Dos semanas fueron necesarias para que pudiera recuperarse, por lo menos de las heridas de su rostro, dos semanas en la que no abrió su puerta, y solo dijo que tenía una gripe demasiado fuerte y contagiosa, tanto como para ordenar a los custodios que solo permanezcan en su entrada, no se arriesgaría a enviarlos al hotel donde se hospedaban los hombres, sabía que si Ming quería irrumpiría en su hogar para atacarlo, también contaba con que no supiera que eran hombres de los Bach, ya lo había amenazado esa noche de pesadilla, con atacar a Neri y eso que eran aliados, o por lo menos hacían negocios juntos, Felipe se preguntó ¿qué pasaría si el dragón rojo fuera enemigo de la familia Bach? Quizás Ming lo tomara de rehén, para obligar a Kimberly Bach, actual cabeza de la familia y madre de Lucero, a hacer algo que no beneficiaria a nadie solo al oriental.
— ¿Se encuentra Bien señor? — la pregunta del custodio lo trajo al presente, su maldito presente.
— Sí, solo… me caí en la ducha y creo que lastime mi cintura. — respondió, aunque le gustaría decirle que era su trasero el que dolía y como el infierno al caminar, no había dado ninguna explicación en la universidad por su ausencia, era la primera vez en dos semanas que saldría de su departamento y solo era para tomar un poco de aire, algo que desestimo en el momento que vio fuera del edificio a hombres de Ming.
— Regresemos. — dijo al tiempo que se detenía en la puerta del lugar.
— ¿Esta seguro? Debería tomar un poco de sol, esta pálido…
— Estoy bien, regresemos.
Y así paso el tiempo, un mes, al fin podía moverse con normalidad, aunque las pesadillas lo mantenían despierto hasta tarde, Jerry, uno de los custodios con el que mejor se llevaba y el único que soportaba las constantes bromas del joven, que como si fuerana una especia de escudo había vuelto a usar, era quien se quedaba con él la mayor parte del tiempo, era su compañía de charlas, o compañero de juegos en línea, aunque era un hombre mayor, trataba al joven Felipe, como lo llamaba, como si fuese su hijo.
— En verdad, te llevarías muy bien con mi Zack, aunque tiene 22 años, es igual a ti, un bromista y despreocupado muchacho. — Felipe veía como Jerry hablaba con cariño de su hijo, y se preguntaba si Amir lucia igual cuando hablaba de ellos.
— Lo extraña. — afirmo aquello y Jerry solo sonrió, aunque luego de unos segundos agrego.
— Debo acostumbrarme, al fin de cuentas se ira, probará vivir solo, sé que le ira bien, trabaja en una compañía de modas, el pago es bueno y se propuso mudarse a Malba, pero aún no lo puede conseguir un contrato, ya sabes es una sección del barrio de Whitestone, una de las comunidades más ricas y exclusivas de Queens. Las mansiones, aunque son pequeñas deben seguir ciertos lineamientos y las familias que quieren mudarse al área deben solicitar un permiso a la asociación de vecinos. Algo que Zack aun no consigue, no les hace gracia que tres jóvenes sin relación familiar se muden allí.
— ¿Tres?
— Zack y sus amigos, Tom y Reicher. — Felipe dejo de prestar atención al juego de carreras y ocupo sus pensamientos en lo que Jerry le había contado, seria genial mudarse con un grupo de personas que según Jerry eran muy parecidos a él.
— Te gane, no lo puedo creer. — dijo con euforia el mayor y Felipe comenzó a reír, incluso mientras caminaba a la puerta que había sido tocada segundos antes, el joven Zabet no borraba su sonrisa.
— ¿Sí? — dijo al abrir y se arrepintió de inmediato, la mirada fría de Ming lo congelo, y solo cuando Jerry aparecía a su lado se atrevió a pestañar.
— ¿Quién es joven? — pregunto Jerry adquiriendo su estado de custodio.
— Hola, mi nombre es Han Shun Ming, soy uno de los profesores de Felipe, quería saber porque ha estado faltando a clases, tus compañeros y profesores nos preocupamos por ti, pero veo que estas bien. — Felipe podía ver como la mirada de Ming se oscurecía con cada palabra que no era más que un reproche.
— El joven ha estado enfermo, incluso estuvo dos semanas en cama. — se apresuró a explicar el mayor como si realmente fuera su padre.
— ¿Y usted es? — Felipe descubrió que no podía hablar, al ver a Ming solo podía sentir el dolor en su cuerpo, que parecía recordar cada atrocidad que le hizo.
— Soy Jerry, custodio personal de Felipe Zabet.
— ¿Custodio? ¿Tu familia cree que algo puede pasarte aquí? — Jerry al fin noto la palidez de Felipe, algo no estaba bien y el mayor lo sabía.
— ¿Qué materia dijo que imparte?
— No lo dije, espero verte el lunes Felipe… aunque pensándolo mejor… pasare por ti, ya sabes, me queda de camino. — mentía Felipe lo sabía, su casa no quedaba de camino, por lo que eso solo era una amenaza, Ming se lo había dejado claro, era suyo, su joya exótica.
— Felipe, soy tu custodio, pero también tu amigo, puedes confiar en mi muchacho.
Solo en ese momento Felipe se dio cuenta que sus mejillas estaban empapadas, estaba llorando y del mismo miedo no lo había notado, Jerry se movió rápido, sacando su arma de la funda y viendo por la ventana, pero Ming solo salió, a paso lento, sin levantar sospecha alguna.
El teléfono de Felipe sonó y al verlo leyó MAMÁ, solo entonces pudo respirar con normalidad, y sus lágrimas dejaron de caer, él tenía a sus padres, él tenía hermanos, él tenía familia, no estaba solo, quizás podía ponerle fin a su pesadilla.
El corazón de Felipe latía desbocado, y aunque trataba de parecer que caminaba con suma tranquilidad, no podía evitar las gotas de sudor que adornaban su frente, algo que preocupo a Jerry, pero como siempre el joven disipo cualquier duda, estaba a punto de conseguirlo, solo unos pasos más y estaría arriba del avión, regresando a casa, con su familia y con una sorpresa esperando por él, Victoria tenía un novio y no solo eso, seria madre, una de sus mitades seria madre, estaba feliz, además de que al fin conocería a Lukyan, el príncipe ruso que un día tomaría el lugar de su padre y controlaría el clan Neizan, solo era cuestión de unos pasos más.
— Hermoso. — una palabra, siete letras, y Felipe quedo clavado al piso como si lo hubieran cubierto de cemento.
— ¿A dónde vas? — no se giró, no podía ni siquiera respirar, ¿Qué le había hecho Ming para que se comportara de forma tan cobarde? Lo sabía bien, lo había torturado, durante toda una anoche, lo había despojado de su dignidad, de su orgullo, lo había convertido en un ser que lloro y suplico hasta que al fin el líder del dragón rojo lo dejo ir, lo había roto en más de una forma.
— Ming. — susurro y Jerry clavo sus ojos en el asiático que estaba a la espalda de su joven jefe.
— Te hice una pregunta Felipe. — dijo con voz acerada y fue cuando Felipe dio la vuelta, descubriendo que Ming no estaba solo, al menos diez hombres estaban con él, y ninguno disimulaba lo que era, si el joven tuviera que adivinar qué lugar ocupaban en la organización del dragón rojo, estaba seguro de que eran el último escalón, el más bajo, los que no importaban si vivían o morían, pero aun así eran buenos, tanto como para llevar el tatuaje distintivo de la organización.
— ¡Felipe! — el grito de una mujer lo hizo pegar un salto, sus nervios iban a terminal con él, podía casi jurarlo, y entonces de la nada, la melena chocolate de Rosita apareció frente a él.
— ¡Rosita! — grito de la misma impresión, saliendo de su estupor, lo que menos quería era a su hermana adoptiva en aquel lugar.
— No puedo creer que vinieras por mí, te extrañe tanto Feli. — y mientras la morena lo abrazaba, Ming observaba con curiosidad, se le había informado que Felipe Zabet salió de su departamento con maletas, con destino al aeropuerto, y Ming dejo sus negocios botados para ir allí, si la intención de rubio era escapar, no lo dejaría, ya no le permitiría huir, esa nunca fue una opción para el rubio.
— ¿Quién es? — indago con verdadero odio hacia esa mujer, porque peor que Felipe quisiera escapar, sería que fuera por su amante al aeropuerto, si, amante, porque para Ming él sería todo de Felipe, y no había lugar para nada más.
— … — Felipe vio a su profesor, ese mismo que había llegado con casi una decena de hombres al aeropuerto, y sus ojos se humedecieron, aun así, no podía hablar, solo ver a su pesadilla andante y el rostro sorprendido de Rosita.
— No puedo creer que al fin te deje sin palabras hermanito. — Rosita escapaba de su propia pesadilla y ante la euforia que eso le causaba, confundió el miedo de su hermano, con sorpresa.
— ¿Hermano? — interrumpió Ming, ya que Felipe continuaba como una estatua, quieto, sin hablar, solo sus ojos mostraban el torbellino de emociones que sentía.
— Como un simple profesor… es demasiado curioso. — la voz molesta de Jerry, al fin hizo que Rosita viera al oriental.
— ¿Profesor? ¿Usted es profesor de mi hermano? Un gusto, soy Rosita Méndez- Zabet — y cuando la joven levanto su mano para saludar al hombre, Felipe al fin reacciono, tomo la mano de su hermana y la jalo al refugio de sus brazos, donde la apretó con tal fuerza que Rosita se quejó.
— Feli, no me digas que ahora eres tan bruto como Stefano. —Rosita tenía 22 años, era quien resaltaba entre todo los Zabet, no solo por su color de piel, también por su cabello oscuro, en ella la sangre mexicana corría con orgullo.
— Tu hermano solo te está protegiendo. — la voz fría, surco el aire, y aunque fue un susurro, fue suficiente para que por primera vez desde que Felipe había cruzado mirada con Ming, este se mostrara sorprendido e incluso incomodo.
— La susurradora. — dijo con sorpresa el oriental.
— ¿Qué hace el líder del dragón rojo con mi sobrino? — la mirada negra como el carbón de Melody barrio el cuerpo del oriental, de pies a cabeza, no había emoción alguna reflejada en su rostro, pero sus ojos ardían con una clara advertencia, ella era Melody Ángel, esposa de Matt Ángel, ella era la susurradora, la última voz que escuchas, antes de que la muerte llegue, por su mano o la de su esposo, ellos eran los mejores asesinos del mundo.
— ¿Tu sobrino? — Ming parecía aturdido, creía saber todo de Felipe Zabet, joven estadounidense, rico como pocos, de 19 años recién cumplidos, soltero y por lo que había descubierto gay, pero ahora se preguntaba si debió indagar un poco más en la vida del joven rubio, el hecho de descubrir que era el cuñado de Neri Neizan, lo había sorprendido gratamente, creyendo que con eso tendría la llave para manipularlo, amenazarlo con iniciar una guerra con el ruso, aunque la verdad era que esa guerra se llevaría a cabo a como diera lugar, Arkady Neizan le había solicitado ayuda para derrocar a su primo y tomar el mando del clan Neizan.
— Han Shun Ming, ¿que pudo pasar en tu vida para que seas tan descuidado? — la sonrisa que mostro la pelinegra daba miedo, a todos, menos a sus sobrinos. — Felipe Zabet- Ángel, no vas a decirme que cualquier mortal puede portar tales apellidos. — ahora era Ming quien estaba en silencio, su pecho subía y bajaba, con una furia contenida que a Felipe lo hacía sudar.
— El señor se presentó como un profesor de Felipe. — dijo Jerry tras recibir una mirada de la asesina conocida como la susurradora.
— ¿Nueva técnica para manejar los negocios? — indago Melody y Ming, solo asintió con la cabeza.
— Sangre nueva, ideas nuevas. — felicito Mel, pero más que eso le estaba informando que ella sabía cómo manejaban el negocio y es que Melody había trabajado más de una vez con el padre de Han Shun. — Pero será mejor que recuerdes que… Felipe es mi sobrino, mantén a tu gente lejos, a no ser que quieras escuchar mi voz antes de cerrar tus ojos. — uno de los hombres que acompañaba a Ming se ofusco ante la amenaza y llevo su mano a la espalda, con la clara intención de sacar algo, quizás un arma y Melody toco una de sus pulseras de oro que llevaba, de ella salió un fino hilo, o eso parecía ya que en realidad era un fino cable con el cual no solo podía asfixiar a alguien, también lo podía decapitar.
— Alto. — ordeno Ming, reaccionando por primera vez desde que Mel había llegado a ellos. — Esta falta no será pasada por alto. — continúo hablando, y su hombre temblaba sin comprender, porque su jefe se veía tan sumiso. — La señora y sus sobrinos están bajo la protección del dragón rojo. — informo a sus hombre que lo veían con confusión.
— No te molestes pequeño Han, mientras yo esté aquí, soy más que suficiente para proteger a mis sobrinos, vamos niños.