, por lo que cuando entablaron conversación le hizo saber quién era él.
— No lo puedo creer, sabía que había escuchado tu apellido, pero no sabía que eras ese Neizan, debo confesar que te imaginaba de otra forma. – dijo algo sorprendida y es que para Lucero las personas que se movían entre las sombras se suponían que eran malas y tenebrosas, pero este joven que estaba frente a ella era totalmente lo opuesto, alto, musculoso, un cabello negro azabache que brillaba incluso más que el de ella, su tez muy pálida y de ojos hipnotizaste.
— Tu tampoco eres como te imaginaba, creí que eras pretenciosa como tus primas y odiosa como tus primos. — dijo mientras hacía un gesto de asco con su rostro y ambos rompieron a reír.
Esa tarde en la cafetería de la plaza centrar, nació una amistad y a pesar de que en un principio Neri se acercó a ella más por obligación que por placer, pronto descubrió que la joven era muy diferente a todas las niñas ricas que él conocía, si, Lucero Bach era una joven que valía la pena conocer y ser su amigo.
El mes que siguió se hicieron compañía, Neri se encargó de enseñarle toda Francia, pero en especial el bar donde iba casi todas las noches, el ruso casi no tenía amigos, a pesar del tiempo que llevaba en aquel lugar, la mayoría lo evitaba ya que su apellido lo precedía y nadie quería tener nada que ver con la mafia rusa, ya sea para bien o para mal.
— Neri, raro verte con compañía, buenas noches, señorita. — el joven moreno de cabello lago hasta los hombros hizo su entrada coquetamente, ante el asombro de Neri, quien no pudo evitar reír.
— Lucero, disculpa a este entrometido, Tiago si querías que te la presente solo lo tenías que decir. — Lucero miro con curiosidad al joven, rápidamente supo que era un empleado del Bar o eso creyó.
— Con que Lucero, la estrella de los enamorados, ¿acaso ya tienes novia Neri? — pregunto solo para molestarlo, Tiago sabía que el corazón del ruso estaba bajo siete llaves.
— No, no soy la novia, solo la amiga, Lucero Simons. — extendió su mano a modo de presentación, como lo hacía siempre, deseosa de conocer gente nueva.
— Tiago Andersson, el único amigo del mafioso y dueño de esta cueva. — respondió el saludo mostrando una blanca y perfecta sonrisa, Lucero lo detallo un poco más, el joven de piel canela y ojos color miel a primera vista gritaba peligro, pero solo hacía falta ver su rostro para descubrir que solo era una fachada de chico malo la que mostraba.
— Si te sigues burlando de mí, acabaras en medio del mar. — Neri lo taladraba con la mirada.
— Tranquilo Vidente, solo bromeo, ¿acaso no me extrañaste? — siguió charlando de forma amistosa, pero Lucero seguía pensando en algo.
— Disculpa, pero ¿Cuántos años tienes? — era tan curiosa como su madre, de eso no había duda.
— 20 cariño, aunque sé que aparento menos. — respondió guiñándole un ojo.
— ¿Cariño? – dijo con preocupación la joven y los dos jóvenes rompieron a reír.
— No te asustes Lucerito, no tengo segundas intenciones contigo. — se defendió el castaño.
— Ignóralo, él es así, que no te sorprenda que te llame cariño, vida, reina, es tan… — Neri buscaba la palabra justa para describirlo.
— Latino, así soy, pero ¿por qué preguntabas mi edad? — dijo ahora curioso Tiago.
— Soy curiosa, y dijiste que eras el dueño, me llamo la atención lo joven que eres. — honestidad, así se hacían amigos le dijo su padre.
— Es lo único bueno que me dejo mi padre. — la cara del joven dio a entender que no quería hablar más.
— Respondiendo a tu pregunta Tiago, no, sabes que no te extrañe, por suerte apenas te fuiste a tus vacaciones Lucero apareció y ya vez tengo un círculo de amigos más grande, ya tengo dos. — dijo con diversión el ruso.
— Entonces Lucero debe ser una buena persona, no cualquiera se acerca a este hombre. — dijo riendo, apuntando al ruso.
— Creo que lo soy. — respondió siguiéndole la broma al moreno.
— En ese caso mi reina, déjame informarte que yo también seré tu amigo, pero de igual forma te cobrare la bebida. — le advirtió aparentando seriedad.
— Tiago, ella es una Bach, créeme que lo que menos necesita es tu amistad a cambio de una bebida.
Esa noche Lucero se hizo de un nuevo amigo, Tiago Andersson, aunque ese no era su verdadero apellido, el joven se lo había cambiado solo hacía tres años, Neri sabia la razón, pero no diría nada, ya sabría Tiago si confiaba en Lucero como para decirle su secreto o no. De algo estaban seguros, con la llegada de Lucero a la universidad sus vidas no serían las mismas.
El lunes Lucero se dirigió a la universidad, tomo asiento y se preparó para comenzar esta nueva etapa de su vida, pudo ver algunos estudiantes que se notaba eran norteamericanos, y pensó que sería buena idea hacer amigos, después de todo durante estos 18 años, nunca interactuó con alguien que no sea de su familia, su imagen fue aún más protegida que la de su madre, el mundo desconocía como era Lucero Simons Bach.
Para cuando termino la clase, ya tenía a una amiga, Dulce Ángel. Una joven pelinegra con ojos celestes que llamaban la atención.
— Entonces en ¡¿verdad tu nombre es Dulce Ángel?! Y yo que me quejo porque me nombraron, como la primera estrella que se ve en el cielo al caer la noche. — La joven se reía de su nueva amiga y de ella misma.
— Lo supuse, tienes el nombre de la estrella de los enamorados. Tus padres son muy cursis, mi nombre es en honor a mi tía, Candy Ángel, ya sabes Candy es Dulce en castellano y mi apellido es Ángel.
— Tu tía debe de ser muy especial.
— Si supieras... aún que mejor no, además el mío no es nada comparado con el de mi hermano y primo.
— Y ¿cómo se llaman ellos?
Las jóvenes caminaban enfrascadas en su conversación, y en ese momento Lucero chocó con algo grande y duro, que casi la hace caer, si no fuera por unas enormes manos que la sujetaron en ese momento.
— ¡Eros! Ten más cuidado casi tiras a mi amiga. — Dulce miraba a su primo de forma acusadora, su nueva amiga era de su misma estatura metro sesenta, aproximadamente.
— Lo siento, es culpa de tu hermano. — se justificó el rubio de ojos verdes, mientras la dejaba en pie.
— Claro, si yo te dije que no prestara atención al caminar. — se defendió un castaño de ojos celestes, hipnotizaste.
— Bien, solo olvídenlo, te presento a mi primo Eros Zabet y mi hermano mayor Hades Ángel.
— ¡¿Nombre de dioses?! oh perdón, no quise... no lo tomen a mal, no es que me esté burlando, es solo... — Lucero hablaba de forma apresurada mientras los jóvenes la observaban con diversión.
— Raro, nuestros nombres son raros, lo sabemos. — respondió Eros dejando ver una hermosa sonrisa y Lucero sentía que se derretía.
El corazón de la joven latía a una velocidad frenética y su mente no pensaba con claridad, no eran solo sus nombres, ella realmente estaba en frente de dos hombres que parecían tallados por los dioses, pero algo en el brillo de sus ojos le advertía que nada bueno pasaría estando cerca de ellos.
—Hola, soy Lucero Simons. — Y al momento que sonrió, Hades supo que daría todo por conquistar a esa mujer.
— Un gusto, ahora señoritas, ¿Qué les parece si vamos a la cafetería?
Caminaron en silencio, la joven Bach descubrió que sus tres nuevos amigos llamaban la atención de muchas personas, por no decir de casi toda la universidad, apenas entraron a la cafetería Lucero dio con Neri, no era difícil, estaba sentado solo, y alrededor de su mesa la gente no se acercaba ni por accidente, ahora entendía lo que el joven futuro mafioso le había dicho.
Nadie se acerca a un Neizan.
No pudo evitar sentir un poco de penas, pero antes de decir nada, la voz de Eros llamo su atención.
— Zafiro, ya te dije que dejes de mirar al idiota de Neri. — Lucero miro a la joven que estaba sentada en la mesa, su cabello rubio era casi blanco, sus ojos parecían dos zafiros como su nombre y su piel daba una sensación de porcelana blanca.
— Dulce, Eros, Hades y Zafiro, bien por lo menos nadie se burlará de mi nombre. — dijo en un susurro pensando en voz alta la joven Bach, pero los cuatro la escucharon.
— ¿Y tú quién eres? — Zafiro clavo sus ojos azules en ella y un escalofrió subió por su espalda.
— Tranquila prima, es mi amiga, Zafiro Lucero, Lucero Zafiro. — intervino la joven Ángel, sabiendo el mal humor que su prima se cargaba.
— Una niñita consentida, ¿en verdad? — le pregunto Zafiro a Dulce, como si Lucero no estuviera allí.
— No soy una niñita y no soy consentida. — dijo Lucero dejando salir el carácter de su padre, no le gustaba que la subestimaran.
— Sabes niña, no importa que tan ricos sean tus padres, será mejor que no busques problemas conmigo, no tienes idea de quién soy. — Zafiro estaba de mal humor, y su estado tenía nombre y apellido Neri Neizan, se había enamorado de él apenas lo vio el año anterior cuando llego a estudiar en la universidad, pero su hermano y primo le tenían prohibido acercarse a él, o así sea hablarle, aun así, ella se las arreglaba para tratar de conquistarlo, el problema era que cuando regreso de sus vacaciones, sus amigas le informaron que Neri estaba saliendo con una castaña, una de primer año.
— Oye Zafiro ¿Qué rayos te pasa? — Hades no iba a permitir que su prima espantara a la joven que lo había embelesado.
— Yo, mejor los dejare solos, nos vemos luego Dulce, adiós, chicos. — la joven Bach no estaba dispuesta a soportar los desplantes de aquella rubia.
— Espera, no necesitas sentarte sola. — Eros por alguna razón se sintió ansioso, pero antes que Lucero pudiera decir nada, Neri estaba a su espalda, conocía muy bien a los Zabet Ángel, y no quería que su amiga se relacionara con alguno de ellos.
— Ella no está sola. — dijo el pelinegro con rosto de asesino mientras colocaba su brazo por los hombros de la joven.
— Hola Neri. — dijo la joven sonriendo y comenzó a caminar a la mesa donde Neizan ya tenía el almuerzo para ambos, no solo los cuatro jóvenes clavaron sus ojos en ellos, todos en la cafetería también lo hicieron.
— Princesa, no te relaciones con ellos, no son buenos. — dijo el ruso en su idioma natal, sabía que Lucero también hablaba ruso.
— ¿Qué problema tienes con ellos? Se ven simpáticos, menos la rubia con cara de asesina. — respondió la castaña, provocando que Neri rompiera a reír con unas sonoras carcajadas, eso era aún más raro, él no se carcajeaba, Neizan ni siquiera sonreía.
— Sus apellidos son ZABET ANGEL, ¿te suenan princesa? — Neri se había acercado y le hablaba al oído de manera conspiradora, mientras Zafiro se moría de celos. La joven Zabet no podía hacer nada en presencia de su hermano, por lo que envió un mensaje a una de las tantas lame botas que tenía, Sandra.
— No puede ser, el Ángel de la muerte, ¿Cómo no me di cuenta? Definitivamente mi madre se decepcionaría de mí, ¿cómo se supone que guiare a mi familia si estoy perdida? — dijo haciendo un puchero y provocando que Neizan la abrazara, él mejor que nadie conocía el peso de no defraudar a los padres, la presión de llenar un lugar que te pertenece aun si no lo quieres.
— Tranquila princesa… — Neri no termino de hablar cuando Sandra había tirado “accidentalmente” un refresco sobre la joven, provocando que algunos rieran y otros observaran ansiosos.
— Pero ¿qué rayos? — dijo la castaña poniéndose de pie junto con Neri.
— Perdón, te vi tan caliente que creí que necesitabas refrescarte. — Neri jamás golpearía a una mujer, todos lo sabían, se sentía impotente, había tratado con Lucero durante todo un mes y le parecía una joven buena y tierna, incluso inocente, apretó sus puños mientras fulminaba a Sandra con la mirada y le pasaba unas servilletas a Lucero para que se limpiara.
— Realmente no sabes a quien estas molestando ¿verdad? — Neri no tenía idea que su nueva amiga quería pasar desapercibida, de a verlo sabido hubiera quedado en silencio.
— ¡Oye Neizan! que molesten a tu novia no te da permiso de que te metas con una mujer. — Hades estaba molesto con el ruso por una vieja pelea que habían tenido, y su furia pudo más que querer conquistar a la joven castaña.
— ¿Crees que ella necesita que la defienda? — Neri se carcajeo con cinismo puro, mientras Lucero seguía secándose.
— ¿Acaso es como tú? — refuto Zafiro desde su lugar, quería saber quién era su competencia, quien le estaba sacando a su ruso, debía saber contra quien competía.
— Jamás me compararía con un Bach, menos con la hija de Kimberly BACH. — Si el ruso hubiera sacado un arma y hubiera apuntado a la cabeza de Sandra no le hubiera causado tanto miedo como el que sentía en ese momento. Quien posee dinero o poder, sabe muy bien quien es Kimberly Bach, como también saben que su única hija es quien ocupara su lugar.
— ¡Neri! — al momento que la castaña lo llamo se dio cuenta que ella no quería que nadie sepa quién era, pero ya era tarde para arrepentirse.
— Lo siento princesa, dejemos a estos perdedores y mejor vamos a nuestro lugar, seguro Tiago se alegrará de vernos.
Neri pasó su brazo por arriba del hombro de Lucero y salió con ella de la cafetería, provocando diversas sensaciones en los jóvenes Zabet Ángel y en todos los demás allí presentes.
— Si el clan Neizan forma alianzas con los Bach, nadie los detendrá. — dijo Eros mientras observaba la puerta por donde los jóvenes habían salido.
— Yo lo único que sé es que ella es muy simpática y desde ya les digo que no pienso dejar de hablarle y no me importa tus problemas con el ruso, ¿entendiste Hades?
Dulce no espero respuesta y se marchó enojada de aquel lugar, con la firme idea de seguir a su nueva amiga.
Dulce camino deprisa por los pasillos de la universidad, hasta que pudo divisar como Neri y su nueva amiga Lucero se subían al Chevrolet camaro ZL1 convertible negro noche que poseía el ruso, se vio en un pequeño dilema, ya que ella viajaba con Hades o alguno de sus primos, mientras se decidía porque automóvil adquirir, no le había dado mayor importancia al tema, pero ahora se arrepentía, pero, aun así, tomo coraje.
— ¡LUCERO! — grito a todo pulmón, sin importarle mucho lo que pensaran las personas que se encontraban yendo y viniendo por todo el lugar.
Pudo ver como su amiga quedaba de pie al lado del vehículo y parecía que estaba discutiendo con el ruso, por lo que se apresuró a llegar con ella.
— Disculpa, disculpen los dos. — dijo casi sin aire, apoyando sus manos en las rodillas.
— ¿De qué hablas? — pregunto confundida Lucero.
— Lo de la cafetería, me siento culpable y avergonzada por lo que dijo mi prima y hermano, no sé porque defendieron a esa tipa. — dijo haciendo una mueca cómica con su rostro y Neri se dio cuenta que ella no era como los demás.
— No te preocupes, no tenían porqué defenderme. — respondió Lucero mientras sonreía, su amiga cada vez le agradaba más.
— Bien, si estamos en paz, ¿puedo ir con ustedes? — Neri clavo sus ojos azules en Lucero mientras negaba con la cabeza, Dulce se dio cuenta.
— Que malo eres ruso, no los pienso molestar, es más veré a otro lado cuando se besen. — Neizan no pudo evitar reír, por las ocurrencias de la niña, aunque era de esperar que todos creyeran que tenían algo, ya que Neizan siempre estaba solo.
¿Quién era Dulce Ángel? El orgullo más grande de su padre y su mayor decepción, a quien amaba incondicionalmente, pero evitaba verla a como diera lugar, la joven que trataba a sus tíos como padres y a sus padres como tíos. Dulce Ángel tenía un alma aún más pura que su tía Candy, la verdadera bondad personificada, jamás se enojaba, jamás quiso tocar un arma y menos aprender a luchar, en cambio, era cariñosa, tierna, cada vez que la joven abrazaba a su padre en un acto de amor, Matt temblaba, el ángel de la muerte temía a si sea tocar a su hija, creía que podría manchar su esencia tan pura con toda la sangre que había en sus manos.
Dulce Ángel era la mejor y única amiga que tenía Zafiro, más que primas eran hermanas, con una diferencia de un año, Zafiro que era mayor actuaba como guarda espaldas de su prima, jamás dejo que nadie la moleste o lastime, parecía ser la sucesora de Candy, Dulce obligaba a que la quisieran, mientras su hermano y su prima tenían una actitud desafiante y peligrosa así como Eros era calma pura, Dulce era amor, muchos creían que lo que los niños habían pasado cuando tenían 7, 6 y 5 años los había cambiado de por vida.
Cuando esos hombres que estaban tras el ángel de la muerte y su sucesor, quien en ese momento no era otro que Matt y Hades los encontraron en el bosque muchas cosas pasaron hasta que Candy llego a rescatarlos, Eros coloco a Dulce tras de él, si alguien seria herido o resultaba muerto seria él, no su prima quien temblaba y se aferraba a su espalda, era su deber, es la esencia de Eros, proteger a quienes quiere, mientras Hades y Zafiro estaban uno al lado del otro, tomados de la mano, como si no le temieran ni a la misma muerte.