— No puedo creer que ese niño flacucho lo sometiera tan fácil jefe. — murmuro uno de los hombres cuando ya estaban de camino al aeropuerto, Felipe veía por la ventana, pero, aunque estaba ocupando toda sus pensamientos en Vicky, podía escuchar a los hombres susurrar.
— Ese niño, es Felipe Zabet, y es un Ángel, que su rostro de inocente no te engañe, de todos ellos la única que es débil es Victoria, es por eso por lo que la secuestraron. — la última frase de Conall lo molesto, más que eso, lo enfureció y Felipe pocas veces se enojaba a ese punto.
— Si crees que Vicky es la más débil de nosotros es porque no nos conoces en realidad, pero ya lo veras por ti mismo, todos la subestiman por ser ciega, pero ella podría ser mejor asesina que Hades, solo la detiene la dulzura de su corazón. — dijo al tiempo que sus ojos brillaban con cierta advertencia de que cuidara sus palabras.
— Lo mismo dijo Lucero, pero lo cierto es que la secuestraron y no opuso mayor resistencia. — rebatió Conall y no por contradecir a Felipe, sino tratando de comprender como fue que se la habían llevado tan fácil, lo que ambos desconocían era que Vicky se había dejado llevar por salvar a Rosita, su hermana adoptiva.
— Desde que éramos niños se nos instruyó para poder sobrevivir en caso de un secuestro, ya sabes, somos asquerosamente ricos, pero además somos sobrinos y primos de asesinos, a eso súmale que Zafiro esta con Neri el líder de la mafia rusa y Eros… con Lucero, debes saber mejor que nadie cuantas personas quieren llegar a un Bach. — Conall no podía rebatir aquel hecho. — A diferencia de ustedes, a nosotros nos gusta la libertad, estar rodeado de tanto custodios… no es una opción, no desde que nos traicionaron y por ello murió mi prima. — Conall comenzaba a comprender todo aquello que Lucero les había contado.
— Están entrenados para matar. — Felipe dejo salir una sonrisa triste, que acompaño de un suspiro antes de responder.
— Tenemos sangre de asesinos, lo llevamos en nuestras venas, pero solo llegado el caso sabremos si todos somos capaces de matar, por ahora, solo mis padres, mis tíos, Hades, Eros y Zafiro se han atrevido a hacerlo.
— ¿Crees que Victoria lo hará? ¿crees que pueda escapar?
— Creo que ella hará todo lo que este en sus manos para regresar a nosotros, cueste lo que le cueste, somos su familia.
Felipe no se equivocaba, Victoria haría cualquier cosa para regresar aun a costa de su propio corazón, solo le llevo un par de semanas regresar con su familia, pero muchas cosas pasaron en ese tiempo, en especial a Felipe.
Ming solo lo llamo una vez, para exigirle saber dónde estaba, a lo que Felipe le informo que su hermana había sido secuestrada, y que regresaría solo cuando ella regresara a casa, luego de eso Ming no se comunicó más con él y Felipe no tenía tiempo ni ganas para saber de él, por suerte Vicky había regresado y ahora les insistía que regresaran cada uno a su vida habitual, es decir que regresaran a sus universidades y hogares, ya que incluso Zafiro y Eros estaban allí, pero Felipe ya no estaba tan convencido de regresar, ni siquiera por Ming, fue por eso que busco un tiempo a solas, fue a la casa del árbol, aquel lugar era el favorito en toda la mansión, aun con sus 19 años recién cumplidos. En ese pequeño lugar, comenzó a pensar que debía hacer, no solo con sus estudios, también con su vida en general, ¿le gusta Ming? Claro que le gustaba, ¿lo amaba? No lo creía, no estaba muy convencido de que era el amor, solo podía verlo en los ojos de sus padres, o en los de sus hermanos, como veían a sus esposas o esposo, recordó como ayudo a Tiago a convencer a Dulce a que fuera su esposa, ese moreno estaba muy enamorado de su prima.
— Detente Princesa, ya es suficiente de culparte por todo. — la voz de su cuñado lo llevo a levantarse y observar por la pequeña ventana, la princesa, como solo el ruso llamaba a Lucero se veía abatida, Felipe conocía la historia de ese par, sabía que Neri y Lucero fueron amigos aun antes de que Zafiro y Eros entraran en sus vidas, ellos tenían una conexión única, como la que tenían con Tiago y Dulce, ellos cuatro fueron los mejores amigos.
— Pero esta vez también es mi culpa, ¿lo puedes comprender Neri? Por mi culpa secuestraron a Vicky, ¿Qué hubiera sucedido si la mataban como paso con Dulce?
— Lo de Dulce no fue tu culpa…
— Lo fue, murió por que fui una inepta, tomé el lugar de cabeza de los Bach ¿y para qué?
— Para vengar a Zafiro, gracias a ti matamos a esos hijos de puta.
— Debía vigilar a los padres de esos tres y no lo hice, debía cuidar a Tiago y no lo hice y ahora no están y yo estoy criando a su hijo y ¡el día que Horus sepa la verdad va a odiarme!
— Si quieres culpar a alguien, cúlpame a mí, sabía que Zafiro quería dame celos y solo la deje, ¿quieres otro culpable? Tu esposo.
— Neri…
— No, que tú lo perdones no quiere decir que yo lo haga, lo respeto, de acuerdo, es mi cuñado y tu esposo, pero yo no puedo perdonar que te violara.
— No lo hizo.
— Abuso de ti, él sabía que estaban drogados y aun así… — Neizan dejo de hablar al ver como Rosita estaba discutiendo una vez más con Zafiro y luego de hacerle una mueca a Lucero se alejó, Felipe no comprendía nada de todo aquello, pero no se quedaría con la duda.
— Lu. — dijo el joven y la princesa del imperio Bach, al fin lo descubrió, no puedo evitar reír al verlo asomado en la pequeña ventana y como si ella también fuera una niña subió a esa pequeña casa del árbol que en un tiempo había albergado a cinco niños de cabello dorado.
Las horas pasaron y Lucero contesto todas y cada una de las dudas de Felipe, quien descubrió toda la verdad de su familia, como Eros había abusado de Lucero, como tres hombres habían violado a Zafiro y al fin supo la verdad, el bebé que Zafiro había abortado no era de Neri como siempre creyeron, sino que era producto de esa violación, el joven se sentía mal, durante 7 años le había jugado bromas pesadas a Neizan, creyendo que él era el responsable del aborto de su hermana, ahora comprendía que el ruso prefirió aquella mentira para que ellos, que eran unos niños nunca supieran lo que le había sucedido a su hermana, ese día Lucero Bach y Felipe se hicieron amigos, pero su conversación también le sirvió al rubio para saber un poco más de lo que era el amor.
Felipe al fin regreso a país X, no estaba muy convencido de retornar, pero al ver como sus hermanos volvían a sus universidades y que incluso Victoria se iría a Rusia con Stefano, decidió no ser el débil y seguir el ejemplo de sus otras mitades, parecía que solo él los extrañaba, claro que con lo que había sucedido con Victoria nada volvería a ser igual, Felipe ya no estaba solo en país X, Lucero había envido gente de su confianza a la cuidad a cuidarlo, así como Ámbar estaba bajo la protección del clan Zabrek, quienes lideraban la mafia en Grecia, Mateo tenía como respaldo a la mafia de Chicago los Constantini, y Stefano estaba en el reino de los Neizan, por lo que Lucero se haría cargo de su seguridad, solo se tomó un día de descanso para regresar a la universidad y solo cuando puso un pie en aquel lugar recordó a Ming, en todas esas semanas no se había comunicado con él, pero Felipe tampoco lo había hecho, comenzaba a estar cada vez más seguro que eso no era amor, solo atracción y curiosidad, Ming fue el primer hombre que le fue claro o mejor dicho directo en avanzar a algo con él, pero eso no quería decir que el rubio lo amara.
— Señor Zabet, debo hablar con usted. — dijo de forma cortante Ming cuando la clase termino y Felipe solo se quedó en su asiento, viendo una vez más como todos se retiraban.
— Ming… — comenzó a decir Felipe, pero su boca fue tomada con desespero por su profesor, quien incluso lo hizo poner de pie, para pegarlo a su cuerpo.
— Te extrañe hermoso, no sabes cómo te extrañe. — Han Shun Ming estaba agitado de pies a cabeza, su cuerpo estaba rígido, y sus manos apretaban con desespero el cuerpo de Felipe.
— Sí, eso se nota. — respondió mostrando una pequeña sonrisa el rubio, jamás hubiera imaginado que lo recibiría de esa forma, a decir verdad, esperaba algún ataque de celos, ya que en el corto tiempo que llevaban juntos en esa confusa relación, el hombre se había mostrado hostil cuando Felipe no le decía dónde estaba, que estaba haciendo o cuando no hacia lo que él le pedía.
— Sé que regresaste ayer, ¿Por qué no me llamaste? — y allí estaba, lo que a Felipe le molestaba, que Ming siempre sabía dónde estaba y que hacía.
— Porque espere que tú me llamaras, a decir verdad, he esperado tu llamada durante días, por lo menos para que me preguntaras como estaba. — dejo que la queja solo saliera, si Ming iba a reclamar algo, él también.
— Si no te hubieras ido, yo sabría como estabas.
— Si recuerdas que te dije que secuestraron a mi hermana ¿verdad? — rebatió molesto al tiempo que se alejaba un poco de él.
— Tienes hermanos mayores, ellos deberían preocuparse por eso, no tu hermoso, ese no es tu trabajo.
— ¡¿Disculpa?! Comprendo que ustedes tienen una forma distinta de pensar y solucionar las cosas, pero de donde yo vengo, ser el mayor o el menos no tiene nada que ver con preocuparte por tus otros hermanos. — Ming suspiro demasiado fuerte y un brillo oscuro tomo sus ojos, pero cuando Felipe esperaba alguna frase mordaz de él, solo le sonrió.
— Tienes razón, tú eres distinto, por eso me vuelves loco, quiero verte… en mi casa, a las 10, no faltes.
Solo lo dijo y se marchó sin esperar respuesta, Felipe paso el resto del día pensando que debía hacer, el hecho de que Ming le gustara y mucho no era suficiente para pasar por alto sus desplantes, ni siquiera mintió y fingió un mínimo de preocupación por Vicky, no pregunto por ella o como estaba, y eso era porque no le importaba, y Felipe no podía amar a alguien que no le importara su familia.
— Señor…
— No me llames así, por favor, tengo la mitad de tu edad, dime Felipe. — el joven vio con fingido espanto a su custodio y a este no le quedo más que reír, Felipe tenía la facilidad de hacer reír incluso a la persona más seria del mundo.
— Como digas, solo quería preguntar si saldrá esta noche o…
— No claro que no, pueden ir a descansar, nadie podría ingresar al edificio, solo los Bach. — respondido el rubio, ya que se enteró que Conall, desplego al menos veinte hombres esa noche que fue por él, y aun así tuvo que dar explicaciones a la policía al salir del edificio, Felipe era precavido, siempre temió el ser secuestrado o acosado por los periodistas, lo odiaba, fue por eso por lo que había buscado un buen edificio en donde establecerse en país X.
Una vez que el empleado se retiró, él fue a la casa de Ming, debía decirle que si seguían en esa especie de relación deberían programar donde y cuando verse, si bien le había confesado a Lucero que era gay, aun no estaba dispuesto a que toda su familia se enterara y por más que Lucero le aseguró que su gente no diría nada de lo que viera él no estaba tan seguro, o quizás era el hecho de que no estaba seguro de continuar con Ming. Fuera lo que Fuera, Felipe se arrepentiría de haberle mentido a sus custodios.
Felipe camino por las calles de piedra, odiando una vez más el clima tan cambiante de aquel lugar, aun no se acostumbraba a salir con un paraguas cada día, y es que, así como en un segundo el cielo estaba despejado solo segundos después la lluvia caía, como en este momento, apresuró sus pasos y toco sin demora la puerta del hogar de Ming, o el que Felipe creía que era su hogar.
— Creí decirte que siempre lleves un paraguas. — fue lo primero que Ming dijo y Felipe bufo molesto.
— Ming, deja de comportarte como mi padre y dame mejor algo para secarme o me enfermare, odio el clima de este lugar… — Felipe siguió quejándose, sin percatarse de la forma en que su profesor lo veía.
— Ten y sígueme. — ordeno con voz acerada y Felipe lo vio sorprendido.
— ¿A dónde?
— A cambiarte antes de que te enfermes. — sin ser consciente del peligro Felipe lo siguió, y es que, para el joven Zabet, desconfiar de quien te quiere o a quien quieres no era lógico, se supone que quienes te quieren no te dañan, eso pensaba Felipe.
Ming no perdió tiempo y comenzó a desvestirlo, ágil y rápido como solo él podía ser, pero bajo su aparente preocupación se escondía otra cosa, una tenebrosa e incluso diabólica razón, Felipe se dejó hacer, como cada vez que Ming estaba a su lado, el joven se replanteaba la decisión que había tomado, ahora que Ming besaba sus labios con suavidad, y acariciaba su torso, como con suaves movimientos secaba su espalda, o la delicadeza con la que retiraba su pantalón y ropa interior, Felipe se preguntaba una vez más si no estaba siendo egoísta, ¿realmente era correcto alejar a Ming solo por ser un poco controlador? Ahora no estaba, muy convencido de ello. Talvez como todo en su vida estaba tomando una decisión egoísta y es que así se sentía Felipe, cada vez que sus hermanos o padres se abrían a él, buscando tratar de descubrir el secreto del rubio, este los alejaba con alguna broma pesada, en este momento Felipe se preguntaba si en verdad quería alejar a su profesor por no ser compatibles o por temor de amarlo, en estos 19 años Felipe se había acostumbrado a estar solo y aun así acompañado, su mente era un verdadero caos y los besos de Ming no ayudaban, hasta que sintió el frio del metal en sus muñecas, solo entonces se dio cuenta que estaba esposado a la cama.
— ¿Qué haces? — pregunto con media sonrisa que borro al ver el rostro sin emociones de Ming.
— ¿Quién es el hombre que estuvo contigo ayer y hoy? — pregunto mientras se sentaba a horcadas sobre Felipe.
— ¿Por qué me vigilas Ming? — un chasquido sonó y el rubio dejo de hablar y aun cuando sintió el golpe en su mejilla no pudo decir nada, estaba en shock.
— Shun, ¿cuántas veces te lo debo explicar? Me debes llamar Shun. — el frio en la voz de su profesor era acompañado por una la mirada de hielo.
— ¡Y una mierda, maldito loco! ¿Quién te crees que eres para golpearme? — Felipe solo recibió otra bofetada como respuesta, pero esta vez movió con furia sus manos para tratar de liberarse, ¿lo habían golpeado a lo largo de su vida? Por supuesto, él podía ser delgado y fácilmente podía pasta por una de sus hermanas, pero los niños dorados estaban preparados para la lucha, entrenaba a diario y en más de una ocasión se vio envuelto en las peleas de Stefano, pero, aun así, jamás se había sentido tan indefenso como se sentía en ese momento, nunca alguien que él quería lo había golpeado adrede.
— Me creo lo que soy, el dueño de casi toda país X, soy Han Shun Ming, líder del clan dragón rojo y tu… eres una de mis joyas y yo no comparto mis cosas. — Felipe se congelo por casi un minuto, ¿sabía quiénes eran los dragones rojos? si lo sabía, Arkady el primo de Neizan hacia negocios con ellos, ¿quería tener algo que ver con ellos? no, claro que no.
— Quiero irme. — dijo con la esperanza de que Ming lo dejaría ir, algo que le quedo claro no sucedería gracias a la sonrisa siniestra que el oriental tenía en sus labios.
— Hoy comprenderás que tu harás lo que yo quiera y cuando yo quiera, eres mi hermosa joya, exótica, distinta, pero eso no te da ningún privilegio, ¿comprendes? — pregunto ahora jalando el rubio y un poco largo cabello de Felipe, provocando aún más el enojo del menor.
— Déjame, ¡ahora! tú no sabes quién soy… — trato de persuadirlo, pero la risa de Ming lo silencio.
— Eres Felipe Zabet, eres el cuñado de Neri, no querrás que comience una guerra con los rusos por ti ¿verdad? Porque si ese fuera el caso, el primero en morir seria tu sobrino.
Felipe grito, lloro e incluso rogo, pero nadie lo escucho, en las tierras del dragón rojo Han Shun Ming controlaba todo, incluso quien oía, quien veía y quien hablaba.
El día siguiente, las personas parecían no ver a Felipe, era como si el joven que caminaba cubierto de sangre no existiera, ni siquiera la policía se detuvo a preguntar qué era lo que le sucedía, tardo más tiempo del normal en regresar a su hogar, cada paso que daba el dolor se incrementaba, sus piernas cedieron en más de una oportunidad, enviándolo al frio de las aceras, donde todos lo veía con lastima, solo una niña hizo el intento de ayudarlo a ponerse en pie, pero la mano de su madre y el miedo en su voz fueron suficiente para hacerla desistir.
— Es el nuevo juguete del señor Ming, déjalo. No lo toques.
Felipe se dejó caer de trasero lo que le causo aún más dolor, un pinchazo que lo dejo sin aire, podía sentir la sangre entre sus piernas, aun así, pudo ver como todos lo veían, aunque luego de unos minutos descubrió que no era a él al que observaban, eran los hombres de la acera de enfrente, los había visto, en reiteradas ocasiones, incluso creyó que lo estaban siguiendo, ahora sabía que no se equivocaba, ¿Cómo era posible que pasara por alto el tatuaje de dragón que se veía en la mano de uno y el cuello del otro? Fácil, porque nuca creyó que en un lugar tan alejado de su hogar debía cuidarse la espalda, porque en su mente de 19 años recién cumplidos, aun había lugar para la inocencia, en ese momento lo pensó, él era inocente, un iluso, un idiota, un soñador, tanto como lo fue Dulce, ¿Cómo pudo creer que, si no se metía con nadie, nadie se metería con él?
Haciendo acopio de la poca fuerza que le quedaba se levantó una vez más, debía llegar a su hogar antes que los custodios de los Bach se hicieran presentes, ya una vez hace 7 años atrás había sido testigo de una guerra, como esos hombres irrumpieron en su hogar, con el desespero que Neri Neizan, el esposo de su hermana mayor, lo había tomado en brazos cubriéndolo casi al completo, cuidando su vida, aun si le costaba la suya propia, y lo había colocado en una camioneta junto con sus hermanos, aun así lo vio, la muerte llego a su hogar, y aunque muchos resultaron heridos solo dos personas murieron ese día, Dulce y Tiago, que en ese entonces tendrían su misma edad, ellos murieron antes de los 20, ¿quería que la historia se repitiera? Claro que no, no podría llevar a su familia a un infierno de ese calibre, menos poner en riesgo a Lukyan, ese niño que aún no nacía, y que era todo para Zafiro, su hermana había sufrido mucho, y en el momento que ingreso en su departamento y fue a la ducha, la conversación que había tenido con Lucero se repitió en su mente.
— A Zafiro la violaron, tres malditos… ayudé a Neri vengarla, aun así, no hice bien mi trabajo, y sus padres buscaron venganza, no estaban solos, el cartel de Cuervo también los ayudo, ellos querían a Tiago, los otros querían a los Zabet-Ángel…fue mi culpa que mis amigos murieran.
Felipe recordaba el dolor en la mirada verdeazulada de Lucero, él comprendía que ella no tenía la culpa de nada, pero también entendía que esa mujer, que era su cuñada, era la princesa, la heredera de los Bach y algún día asumiría su lugar, no antes de cumplir su promesa, acabar con todos y cada uno del cartel del Cuervo, sin importar el tiempo que le llevara, aun luego de 7 años continuaba cazándolos, pero ¿Cuál era el precio para pagar? Victoria había sido secuestrada, era como si una cosa se conectará con otra, como si la muerte de Dulce y Tiago siguiera pesando sobre ellos y no solo con el dolor de su pérdida.
Felipe comprendió que si decía lo que sucedió una nueva guerra se desataría, pero, aun así, él era Felipe Zabet, no caería bajo las órdenes de nadie, aunque le costará la vida, eso si podía jurar, su vida.
— Púdrete, Ming, jamás será tuyo, primero me tendrás que matar.
Se lo juro viéndose al espejo, su rostro estaba casi desfigurado, sus muñecas estaban en carne viva por lo mucho que lucho para liberarse, mientras Ming lo violo, y no conforme con ello, lleno su estrecho orificio con una variedad inverosímil de juguetes sexuales, sonriendo cada vez que él gritaba, sabía que debería ver un médico, casi no podía caminar y mucho menos sentarse, pero solo se dejó caer en la cama, cubriéndose con las mantas, como cuando era niño y los truenos lo asustaban, peor aún, como cuando tenía 13 años y recordaba los disparos que esos hombres hicieron en contra de su hogar, desde esa noche Felipe se sumergió en una pesadilla que parecía ser eterna.