Chapter 3

Felipe observo cada movimiento que su profesor hacía, como lo dejo con delicadeza sobre la cómoda cama, y luego comenzó a desvestirse, se sorprendió de que, a pesar de ser muy delgado, sus músculos se marcaban en su abdomen, mientras que él solo era delgado, casi no tenía músculos que lucir, quien diga que un hombre no duda de su físico miente, ya que Felipe se preguntaba si Ming realmente lo veía hermoso, como tantas veces se lo dijo. Su profesor sonrió cuando el joven quedo con la vista fija en su pene, ese que de la misma excitación tenía una gota brillante en la punta, Ming tomo un pequeño frasco de la mesa de noche, y solo entonces Felipe se preguntó hacia cuanto tiempo que Shun estaba en su hogar, pero los besos de su profesor lo hicieron olvidar de todo una vez más.

— Abre tus piernas hermoso. — le susurro en el oído y Felipe obedeció, algo que a Ming le encantó, le fascinaba con la facilidad que Felipe lo obedecía.

— ¿Lo haremos? ¿realmente lo haremos? — pregunto con la garganta seca el rubio.

— Solo relájate y déjame todo a mí. — Han Shun sabia de sobra que él era el primero en todo con Felipe, una razón más para dejárselo y lucirlo, como una joya de su propiedad, aunque nunca le ofrecería otro lugar más que el de un acompañante, como muchos más que tenía, mientras que Felipe creía que Ming era gay al igual que él, la verdad era que Ming era bisexual.

— Realmente hermoso. — volvió a susurrar, admirando una vez más el cuerpo color crema de Felipe y como por momentos este enrojecía ante su hambrienta mirada.

Shun volvió a tomar sus labios, pero esta vez de manera dominante, lo deseaba, y lo tendría. Llevo sus manos a las piernas de Felipe y las elevo, dejando de esa forma su abertura expuesta, sus labios descendieron a los pequeños pezones del rubio y se dio a la tarea de lamerlos, mientras humectaba dos de sus dedos con lubricante, y sin perder más tiempo lo penetro, muy lentamente, primero con uno y luego sumo otro más, tomándose su tiempo para observar como el joven se retorcía bajo sus caricias, fue entonces cuando comenzó a girar sus dedos, dilatando aún más aquel estrecho lugar, hasta que al fin considero que era suficiente.

— Shun. — gimió fuerte el rubio y llevo sus manos al cuello delgado de su profesor, aferrándose a él.

— Tranquilo hermoso, solo disfruta. — respondió, pero al sentir la rigidez de su acompañante tomo el pene delgado y nada pequeño de Felipe y comenzó a masturbarlo, provocando que se agitara aún más, pero estaba vez de placer.

— Así hermoso, así. — le repitió en más de una ocasión mientras las estocadas se volvían más profundas y certeras encontrando el punto dulce del joven y provocando que gritara de placer.

— Shun… Dios…Si… ya casi. — dijo completamente rojo tanto de placer como de vergüenza, Felipe creía que era precoz, sin embargo, hacia varios minutos que Ming lo estaba penetrando y también estaba llegando a su punto máximo de placer.

— Si hermoso, así, recibe todo de mi… Libérate Felipe, hazlo conmigo.

Ming, apretó aún más el pene de Felipe, al mismo tiempo que se hundía al completo en él, provocado que el joven liberar su esperma en medio de ambos, y Ming se vaciara en su interior, definitivamente este hombre jamás se cansaría de Felipe, lo pensó y lo siguiente que dijo fue la sentencia del joven.

— Eres mío Felipe, solo mío hermoso.

Felipe no podía creer que al fin había tenido sexo, eso a lo que tanto le temía pero que también deseaba, Ming, se mostró muy considerado con él, y Felipe se comenzó a preguntar si esto era amor, no estaba seguro, no era como lo que les contaba Eros o Zafiro, sus hermanos mayores, no se parecía a lo que vio de pequeño con su prima Dulce y Tiago, aunque le gustaba estar con su profesor, pero en el mes que llevaban juntos ninguno de los dos había hecho referencia a estar en una relación, Ming lo había presentado a uno que otro amigo como Felipe, un conocido, nada más y él no tenía amigos aun en ese país, pero aunque los tuviera no iba a presentar a su profesor como novio, ya que Ming solo decía “Eres mío” como si eso explicara todo, a veces se sentía alagado y otras tantas se molestaba, pero ahora no era tiempo de pensar de más en cosas absurdas se dijo una y otras vez, ya tendría tiempo de charlar con “su profesor”, por ahora lo único que quería era terminar de ducharse y descansar… al lado de Ming, o mejor aún entre los brazos del primer hombre con el que había estado.

— Min…Shun. — se corrigió sobre la marcha y no porque recordara la charla con Ming, sino por la forma fría en que lo vio. — No sabía que tienes un tatuaje, es muy… grande. — dijo sorprendido al ver la espalda del hombre y el dragón rojo que la cubría al completo.

— Esto es una marca con una razón, tiene un porque para estar allí, no como las estupideces que tú tienes. — Felipe se sintió mal, más que eso, Ming ni siquiera le había preguntado por sus tatuajes, solo lo estaba juzgando, pero no se mostraría como un joven quejumbroso, él era Felipe Zabet- Ángel, claro que no se mostraría frágil, aunque en el fondo lo era.

— ¿Estupideces? Han Shun Ming, todo lo que toca mi piel se convierte en arte, tú mismo lo dijiste, soy hermoso, por lo que todo lo que me rodea también lo es, ¿qué te hace pensar que mis tatuajes serán la excepción?

— Felipe… — comenzó a protestar el mayor al verlo salir de la ducha y colocarse la bata de baño.

— Cierra la puerta al salir, y la próxima vez espera una invitación para venir, no me gustan las sorpresas.

Felipe estaba molesto y herido, era la primera vez que estaba con alguien a ese nivel de intimidad, no sabía que esperar o hacer, pero definitivamente recibir un regaño por sus tatuajes, en especial acompañado de la mirada desaprobatoria de Ming lo molesto demasiado, pero también le fue honesto, a Felipe no le gustaban las sorpresas, las odiaba, aun recordaba como sus hermanos regresaron sorpresivamente de la universidad, y como se casaron de la misma forma y aunque ese era un recuerdo feliz, muchas cosas malas pasaron luego, cosas que Felipe relacionaba a las sorpresas y era por eso que no le gustaban en ningún sentido.

Chapter 4

Ming no estaba dispuesto a tal comportamiento, estaba pensando seriamente en decirle a Felipe que tan importante era el apellido Ming en país X, mejor aún estaba dispuesto a decirle que él era el sucesor del drago rojo y por ello tenía ese tatuaje, por lo que lo mejor que podía hacer era complacerlo y tenerlo feliz, pero cuando se estaba terminando de vestir, recibió la llamada de uno de sus hombres, el clan lo necesitaba con urgencia, por lo que solo salió con la intención de advertirle que hablarían cuando regresara, pero solo le basto con verlo dormir como un buen niño, para que el enfado disminuyera.

— Eres demasiado hermoso como para castigarte, pero aun así no tientes tu suerte. — Felipe se removió un poco, pero no se despertó, aun con Ming hablando en su oído, el asiático dejo un beso en su frente y salió de la misma forma en la que entro, por la puerta principal con la llave que le había robado a Felipe.

Felipe dormía profundamente, pero no estaba tranquilo, escuchaba a alguien llamándolo, pero no comprendía lo que decía, solo sabía que era alguien que quería, y su corazón se aceleró con desespero, a tal punto que terminó por pegar un salto en su cama, y solo cuando abrió los ojos comprendió que había estado soñando, aunque no recordaba que, se levantó y camino por su departamento, estaba solo, Ming ni siquiera había dejado una nota, pero no era eso lo que lo molestaba, era otra cosa, algo que ni él comprendía. Tomo un vaso de agua y estaba a punto de volver a su cómoda cama cuando la puerta de su departamento fue abierta, arrancándole un grito de la impresión.

— Tranquilo Felipe, soy Conall Bach, nos vimos en el entierro de Dulce, no sé si me recuerdas. — Felipe no solo estaba aturdido por su visita y no era la única, tras el hombre de traje negro ingresaron seis hombres más, que estaban armados.

— No te recuerdo, a decir verdad, no le preste atención a nadie ese día. — respondió al tiempo que daba un paso hacia atrás, el hecho de que ese hombre nombrara el funeral de Dulce le removió las entrañas, era un niño cuando eso sucedió y, aun así, lo recordaba, pero solo el dolor, no los rostros de quienes fueron aquel día a rendir sus respetos.

— Lo comprendo, no te asustes, pero debes venir con nosotros ahora mismo. — dijo Conall, al ver como Felipe había retrocedido dos pasos.

— ¿Qué? No, ¿Por qué?

— Debes llamar a tu madre, ella te explicara, dime que necesitas empacar y mis hombres se encargaran, no podemos perder tiempo. — en la mente del joven solo una cosa se repetía… su sueño.

— Algo le sucedió a uno de mis hermanos. — dijo en un susurro, y tuvo que apoyar una de sus manos en la pared, para lograr mantenerse en pie.

— Lo siento, Lucero solo me dio la orden de venir por ti. Llama a tu hogar y dime que necesitas…

— Solo la documentación. — respondió tratando de recordar el número de su madre, era tantos los nervios que sentía que no pensaba con claridad, solo podía ver los rostros de sus hermanos pasar frente a él, mientras se preguntaba que sucedió, y a quien, ¿sería la loca de Ámbar? ¿acaso el temperamento de Stefano al fin lo había llevado a un problema ralamente grave? ¿o seria Mateo? A cuál de sus hermanaos le había sucedido algo.

— ¿Necesitas ayuda? — indago el hombre mayor y tuvo que obligarse a hablar.

— No… no recuerdo el número de mi madre. — Conall le regalo una sonrisa condescendiente, trato de recordar lo que era ser un joven con preocupaciones mínimas, pero no pudo, él había cargado con ser un Bach desde niño, hombres con nervios de acero y mujeres con mentes brillantes, eso eran los Bach.

— ¿No la tienes agendada como mamá? — pregunto lo obvio y Felipe quería golpearse, completamente rojo por su estupidez, tomo su teléfono y llamo a su hogar.

— ¿Ma? — dijo con voz temblorosa, podía escuchar los grito de Amir a lo lejos.

— Feli, hijo, gracias a Dios que estas bien, debes regresar, todos deben regresar. — dijo con apuro y desespero, Candy precisaba ver a sus niños, necesitaba comprobar por ella misma que estaban bien.

— ¿Qué sucede? — cuestiono porco dispuesto a moverse son saber quién de sus hermanos estaba en problemas.

— Solo regresa con Conall…

— ¡¿Qué es lo que pasa?! Yo soñé… — Felipe dejo de hablar al percatarse de la mirada intrigada de Conall lo último que quería era que lo tildaran de loco.

— ¿Qué Feli? Que soñaste hijo. — respiró derrotado, era su madre, la conocía, no se detendría.

— Soñé que me llamaba… Vicky. — dijo sorprendiéndose incluso él mismo, ya que cuando despertó no podía estar seguro de quien lo llamaba, pero ahora lo estaba.

— … — la línea quedo en silencio, y Conall lo veía sorprendido.

— Dios mío, ¿Qué le paso a Vicky? — el shock que le había causado Conall al abrir de repente su puerta e ingresar con todos esos hombres se había esfumado, en este momento Felipe solo podía pensar en Victoria, su hermana.

— Se la llevaron… Felipe, alguien secuestro a Victoria.

Felipe término con la llamada y comenzó a caminar hacia fuera, necesitaba regresar a Nueva York, tenía que saber que era lo que le había sucedido a su hermana, ¿cómo fue que alguien pudo ingresar en la mansión Zabet? Porque para Felipe alguien había ingresado en su mansión, su hermana era ciega y no le gustaba salir, pero a mitad de camino una mano grande lo detuvo, o quiso hacerlo, Felipe estaba tan preocupado por su hermana que solo reacciono a esa acción que pretendía detenerlo, el delgado joven tomo la mano de Conall y giro, doblándola de tal forma que estaba a punto de romperla.

— Tranquilo Felipe, soy yo. — Dijo con dolor y con su otra mano hizo una señal a sus hombres para que bajaran sus armas.

— Mierda, lo siento, yo estoy… estoy muy nervioso, quiero ir a mi casa, necesito ir con mi mamá. — no quería, no debería, pero Felipe sonaba como un niño asustado, quería regresar al refugio de su hogar, que sus padres le dijeran que todo era una broma, que al fin alguien le había hecho una broma a él.

— Lo comprendo Felipe, y nosotros te llevaremos, solo que no puedes ir en pijama, ponte, aunque sea un abrigo. — y solo entonces Felipe recordó que apenas unos minutos atrás estaba durmiendo.

Chapter 5

— No puedo creer que ese niño flacucho lo sometiera tan fácil jefe. — murmuro uno de los hombres cuando ya estaban de camino al aeropuerto, Felipe veía por la ventana, pero, aunque estaba ocupando toda sus pensamientos en Vicky, podía escuchar a los hombres susurrar.

— Ese niño, es Felipe Zabet, y es un Ángel, que su rostro de inocente no te engañe, de todos ellos la única que es débil es Victoria, es por eso por lo que la secuestraron. — la última frase de Conall lo molesto, más que eso, lo enfureció y Felipe pocas veces se enojaba a ese punto.

— Si crees que Vicky es la más débil de nosotros es porque no nos conoces en realidad, pero ya lo veras por ti mismo, todos la subestiman por ser ciega, pero ella podría ser mejor asesina que Hades, solo la detiene la dulzura de su corazón. — dijo al tiempo que sus ojos brillaban con cierta advertencia de que cuidara sus palabras.

— Lo mismo dijo Lucero, pero lo cierto es que la secuestraron y no opuso mayor resistencia. — rebatió Conall y no por contradecir a Felipe, sino tratando de comprender como fue que se la habían llevado tan fácil, lo que ambos desconocían era que Vicky se había dejado llevar por salvar a Rosita, su hermana adoptiva.

— Desde que éramos niños se nos instruyó para poder sobrevivir en caso de un secuestro, ya sabes, somos asquerosamente ricos, pero además somos sobrinos y primos de asesinos, a eso súmale que Zafiro esta con Neri el líder de la mafia rusa y Eros… con Lucero, debes saber mejor que nadie cuantas personas quieren llegar a un Bach. — Conall no podía rebatir aquel hecho. — A diferencia de ustedes, a nosotros nos gusta la libertad, estar rodeado de tanto custodios… no es una opción, no desde que nos traicionaron y por ello murió mi prima. — Conall comenzaba a comprender todo aquello que Lucero les había contado.

— Están entrenados para matar. — Felipe dejo salir una sonrisa triste, que acompaño de un suspiro antes de responder.

— Tenemos sangre de asesinos, lo llevamos en nuestras venas, pero solo llegado el caso sabremos si todos somos capaces de matar, por ahora, solo mis padres, mis tíos, Hades, Eros y Zafiro se han atrevido a hacerlo.

— ¿Crees que Victoria lo hará? ¿crees que pueda escapar?

— Creo que ella hará todo lo que este en sus manos para regresar a nosotros, cueste lo que le cueste, somos su familia.

Felipe no se equivocaba, Victoria haría cualquier cosa para regresar aun a costa de su propio corazón, solo le llevo un par de semanas regresar con su familia, pero muchas cosas pasaron en ese tiempo, en especial a Felipe.

Ming solo lo llamo una vez, para exigirle saber dónde estaba, a lo que Felipe le informo que su hermana había sido secuestrada, y que regresaría solo cuando ella regresara a casa, luego de eso Ming no se comunicó más con él y Felipe no tenía tiempo ni ganas para saber de él, por suerte Vicky había regresado y ahora les insistía que regresaran cada uno a su vida habitual, es decir que regresaran a sus universidades y hogares, ya que incluso Zafiro y Eros estaban allí, pero Felipe ya no estaba tan convencido de regresar, ni siquiera por Ming, fue por eso que busco un tiempo a solas, fue a la casa del árbol, aquel lugar era el favorito en toda la mansión, aun con sus 19 años recién cumplidos. En ese pequeño lugar, comenzó a pensar que debía hacer, no solo con sus estudios, también con su vida en general, ¿le gusta Ming? Claro que le gustaba, ¿lo amaba? No lo creía, no estaba muy convencido de que era el amor, solo podía verlo en los ojos de sus padres, o en los de sus hermanos, como veían a sus esposas o esposo, recordó como ayudo a Tiago a convencer a Dulce a que fuera su esposa, ese moreno estaba muy enamorado de su prima.

— Detente Princesa, ya es suficiente de culparte por todo. — la voz de su cuñado lo llevo a levantarse y observar por la pequeña ventana, la princesa, como solo el ruso llamaba a Lucero se veía abatida, Felipe conocía la historia de ese par, sabía que Neri y Lucero fueron amigos aun antes de que Zafiro y Eros entraran en sus vidas, ellos tenían una conexión única, como la que tenían con Tiago y Dulce, ellos cuatro fueron los mejores amigos.

— Pero esta vez también es mi culpa, ¿lo puedes comprender Neri? Por mi culpa secuestraron a Vicky, ¿Qué hubiera sucedido si la mataban como paso con Dulce?

— Lo de Dulce no fue tu culpa…

— Lo fue, murió por que fui una inepta, tomé el lugar de cabeza de los Bach ¿y para qué?

— Para vengar a Zafiro, gracias a ti matamos a esos hijos de puta.

— Debía vigilar a los padres de esos tres y no lo hice, debía cuidar a Tiago y no lo hice y ahora no están y yo estoy criando a su hijo y ¡el día que Horus sepa la verdad va a odiarme!

— Si quieres culpar a alguien, cúlpame a mí, sabía que Zafiro quería dame celos y solo la deje, ¿quieres otro culpable? Tu esposo.

— Neri…

— No, que tú lo perdones no quiere decir que yo lo haga, lo respeto, de acuerdo, es mi cuñado y tu esposo, pero yo no puedo perdonar que te violara.

— No lo hizo.

— Abuso de ti, él sabía que estaban drogados y aun así… — Neizan dejo de hablar al ver como Rosita estaba discutiendo una vez más con Zafiro y luego de hacerle una mueca a Lucero se alejó, Felipe no comprendía nada de todo aquello, pero no se quedaría con la duda.

— Lu. — dijo el joven y la princesa del imperio Bach, al fin lo descubrió, no puedo evitar reír al verlo asomado en la pequeña ventana y como si ella también fuera una niña subió a esa pequeña casa del árbol que en un tiempo había albergado a cinco niños de cabello dorado.

Las horas pasaron y Lucero contesto todas y cada una de las dudas de Felipe, quien descubrió toda la verdad de su familia, como Eros había abusado de Lucero, como tres hombres habían violado a Zafiro y al fin supo la verdad, el bebé que Zafiro había abortado no era de Neri como siempre creyeron, sino que era producto de esa violación, el joven se sentía mal, durante 7 años le había jugado bromas pesadas a Neizan, creyendo que él era el responsable del aborto de su hermana, ahora comprendía que el ruso prefirió aquella mentira para que ellos, que eran unos niños nunca supieran lo que le había sucedido a su hermana, ese día Lucero Bach y Felipe se hicieron amigos, pero su conversación también le sirvió al rubio para saber un poco más de lo que era el amor.

Amor prohibido

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